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Familia Feliz 2/4

Author: Luna
last update publish date: 2026-09-29 21:52:13

Ana

​El pecho me subía y bajaba en ráfagas cortas y desesperadas, tratando de recuperar el aire mientras el sudor se enfriaba sobre mi piel. Aún estábamos tendidos sobre las sábanas revueltas con Liam, con la mente nublada por lo que acabábamos de hacer, cuando un sonido seco en la puerta nos devolvió de golpe a la realidad.

​El pestillo giró con lentitud.

​Un escalofrío de puro terror me recorrió la espina dorsal. Pensé inmediatamente en mis padres; el pánico me apretó el estómago, haciéndome creer que todo estaba perdido. Sin embargo, al abrirse la puerta no aparecieron rostros furiosos, sino la figura de Camilo, el mejor amigo de Liam, quien se detuvo en el umbral con los ojos muy abiertos y una expresión de total incredulidad al vernos.

​—Mierda... —murmuró Liam en un susurro áspero, apartándose de mí de inmediato.

​Yo me puse de pie de un salto, con el corazón latiéndome en la garganta. Agarré una camiseta oversized de Liam que colgaba de la silla, me la puse a toda prisa para cubrir mi desnudez y salí corriendo de la habitación a zancadas, con la respiración desbocada y los oídos zumbándome.

​Me metí a mi recámara, cerrando la puerta con fuerza, aunque sin echar el seguro por el temblor incontrolable de mis manos. Caminé de prisa hacia mi baño y me encerré. Cuando me miré las piernas, un hilo de sangre fresca se deslizaba por mi muslo, recordándome de la forma más cruda lo que acababa de pasar: le había entregado mi virginidad a mi hermanastro.

La culpa, la adrenalina y una extraña fiebre se mezclaban en mi interior mientras abría la llave de la ducha.

​Dejé que el agua tibia recorriera cada rincón de mi cuerpo en una ducha larga y densa, lavando el sudor, el rastro de la sangre y el peso abrumador de mi propio reflejo. Me limpié con sumo cuidado, intentando calmar los latidos desbocados de mi pecho. Cuando terminé, apagué la llave, me secué y salí del baño con una toalla enrollada alrededor del cuerpo.

​Pero al abrir la puerta para entrar a mi habitación, me detuve en seco. Los dos estaban ahí, esperándome.

​Liam y Camilo se encontraban dentro de mi cuarto, completamente desnudos. Al ver a Camilo de pie frente a mí, el aire se me atragantó en los pulmones. Era completamente diferente a Liam: alto, de una complexión sumamente musculosa, con el torso y los brazos cubiertos de tatuajes oscuros que se marcaban con cada movimiento. Y lo que nadie sabía, lo que guardaba como un secreto prohibido en el fondo del alma, era que yo había estado enamorada de Camilo en silencio desde hacía muchísimo tiempo.

​—¿Qué... qué hacen aquí? ¡Están locos, lárguense de mi habitación! —les grité con la voz temblorosa, apretando la toalla contra mi pecho mientras retrocedía hasta chocar contra la pared.

​Camilo dio un paso al frente con una sonrisa lenta y magnética. Su mirada oscura me recorrió de arriba abajo con una intensidad que me hizo temblor las rodillas. Se acercó despacio hasta quedar a pocos centímetros de mí, y con una voz ronca y calmada me prometió

​—Tranquila, pequeña... te prometo hacerte disfrutar como nunca. Va a ser una experiencia completamente nueva para ti.

​El pánico seguía ahí, agazapado en mi garganta, pero una corriente eléctrica y febril recorrió mis caderas. Estaba aterrada, sí, pero también sabía muy bien que esta era la oportunidad con la que había soñado en secreto durante años.

​Para mi absoluta sorpresa, Camilo se arrodilló lentamente frente a mí. Con un movimiento ágil, deslizó la toalla que me cubría, dejándome completamente desnuda y expuesta ante su mirada. Se inclinó y, antes de que pudiera protestar, su lengua trazó un camino caliente directo a mi clítoris. Un grito ahogado se rompió en mis labios; con una delicadeza experta, levantó una de mis piernas y la colocó apoyada sobre su hombro, dejándome de pie, apoyada contra la pared, mientras él continuaba lamiéndome sin piedad. Gimoteaba arqueándome suavemente, perdiendo el control mientras el placer me quemaba por dentro.

​Unos segundos después, Camilo se puso de pie, me cargó en vilo por la cintura y me devoró la boca en un beso hambriento y apasionado. Me llevó hasta la cama y me dejó caer, colocándome de rodillas y en cuatro patas sobre las sábanas.

​Sin perder un solo segundo, Camilo volvió a bajar su rostro hacia mi sexo. Comenzó a lamer mi clítoris con una urgencia salvaje, y esta vez, para colmo de mi éxtasis, deslizó su lengua húmeda recorriendo también la entrada de mi ano. Un alarido agudo y desesperado escapó de mi garganta; mi cuerpo se estremeció entero ante esa sensación tan sucia y deliciosa.

​En ese preciso instante, Liam se posicionó justo frente a mí, de pie al borde de la cama. Tomó su miembro erecto, grueso y palpitante, y me lo ofreció directo a los labios.

​—Vamos, hazlo —ordenó con voz grave.

​Abrí la boca y lo metí por primera vez, sintiendo el calor intenso de su carne llenándome la garganta. Intenté hacer mi mejor trabajo: lo lamí, lo chupé, pasé la punta de la lengua por la cabeza mientras Camilo seguía devorando mi vulva y estimulando mi clítoris abajo. La combinación de tener la boca llena de mi hermanastro y sentir la lengua de Camilo destrozándome por dentro me hizo temblar de pies a cabeza.

​De repente, Camilo se alejó de mi sexo. Sentí un azote seco, fuerte y sonoro en una de mis nalgas que me hizo chillar de la sorpresa; luego otro, y otro más, dejando mi piel encendida. Inmediatamente después, sentí una embestida muy fuerte de su parte. Grité con la voz rota, pero en el mismo instante, Liam empujó su miembro un poco más hondo en mi garganta.

Sentí que me ahogaba, que el aire me faltaba por completo, hasta que Liam soltó una carcajada ronca y sacó su verga de mi boca, dejándome jadear con hilos de saliva colgando de los labios.

​Camilo comenzó a embestirme una y otra vez, a un ritmo implacable y salvaje. Su pene se sentía mucho más grande, mucho más grueso y pesado que el de Liam, llenándome por completo con cada golpe de cadera. Yo no podía evitar aferrarme con desesperación a las sábanas de la cama mientras él me ensartaba sin piedad.

​Camilo volvió a azotar mi nalga con la mano abierta, arrancándome un chillido de placer, mientras con los dedos de su otra mano continuaba frotando y estimulando mi clítoris hiper sensible.

​Todo se detuvo por un segundo. El silencio cayó pesado en la habitación, solo interrumpido por nuestras respiraciones rotas.

​Camilo me levantó de la cama. Me colocó justo encima del cuerpo de Liam, que ya estaba tumbado bocarriba en el colchón. Camilo se inclinó y me susurró al oído con una voz que me heló la sangre de excitación

​—Así como Liam te desvirgó... ahora es mi turno, pequeña.

​Yo no entendía exactamente a qué se refería con eso, pero antes de que pudiera procesarlo, Liam me penetró por la vagina desde abajo con una estocada profunda, haciéndome arquear sobre su torso. Y casi al mismo tiempo, sentí cómo Camilo se posicionaba pesadamente en la parte trasera de mi cuerpo.

​—No... por favor, no estoy preparada para esto, me va a doler... —susurré con los ojos llorosos, aterrorizada.

​—Claro que lo estás, confía en mí —me aseguró

Camilo con voz ronca en la oreja.

​Camilo me dio un último azote suave en la cadera y comenzó a presionar la cabeza de su miembro contra mi entrada trasera. Para mi absoluta sorpresa, a medida que su calor me rozaba y con la ayuda de la lubricación, mi trasero se fue abriendo y relajando para él, cediendo ante su tamaño.

​Solté gritos de placer puro cuando sentí cómo su grosor comenzó a deslizarse hacia mi interior. Camilo me dio otro azote en la nalga y me siseó al oído​—¿Te gusta sentirme por completo?

​—¡Sí, Dios... sí! —balbuceé al borde del delirio.

​Y entonces, ambos comenzaron a moverse al unísono.

​Liam me embestía desde abajo por la vagina mientras Camilo me llenaba por detrás, una y otra vez, compás tras compás, en un ritmo desatado y brutal. Sentía que me desmayaba ante el mar de placer tan intenso que me recorría las entrañas; lloriqueaba de la emoción y del éxtasis, sintiendo dos miembros imponentes, gigantescos, trabajando dentro de mí al mismo tiempo. Me seguían embistiendo sin descanso, golpeando mis paredes con una fuerza animal, hasta que el abismo nos envolvió a los tres y colisionamos juntos en un clímax devastador

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