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Capítulo 8

Autor: Ciprés
Apreté aquel informe entre los dedos hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

No sabía qué se suponía que debía sentir. No era tristeza. Tampoco alivio.

Solo sentía que el destino había sido cruel y parecía empeñado en burlarse de nosotros.

Nos mantuvo atrapados durante dos vidas. Nos hizo vivir cada malentendido hasta el extremo y nos arrastró al fondo del dolor.

Y al final, nos dio un final tan abrupto y cruel.

—Señor Contreras.

Héctor sacó una caja de terciopelo de su portafolio.

—Esto
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Último capítulo

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 9

    Tres años después.Mi exposición individual se inauguró en una galería reconocida de la ciudad.La exposición llevaba por título "Vida Nueva".En los cuadros había campos de lavanda, girasoles, el mar y calles bañadas por una luz cálida.Cada pintura parecía llena de vida.Lo único que no había eran personas. En mis cuadros nunca pintaba gente.Durante esos tres años recorrí muchos lugares y fui plasmando con mis pinceles cada paisaje hermoso que encontraba.Ya no era aquel Esteban que vivía atrapado en el odio y el dolor. Solo era un pintor sencillo que amaba la vida.Antes creía que el amor era obsesión, esa terquedad enfermiza de atarse a alguien aunque ambos se hicieran daño.Después entendí que el amor verdadero también podía ser soltar, también podía ser dejar ir.Valeria, en nuestra primera vida, me enseñó qué era el odio. Y en la segunda, me enseñó qué era la liberación. Tal vez su última elección fue el mejor final que pudo darme.A veces, en las calles de otro país, me quedab

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 8

    Apreté aquel informe entre los dedos hasta que los nudillos se me pusieron blancos.No sabía qué se suponía que debía sentir. No era tristeza. Tampoco alivio.Solo sentía que el destino había sido cruel y parecía empeñado en burlarse de nosotros.Nos mantuvo atrapados durante dos vidas. Nos hizo vivir cada malentendido hasta el extremo y nos arrastró al fondo del dolor.Y al final, nos dio un final tan abrupto y cruel.—Señor Contreras.Héctor sacó una caja de terciopelo de su portafolio.—Esto se lo dejó la señorita Guzmán. Dijo que, si no lograba volver, yo debía entregárselo en persona.Abrí la caja con torpeza.Adentro no había ninguna joya cara. Solo un anillo de plata común y corriente.Era uno de los anillos de pareja que compré en un puesto callejero cuando estábamos en la universidad. Me había costado apenas un par de dólares.En ese entonces, Valeria puso cara de desprecio y dijo que era feísimo.Pero aun así, se lo puso con esa torpe arrogancia suya.Después vinieron nuestra

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 7

    Un año después, en el extranjero, ya estaba estudiando en la escuela de arte con la que tanto había soñado, especializándome en pintura al óleo.Alquilé una casa con un pequeño jardín. Mi vida diaria era sencilla, pero plena.Iba a clases, pintaba y cuidaba mis flores.El sol de aquel lugar era cálido y generoso. En el aire siempre flotaba el aroma de la lavanda.Poco a poco fui dejando atrás el pasado y también me volví mucho más alegre.Nunca volví a ver a Valeria.Solo de vez en cuando, por algunos compañeros que regresaban al país, escuchaba noticias sueltas sobre ella.Decían que se había apartado de la dirección del enorme imperio familiar y se había convertido en rescatista voluntaria.Decían que siempre entraba en las zonas más peligrosas, que había salvado a muchas personas y que su cuerpo estaba cubierto de cicatrices.Decían que, cuando alguien le preguntaba por qué se esforzaba tanto, ella respondía que quería expiar sus culpas.Pero nada de eso tenía que ver conmigo.Así p

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 6

    Horas antes, yo estaba en la sala de espera del aeropuerto de otra ciudad, aguardando el despegue de mi vuelo.En el celular tenía un mensaje de un amigo:"Todo está arreglado. No te preocupes, Valeria no podrá encontrarte. Cuando llegues allá, empieza de cero."Respondí con un simple "bien". Luego saqué la tarjeta SIM del celular, la partí en dos y la tiré al basurero.Valeria, la deuda por haberme salvado la vida ya la pagué casi con mi propia vida.De ahora en adelante, tú sigue tu camino y yo seguiré el mío.En esta vida, no volveremos a vernos.***En los días posteriores a la desaparición de Esteban, la vida de Valeria empezó a parecerle gris.Se volvió ansiosa e irritable, y puso de cabeza a todo el Grupo Guzmán.No tenía ánimos para revisar los montones de documentos acumulados, pero el equipo de búsqueda en el que gastó millones no arrojó ningún resultado. No lograron conseguirle ni una sola pista.Y Jaime, como una sanguijuela pegada a ella, la acosaba todos los días.A veces

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 5

    No respondí. Eso bastó como respuesta.—Valeria —dije en voz baja—, todo terminó. En esta vida protegiste a la persona que querías proteger. De ahora en adelante, cada quien por su lado. Ya no tenemos nada que ver.—¡No!Ella levantó la cabeza de golpe, con los ojos enrojecidos.—¡No es así! Hice todo esto por nosotros. ¡Para que pudiéramos tener un final distinto!—Nosotros ya tuvimos un final —la interrumpí—. Terminó el día del terremoto.Ella todavía quiso decir algo más, pero su celular sonó en el peor momento.Miró la pantalla y su rostro cambió ligeramente.Era Jaime.Dudó un segundo, pero aun así contestó.—Hola, Jaime… ¿Qué? ¿Te sientes mal otra vez? Voy para allá.Al colgar, me miró con culpa.—Tengo que ir a ver a Jaime. Descansa aquí, ¿sí? Vuelvo pronto.La vi tan apurada, tan desesperada por irse, y la poca esperanza que me quedaba terminó de apagarse.Habían pasado dos vidas, y ella siempre elegiría a Jaime.Cerré los ojos y dije en voz baja:—Vete.Ella creyó que yo solo

  • Renací para Dejar de Amarte   Capítulo 4

    La miré y sentí que el corazón se me caía al suelo.Ella ya había olvidado que hoy también era mi cumpleaños.Jaime y yo habíamos nacido el mismo año, el mismo mes y el mismo día.Solo que uno lo tenía todo y el otro no tenía nada.Valeria ordenó cerrar la puerta de la sala y no dejar entrar a nadie. Luego llamó a los guardaespaldas para que me inmovilizaran, tomó la navaja ensangrentada de Jaime y la arrojó frente a mí.Sus palabras fueron casi despiadadas.—Vas a pagar con tu sangre el doble de lo que perdió Jaime.La miré sin poder creerlo.—¿Te volviste loca?Empecé a forcejear con desesperación.Pero ella solo me miró una vez y les ordenó a los guardaespaldas que me hicieran cortes en el brazo.Un dolor agudo me atravesó el brazo de inmediato. La sangre tibia brotó al instante.Solté un gemido ahogado por el dolor. Un sudor frío me cubrió la frente. Apreté los dientes con tanta fuerza que la boca se me llenó de un sabor metálico.El segundo corte, el tercero…Ya ni siquiera sabía

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