LOGINZephyrElowen azotó el vaso contra la mesa de noche, con la cara contorsionada por el shock puro. Pero como estaba tan híper obsesionada con el espectáculo ridículo de verme parado en su cuarto, ni se molestó en fijarse si el vaso quedaba firme.La pesada base de cristal tambaleó peligrosamente, se ladeó y soltó una mini ola de agua fría que cayó justo por el borde, empapando una sección enorme de su edredón y su colchón blanco e impecable.Miré la mancha oscura que se iba expandiendo y luego le regresé la mirada despacio, levantando una ceja con un suspiro largo y deliberado.—Mira nada más lo que hiciste —murmuré, señalando la cama con pereza.Elowen ni volteó a ver el desastre. Me volvió a clavar los ojos, y la mirada que me lanzó fue tan afilada y cegadora que habría podido derretir acero.Me quedé ahí parado con los brazos descubiertos cruzados sobre el pecho, genuinamente divertido por la intensidad pura de la rabia que le quemaba el cuerpecito. Parecía una gatita furiosa vestid
Zephyr—Pudiste haberme entregado la bolsa y ya —dijo en voz baja, con un tono firme y constante, aunque desviando la mirada de la mía—. No tenías por qué añadir el insulto.Otro nudo extraño e incómodo se me apretó en las entrañas al oír su tono, pero no le pedí disculpas. No dije ni una sola palabra. Simplemente le di la espalda, pasé de largo la sala y me fui directo a su habitación.—¡Zephyr! —me gritó furiosa desde atrás—. ¡Ni se te ocurra tocar ninguno de mis champús con aroma! ¡No usés mi acondicionador caro! ¡Y aléjate del demonio de mi jabón líquido para el cuerpo!La ignoré, cerrando la puerta de su cuarto tras de mí con un suave chasquido.En cuanto la puerta se cerró, el caos del departamento se desvaneció, reemplazado por el refugio silencioso de su habitación. Me quedé inmóvil un momento, respirando hondo.Su cuarto olía increíble. No olía a los productos de limpieza penetrantes y estériles del resto del departamento, ni tampoco al olor pesado y metálico de mi equipo de
ZephyrNo dije ni una puta palabra.Solo me di la vuelta sobre mis talones y empecé a caminar directo hacia la puerta de la habitación de Elowen, al final del pasillo.Tenía la mandíbula apretada con tanta fuerza que pensé que los dientes se me van a romper, y mi decisión estaba tomadísima. Estaba fuera de mi cuarto sin llaves, estaba cubierto de sudor y grasa de la casa de hockey, y no me iba a quedar a dormir en el maldito sofá como un golden retriever castigado.—¡Oye! ¡Detente ahí mismo! ¡Zephyr!Unos pasos descalzos y presas del pánico rebotaron con furia contra la madera pulida a mis espaldas. Ni siquiera tuve que girarme para saber que venía corriendo a toda prisa. El rápido *tap-tap-tap* venía acompañado por la visión innegable de ella en mi periferia: corriendo a toda velocidad en ese ridículo y diminuto bikini verde de tiras.Con cada zancada frenética que daba, sus pechos rebotaban violentamente contra la fina tela.La mandíbula me dio un tirón. Apreté los ojos durante medi
ZephyrMierda. No me canso de ella.El sabor que tenía hizo pedazos por completo lo poco que me quedaba de cordura. Lo único que quería hacer en este preciso instante era agarrarle esos pechos perfectos, pegar mi boca a ellos y mamar hasta sacarle la vida mientras estampaba su cuerpo directamente contra la pared de la cocina.La levanté sin el menor esfuerzo, estrellando su espalda contra el yeso frío, y sus piernas se enredaron automáticamente alrededor de mi cintura mientras nuestras lenguas chocaban en un ritmo apasionado y completamente desquiciado.Bajé la mano, y con los dedos le rasgué el endeble top de bikini verde, arrancándoselo del cuerpo y dejando sus pechos desnudos expuestos al aire tibio de la cocina. Incliné la cabeza, atrapando un pezón tenso y duro entre mis labios, succionándolo profundamente mientras ella soltaba un gemido ruidoso y entrecortado—ZAPATAZO.Un dolor agudo y punzante me explotó en la mejilla izquierda; la fuerza brutal del impacto me giró la cabeza d
ZephyrApagué el motor, pero no me bajé del auto de inmediato. Me quedé sentado ahí en el oscuro camino de entrada, con las manos agarrando el volante hasta que los nudillos se me pusieron blancos.Desde afuera del complejo de apartamentos, podía ver la luz de la ventana de la sala de nuestro departamento derramándose brillantemente en la noche fresca.Incluso a través del cristal del parabrisas, podía oír una línea de bajo amortiguada y pesada que pulsaba en el aire.Ella todavía está despierta, me sorprendió de verdad.Una oleada súbita y aguda de alivio me golpeó el pecho, tan pesada que casi me mareó. No lo admitiría en voz alta ni aunque alguien me apuntara con una pistola en la cabeza, pero joder, me alegré de que estuviera adentro.Fruncí el ceño, escuchando el ritmo atronador que resonaba desde el piso de arriba.¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Estaba organizando su propia fiesta privada mientras yo no estaba?—Gatita salvaje —murmuré entre dientes, con una leve sonrisa torcida
Elowen «Ahh», no pude evitar soltar un largo y aliviado suspiro. El puro y dichoso silencio que me recibió en cuanto entré al apartamento no era menos que una experiencia religiosa. Me quedé de pie en la entrada durante un largo momento, con el bolso resbalándose de mi hombro mientras contenía la respiración, escuchando atentamente en busca de las señales habituales de destrucción. Ni gemidos de chicas desesperadas. Ni esa voz profunda e irritante soltándome algún comentario sarcástico desde la isla de la cocina. Zephyr no estaba aquí. Un enorme e incontenible suspiro de puro alivio escapó de mis labios. Gracias a Dios. Después de la montaña rusa emocional que había sido mi turno en Slice & Dice Pizza —soportar la agonizante frialdad de Cedric y luego tener que escuchar a un montón de clones de campus de plástico debatir sobre mi situación económica mientras trataban a mi hermanastro como si fuera un dios—, lo último que necesitaba mi cordura hecha jirones era llegar a casa y