Home / Fantasía / Renacimiento de SAINET / Capítulo 2: El eco del silencio

Share

Capítulo 2: El eco del silencio

Author: Betty06
last update publish date: 2026-09-14 02:32:55

El pasillo de acceso al Gran Auditorio olía a ozono, cera de pulir y al nerviosismo acumulado de más de un centenar de reclutas. Las paredes de cristal reflectante devolvían la imagen de las filas ordenadas de uniformes grises, pero la solemnidad del momento no bastaba para acallar los murmullos que corrían como pólvora a lo largo de la columna.

—Aún no puedo creerlo, Corine —susurró Kenia, acomodándose los galones dorados que aún no tenía derecho a llevar en los hombros—. Toda la cubierta táctica está hablando de lo de ayer. Tres segundos más en ese simulador y habrías tenido al Comandante Miller besando el suelo sintético.

Sonreí de lado, ajustándome los guantes de gala para ocultar el leve temblor de mis manos.

—Fueron dos segundos, Kenia. Y al final terminó aplastándome contra la barandilla.

—Da igual —insistió ella, rodando los ojos con un gesto dramatizado—. Nadie ha estado tan cerca de hacerle perder esa compostura de estatua de mármol. Dios santo, ¿has visto la forma en que te miraba cuando se levantó? Es guapísimo, hay que reconocerlo. Lástima que sea un témpano aristócrata e inalcanzable que probablemente desayune órdenes de arresto y aristocracia en conserva.

—Es un tirano con uniforme de gala —corregí en voz baja, mirando hacia las imponentes puertas de roble y acero que daban entrada al recinto—. Un arrogante que cree que el resto de la Flota existe solo para servir a su apellido.

—Pero qué tirano tan bien esculpido —murmuró Kenia con una risita, justo antes de que el ritmo de unos pasos apresurados interrumpiera nuestra conversación.

Cassian apareció entre la multitud, abriéndose paso a zancadas torpes. Llevaba la túnica ligeramente torcida y varios mechones de su cabello castaño caían sobre sus ojos, desluciendo la pulcritud que exigía el protocolo. Al verme, su rostro se iluminó con esa sonrisa cálida que siempre lograba disipar mi tensión.

—Llegas tarde —le dije en un murmullo cariñoso cuando se detuvo frente a mí, respirando con cierta agitación.

—El conector de la cubierta tres tuvo un fallo de presión —se justificó él, alzando las manos en gesto de disculpa—. Me quedé atrapado en el ascensor. No me habría perdonado perderme esto por nada de este universo.

Me acerqué un paso, acortando la distancia entre los dos. Con gesto pausado, alcancé el cuello de su uniforme y alineé el broche de plata que sujetaba la tela. Luego, pasé mis dedos por su frente para acomodarle el cabello rebelde.

—No podías presentarte así ante la junta directiva —dije con una leve sonrisa—. Vas a ser el oficial al mando de mi escuadra, Cassian. Tienes que parecerlo.

Él sostuvo mi mirada por un segundo. Había algo extraño en la profundidad de sus ojos, un destello fugaz que no supe descifrar, pero que desapareció tan pronto como rozó mi mejilla con el dorso de su mano.

—Tú eres la que hace que todo esto valga la pena, Corine —murmuró.

Me incliné levemente y le di un beso casto en los labios, un toque rápido, suave y lleno de la confianza que habíamos construido tras años de entrenar y combatir juntos. Éramos un equipo. Éramos el futuro de la Flota.

—Abran paso a la promoción saliente —resonó la voz metálica del guardia en la entrada.

Las puertas pesadas se abrieron de par en par, dejando salir el eco del órgano ceremonial y el murmullo contenido de cientos de dignatarios, altos mandos y familias aristocráticas sentadas en las gradas superior e inferior.

—Nos vemos dentro —me susurró Cassian antes de tomar su lugar más adelante en la fila masculina.

Avanzamos en orden riguroso, marcando el paso militar sobre la alfombra roja que dividía el pasillo central del auditorio. Ocupé mi puesto en la primera fila de la izquierda, reservada para los cadetes con las calificaciones más altas. A unos metros de distancia, en la plataforma elevada donde se erigía el presidio, la junta directiva aguardaba en postura marcial.

En el centro del escenario, imponente y distante como una montaña de hielo, estaba el Comandante Adrian Miller. Su uniforme militar de alto rango, impecable y repleto de insignias de la casa Miller, contrastaba con su postura rígida. Tenía la mirada fija en el horizonte, como si la multitud presente no fuera más que un detalle insignificante en su mapa táctico.

A un lado de la plataforma, alcancé a ver a Noah. Estaba de pie cerca del perímetro militar de oficiales veteranos, hablando en voz baja con el propio Miller. Vi a Noah hacer un gesto enfático con la mano, casi como una súplica o una advertencia, pero el comandante apenas asintió con una frialdad absoluta antes de dar un paso al frente hacia el estrado.

Un oficial de protocolo desplegó la pantalla holográfica y comenzó la lectura oficial.

—Se da inicio a la ceremonia de Imposición de Cargos de la Sexagésima Promoción de la Flota de Recuperación de Reliquias.

El silencio cayó sobre el auditorio como un manto pesado.

—Cadete Kenia Vance. Asignada a la División de Análisis Arqueológico y Logística Terrestre.

Kenia subió los escalones con la cabeza en alto. Miller permaneció inmóvil mientras un vicealmirante le prendía la insignia dorada en el pecho. Kenia saludó con rigor militar y descendió.

—Cadete Cassian Vance. Asignado a la Escuadra Táctica de Exploración Primaria como Segundo Oficial.

El corazón me dio un vuelco de orgullo. Miré a Cassian mientras caminaba hacia el centro. Él mantuvo la vista al frente, recibió su medalla, ejecutó el saludo militar perfecto y regresó a su posición. Cuando pasó a mi lado, me dedicó una mirada rápida que interpreté como un "es tu turno".

Los nombres siguieron resonando por los altavoces, uno tras otro.

—Cadete Marcus Cole... —Cadete Elena Rostova... —Cadete Liam Thorne...

Uno a uno, los miembros de mi promoción subieron, recibieron sus cargos y ocuparon su lugar entre la tropa oficial. La primera fila comenzó a vaciarse. Luego la segunda.

El sudor frío comenzó a bajar por mi nuca. Revisé mentalmente la lista oficial. Por rendimiento, mi nombre debería haber estado entre los primeros tres. Pero la lectura continuaba, saltando de una división a otra sin mencionar el apellido que no tenía.

A mi lado, los asientos se iban quedando vacíos. Los cadetes a los que le había enseñado a calibrar fusiles de plasma, aquellos a los que había superado en cada prueba de vuelo y combate cuerpo a cuerpo, ya tenían sus medallas refulgiendo en el pecho.

—... Y con esto concluye la nómina de oficiales asignados a la promoción actual —anunció el oficial de protocolo, cerrando la pantalla holográfica con un movimiento seco de muñeca.

Un murmullo confundido comenzó a extenderse por las gradas superiores. Busqué con la mirada a Noah entre la multitud; su rostro estaba pálido, tenso, con la mandíbula apretada como si acabara de recibir un impacto directo.

Me quedé inmóvil en el centro del pasillo, la única cadete que permanecía de pie sin una insignia en la túnica de gala.

En el estrado, el Comandante Adrian Miller dio un paso al frente. Sus ojos oscuros, fríos e impenetrables como el espacio profundo, se posaron directamente sobre mí. No había burla en su rostro, ni arrogancia visible; solo una distancia insondable que me atravesó el pecho con la fuerza de una estocada.

Mi nombre no había sido dicho. La ceremonia había terminado, y yo ni siquiera existía para la Flota.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 20: El filo en la penumbra

    El aire helado de la noche no fue suficiente para despejarme la mente. Incapaz de conciliar el sueño, abrí el ventanal de la habitación y salí al balcón. La brisa nocturna de la colina traía un olor fresco a hierba húmeda y tierra que me llenó los pulmones, pero la inquietud me seguía carcomiendo el pecho. Necesitaba moverme. Decidí bajar la escalinata de piedra hacia los jardines traseros de la mansión, caminando en silencio entre las sombras de los árboles y los senderos de gravilla.Avancé hasta alcanzar un patio interior rodeado por columnas de mármol. Justo cuando iba a cruzar la última arcada, me detuve en seco y retrocedí de un salto, pegando la espalda a la piedra fría.Allí estaba él.Adrian se encontraba en el centro del patio, bañado por la luz plateada de la luna. Entrenaba en calzoncillos, sin más ropa sobre su piel. Sostenía una katana real, una espada de filo curvo y acero pulido que cortaba el aire nocturno con un silbido limpio y preciso.Me quedé paralizada, incapaz

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 19: El eco del entrenamiento

    El transporte blindado avanzó en silencio durante casi una hora, dejando atrás los rascacielos impolutos de la megalópolis blanca para adentrarse en las colinas que custodiaban las afueras de la ciudad. El paisaje urbano dio paso a campos verdes y bosques tupidos hasta que los neumáticos rugieron sobre el adoquín de un camino privado.Nos detuvimos frente a una mansión imponente de arquitectura vanguardista, de muros blancos, ventanales de suelo a techo y líneas sobrias que destilaban un lujo refinado y antiguo.Al detenerse el vehículo, un hombre mayor, vestido con un traje impecable y de postura perfectamente erguida, se acercó a abrir la portezuela. Su rostro maduro se iluminó con una calidez genuina al ver a Miller.—Bienvenido a casa, señor Adrian —dijo el mayordomo con un tono de profunda familiaridad, inclinando levemente la cabeza—. Todo está preparado como lo solicitó.—Gracias, Thomas —respondió Adrian, bajando del transporte y haciendo un gesto para que Noah y yo lo siguiér

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 18: El brillo del oro

    El descenso a través de la atmósfera terrestre comenzó con una sacudida brutal que hizo crujir la estructura del módulo. La cápsula tembló violentamente cuando la fricción contra las capas de gas convirtió el cristal exterior en un infierno de fuego anaranjado y chispas incandescentes. Apreté las manos con fuerza contra mis rodillas, sintiendo cómo la presión gravitacional intentaba aplastarme los pulmones contra el asiento. A mi lado, Adrian mantenía la mirada fija en los indicadores táctiles, sereno como una estatua de piedra en medio del caos.Sin embargo, de un segundo a otro, el rugido ensordecedor de los propulsores comenzó a desvanecerse.Un frío denso y helado me recorrió la nuca, paralizándome los músculos. El aire dentro de mi pecho se volvió espeso, casi insoportable, y antes de que pudiera aferrarme con los dedos a las correas del asiento, la realidad se desdibujó por completo. La conciencia se me escapó como agua entre las manos.La negrura no duró más que un pestañeo, pe

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 17: La frontera de cristal

    Adrian colocó la carga de implosión térmica en la consola central del puente Cirsus antes de que el humo de la cabeza decapitada del comandante terminara de disiparse. Volvimos al caza corriendo, la adrenalina latiéndome en las sienes mientras el temporizador digital marcaba la cuenta regresiva en el panel del casco. La cubierta de cuarzo se selló, los propulsores de plasma rugieron a máxima potencia y nos desacoplamos del navío enemigo justo a tiempo.A través del visor posterior, vi cómo la nave Cirsus se contraía sobre sí misma en un destello púrpura para luego colapsar en una bola de fuego silenciosa que se extinguió en la negrura del espacio.Una hora más tarde, el transporte de Noah se acoplaba de nuevo a la nave principal y retomábamos el curso hacia el perímetro terrestre.La Estación Aduanera de la Tierra no se parecía en nada a la austeridad militar de La Rosa de los Vientos. Era la frontera intergaláctica, un coloso circular de anillos giratorios, cristal templado y luces d

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 16: Sangre y acero en el abismo

    El caza se lanzó al vacío como un proyectil de sombra. La inercia me aplastó contra el respaldo del asiento mientras Adrian ejecutaba una maniobra de tirabuzón imposible, esquivando por un margen de centímetros las ráfagas de plasma verde que la nave Cirsus descargaba contra nosotros. La vibración del casco retumbaba en mis dientes, pero mi atención estaba fija en los paneles tácticos.—¡Sistemas de fijación acoplados! —grité por el intercomunicador, ignorando las luces de advertencia que parpadeaban en rojo—. ¡Apunta al reactor secundario del flanco izquierdo, Miller!Adrian no respondió con palabras; solo apretó el gatillo. Dos haces de energía concentrada perforaron el escudo térmico del navío enemigo, paralizando sus motores de maniobra en medio de una explosión silenciosa. En lugar de alejarse, Adrian aceleró al máximo, encandilando los retropropulsores para clavar el espolón blindado de nuestro caza directamente contra el escotillón de abordaje Cirsus.El impacto nos sacudió las

  • Renacimiento de SAINET   Capítulo 15: La danza de las sombras

    De pronto, un zumbido agudo y penetrante cortó el aire del comedor. La iluminación cálida de la nave se apagó de golpe, reemplazada por el parpadeo rojo de la luz de emergencia táctica, mientras una voz sintética resonaba sobre nuestras cabezas con una cadencia fría:—Alerta de proximidad. Firma energética no identificada emergiendo de la sombra orbital. Patrón de aproximación de interceptación directa. Identificación de casco: Cirsus.Noah se puso de pie de un salto, desenvainando el arma reglamentaria que llevaba al cinto con un reflejo automático de veterano. Miller, en cambio, ni siquiera se alteró; se puso de pie con una calma calculada y ejecutó una secuencia en el panel táctil de la pared.—Nos han rastreado —murmuró Adrian, con la vista fija en las lecturas holográficas que flotaban en el centro del salón—. Ya estamos en la periferia del sistema solar, a pocos minutos de entrar en la atmósfera terrestre. No podemos arriesgar el casco de este transporte; si nos interceptan aquí

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status