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Renací y la CEO implacable se obsesionó
Renací y la CEO implacable se obsesionó
Author: Sardina Rebelde

Capítulo 1

Author: Sardina Rebelde
El matrimonio de Ignacio y Camila Delgado apenas comenzaba su tercer año cuando llegó a su fin.

La mujer a la que tanto había amado se había encargado de enviarlo a prisión.

***

El olor a sangre y humedad impregnaba la prisión.

El aire era tan sofocante que costaba respirar.

Ignacio estaba acurrucado sobre el suelo helado, con una sonrisa amarga en los labios.

Llevaba un año encerrado y ya había perdido la cuenta de las golpizas y los tormentos que había sufrido.

Sabía que Camila tenía mucho que ver con aquello.

Después de todo, para ella, él era el asesino de su madre y de su hermano menor.

Ignacio no lo entendía. La había amado sin reservas.

¿Cómo había podido ser tan cruel como para ni siquiera darle la oportunidad de defenderse?

A medida que perdía la conciencia, los últimos recuerdos que aparecieron en su mente fueron, increíblemente, los momentos que había compartido con Camila.

El amor podía ser maravilloso, pero también podía doler de una manera insoportable.

Cubierto de sangre y suciedad, Ignacio cerró lentamente los ojos, aún llenos de odio, y dejó de respirar para siempre.

Sin embargo, al abrirlos de nuevo, se encontró acostado en una cama, sin una sola herida.

Sobre él estaba aquel techo azul que conocía tan bien.

Se quedó mirándolo un buen rato, incapaz de comprender lo que ocurría.

Se incorporó de golpe y se dio una bofetada para comprobar que no estaba soñando.

Después tomó el celular de la mesita de noche.

La fecha que aparecía en la pantalla lo estremeció: 6 de mayo de 2024.

Poco a poco, sus recuerdos se aclararon.

Ese era el día en que había conocido a Camila.

El día en que había empezado todo.

—Camila.

Ignacio pronunció su nombre para sí, sin poder definir lo que sentía.

En su vida anterior, la había amado ciegamente, hasta el punto de humillarse por ella.

Sabía que ella quería a otro, pero aun así se había aferrado a una esperanza imposible.

Había ocultado su talento y sus logros, resignándose a permanecer a la sombra de Camila.

Una y otra vez había utilizado sus recursos y contactos para ayudar en secreto al Grupo Delgado a superar sus dificultades.

Todo porque creía que el tiempo podía cambiar las cosas.

Algún día, Camila se daría cuenta de cuánto valía.

Pero solo había recibido indiferencia, traición y un sufrimiento interminable.

Al recordarlo, Ignacio soltó una breve risa.

Por fin estaba dispuesto a dejar atrás el pasado, y la posibilidad de comenzar de nuevo le devolvía la ilusión.

Después de morir una vez, al fin había comprendido que lo más importante era vivir su propia vida.

Unos golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos.

Se serenó, se levantó y fue a abrir.

Al otro lado estaba su hermano menor, Tadeo García, impecablemente vestido y sonriéndole.

A Ignacio, aquella sonrisa solo le pareció falsa.

—Ignacio, papá nos está apurando. ¿Ya estás listo?

Al ver ese rostro tan conocido como detestable, Ignacio recordó lo ocurrido en su vida anterior y se burló para sus adentros.

Tadeo había aprovechado cada oportunidad para sembrar discordia entre Camila y él, empeorando una relación que ya era difícil.

Ignacio fingió sentirse mal y respondió en voz baja:

—Esta noche no voy a ir. No me siento muy bien.

Tadeo pareció sorprendido.

Enseguida intentó mostrarse decepcionado, aunque no logró ocultar del todo la sonrisa que se le dibujó en los labios.

—Ah, qué lástima.

Ignacio sabía perfectamente lo que estaba pensando.

Esa noche, Camila asistiría por primera vez como nueva directora general al evento organizado por la familia Delgado.

Los jóvenes de las familias adineradas de Puerto Esmeralda querían aprovechar la ocasión para acercarse a ella, y Tadeo no era la excepción.

Si Ignacio no iba, tendría un rival menos.

—Entonces hazlo bien.

Lo dijo con indiferencia y cerró la puerta, sin ganas de seguir viendo la expresión ilusionada de Tadeo.

En cuanto estuvo solo, su mirada se endureció.

Tadeo también había notado que Ignacio se comportaba de una manera extraña.

Sin embargo, no tenía tiempo para averiguar por qué.

Solo podía pensar en la fiesta.

Bajó las escaleras de muy buen humor y luego salió con su padre, Federico García.

***

Ignacio regresó al escritorio y miró la pantalla de la computadora.

Ahí estaba el videojuego que siempre había querido desarrollar.

Ya tenía una primera versión, pero, en su vida anterior, se había dedicado tanto a complacer a Camila que nunca lo había terminado.

Negó con la cabeza y sonrió con amargura.

Qué tonto había sido.

Ahora todo sería distinto.

Por fin podía liberarse de aquellas cargas y concentrarse en cumplir su sueño.

Sus dedos recorrieron el teclado a toda velocidad.

A medida que las líneas de código aparecían en la pantalla, aquel proyecto abandonado volvía a cobrar vida.

Se entregó al trabajo con un entusiasmo que hacía mucho no sentía.

Entonces apareció una notificación de correo en la esquina inferior derecha de la pantalla.

Ignacio dejó de escribir y abrió el mensaje de inmediato.

“Jefe, la familia Zelaya, de Monte Celeste, te está buscando. Dicen que ofrecen una fortuna. Seguramente tienen algún problema técnico. Si te interesa, avísame cuando quieras.”

Los ojos de Ignacio se iluminaron.

El Grupo Zelaya era un gigante de la industria tecnológica. ¿De verdad querían trabajar con él?

Y, además, estaban dispuestos a pagar tanto.

Sonaba interesante.

Escribió su respuesta:

“Me interesa. Podemos hablar.”

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