El calor de su semen todavía quemaba en el fondo de mi vientre, y mis piernas apenas dejaban de temblar, pero Gabriel no tenía la menor intención de darme tregua. Con una mano firme envuelta con violencia en mi cabello, tiró de mí hacia abajo sin piedad, obligándome a arrodillarme sobre la mullida alfombra del despacho mientras la tormenta rugía afuera.—Abajo, putita —ordenó con una voz ronca, autoritaria y sucia que me sacudió los sentidos, mientras se apartaba el pantalón para liberar su miembro que, lejos de calmarse, volvía a latir con una dureza intimidante, goteando preespero espeso por la cabeza.No me atreví a dudar ni un segundo. Mis rodillas golpearon el suelo con fuerza y, con las manos apoyadas en sus muslos para mantener el equilibrio, alcé la vista hacia él. Su mirada era completamente oscura, cargada de un dominio absoluto que me hacía sentir suya, una zorra a su entera disposición.—Cógemela con la boca como la puta sucia que eres. Quiero que me la chupes hasta el
Dernière mise à jour : 2026-09-25 Read More