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Capítulo 10: Cartas sobre la mesa

Author: Joana Guzman
last update publish date: 2022-02-21 14:09:56

—Está bien, iré con usted —aceptó Skylar sin estar del todo segura de cuan inteligente era; pero sabía que tenían que hablar. Tenía que dejarle claro a su jefe que su relación era estrictamente profesional y no iba a lograr eso evitándolo.

Además, era mejor hablar en un lugar público antes que regresar a su oficina. Eso mantendría a Dan bajo raya y ella podría concentrarse en que decir y no en lo que se sentiría que la besara otra vez o cómo se veía detrás de su traje. Esa última pregunta la había estado fastidiando demasiado.

La noche anterior le había costado dormir. Cada vez que había cerrado los ojos había visto a Dan junto a ella haciéndole cosas que estaba segura no debería haber imaginado acerca de su jefe.

Cansada y con ojeras debajo del maquillaje, esa mañana, mientras viajaba al trabajo, había tenido que repetirse más de una vez que ella podía actuar como nada hubiera pasado. Y lo había estado haciendo muy bien los primeros minutos, hasta que Dan la había acorralado en su oficina. Él no la estaba ayudando para nada.

Se levantó de su silla y comenzó a alistar sus cosas conscientes de que Dan tenía la mirada fija en ella. Todavía no se había atrevido a mirarlo, estaba reuniendo todas sus fuerzas. No pensaba volver a caer bajos sus encantos con tanta facilidad. A propósito, se demoró lo más que pudo.

—¿Estás lista? —preguntó Dan, casi podía apostar que estaba divertido.

No era ninguna cobarde.

Alzó la cabeza y lo vio recostado en la pared con los brazos cruzados en el pecho. Parecía más intimidante que de costumbre, pero no dejó que eso la asustara. Podía tratar con él.

—Sí. —Se enorgulleció cuando su voz salió fuerte y sin titubeos.

—Entonces vamos.

—No es como si tuviera muchas opciones —murmuró.

El viaje en el ascensor fue el más largo e incómodo de toda su vida. Era como si la máquina estuviera en su contra. Al menos Dan se mantuvo de su lado y no hizo ningún comentario sobre lo de la noche anterior, suficiente tenía con su propia imaginación que le recordaba lo que había sucedido allí.

—Sube —ordenó Dan abriéndole la puerta de su auto.

Se sintió tan tentada a dejarlo con la puerta abierta e irse en dirección contraria, ver su cara de asombro seguro que sería divertido; pero no había tiempo para eso. Cuanto antes llegaran al lugar al que iba, antes terminarían con todo eso.

El carro tenía asientos de cuero y un sistema de última tecnología integrado, pero no fue eso lo que llamó su atención, sino la fragancia conocida que inundaba todo el interior y que solo se hizo más intensa cuando Dan entró. No podía tener peor suerte.

En el viaje Skylar miró por la ventana para evitar entablar una conversación, aunque un par de veces su mirada se desvió hacia Dan. Él parecía concentrado en sus propias cosas y eso la hizo ser más precavida.

El restaurante al que Dan la llevó era elegante, pero no demasiado extravagante. Esperaba algo mucho más lujoso y donde no pudiera manejarse, pero le gustó.

—Señor Harris, buenas noches. Es un honor tenerlo por aquí otra vez.

Dan asintió con la cabeza al saludó.

Skylar no se sorprendió que el hombre lo conociera bien. Dan debía de haber ido a ese lugar con otras mujeres. Ese pensamiento le recordó con qué clase de hombre estaba y que haría bien en no olvidarlo.

El mesero los dirigió hasta una de las mesas del fondo que estaba alejada del resto y que quedaba oculta de la vista de los curiosos.   

—La carta —dijo el hombre dejándola frente a ellos—. ¿Algo que deseen beber?

—Agua —respondió de inmediato. Necesitaba la cabeza despejada.

Dan no hizo ningún comentario sobre su elección y vino para él.

—¿No bebes? —le preguntó en cuanto el camarero se retiró.

—Sí, pero solo con mis amigos —respondió con la vista en la carta. Se decidió por algo simple, ni siquiera sabía si iba a poder comer. Estaba nerviosa y le estaba costando bastante no demostrarlo.

Dan la miró imperturbable. La única vez que lo había visto perder el control fue cuando…

Alto, ordenó a su cabeza. Necesitaba dejar de pensar en la escena del elevador.

Él pareció darse cuenta de lo que estaba pensando porque un brillo travieso y peligroso apareció en sus ojos.

El camarero regresó en ese momento con sus bebidas y tomó sus órdenes. Casi le agradeció por ser tan oportuno.

—Entonces, a lo que venimos. —No era ninguna asustadiza—. Sobre lo de anoche…

—¿Siempre vas directo al asunto? —Viniendo de alguien que no le gustaba los rodeos, ni perder el tiempo, esa pregunta era cómica.  

—Sí, es mejor así.   

—No siempre. Hay algunas cosas que deben tomarse su tiempo…. —Dan movió su copa en forma circular sacudiendo levemente el vino en su interior. Su mirada no la abandonó en ningún momento, ni siquiera cuando él se llevó la copa a los labios y bebió un sorbo—… para disfrutarlas.

Fingió que el calor que se extendió por su cuerpo era a provocada por el lugar. Dan era un seductor innato, bastaba unas palabras suyas y ella comenzaba a perder su convicción. Tenía que ser igual de inteligente.

Se inclinó sobre la mesa, colocó el mentón sobre las manos y sonrió. Una sonrisa ensayada y destinada para lidiar con idiotas.

Dan la observó intrigado y cuando tuvo su atención habló.

—En este caso; sin embargo, me gustaría que acabáramos con esto de una vez. Creo que ambos sabemos que lo de anoche fue un error y que no es conveniente que vuelva a suceder.

El camarero volvió en ese momento con sus pedidos y Skylar se hizo hacia atrás para que él pudiera colocar su plato sobre la mesa.

—Gracias —le dijo sonriéndole, esta vez una sonrisa más sincera.  

Comieron en completo silencio y Skylar no podía esperar a terminar para poner fin a la cena.

—Estoy de acuerdo contigo. —Internamente celebró su victoria, no había sido tan difícil—. Sin embargo —hasta allí llegó su victoria—, ambos también sabemos que yo te deseo y tú me deseas. —Dan dobló su servilleta y la colocó a un lado.

—Idiota presuntuoso. —El insulto escapó de sus labios antes de que pudiera detenerlo, pero no se retractó. Él la miró con una ceja alzada, aunque no parecía molesto—. ¿Qué? Estamos fuera de la oficina y hablando de… —Se quedó a media frase—. No importa. Puedo hablarte como quiera.

—¿Y tutearme por lo que veo? Supongo que puedo sobrevivir. —Él no parecía ni un poco afectado—. Y volviendo al tema principal, no soy presuntuoso, solo digo los hechos. ¿O necesitas que te lo demuestre otra vez? Creí que había quedado claro está mañana, pero no me importaría hacerlo otra vez. Podríamos verlo como una especie de práctica.

—Ni se te ocurra.

Dan sonrió de lado como si sus palabras hubieran sido suficientes para demostrar su punto.

—Entonces, ahora que ambos estamos de acuerdo en que el deseo está allí, mi pregunta es ¿qué sugieres que hagamos al respecto?

—¿Sugiero?

—Creo que no tienes nada. Yo, por otro lado, pensé en algo…

—Seguro que sí —interrumpió asesinándolo con la mirada.

Entendía porque era tan bueno en los negocios. No le daba ni un segundo de respiro a su oponente, solo continuaba. Ella apenas entendía lo que estaba sucediendo; pero Dan parecía saber muy bien lo que hacía y hacia donde se dirigía.

—Podemos intentarnos deshacernos del deseo.

—Es lo más sabio que te he escuchado decir este día.

—Tigresa, no me gusta que me interrumpan. —El apelativo la tomó por sorpresa y se quedó en silencio—. Eso está mejor. —Dentro de ella la ira estaba creciendo. Se llevó su vaso de agua a los labios para humedecer su boca antes de mandarlo al demonio—. Como decía, deberíamos deshacernos del deseo y que mejor que una noche de sexo para eso.

El agua que estaba bebiendo salió precipitado hacia afuera y algunas gotas alcanzaron el costoso traje de Dan. No se sintió ni un poco culpable por eso. Es más, deseo haberlo mojado un poco más.

—¿Es una broma? —siseó.

Dan se limpió el traje con la servilleta con total tranquilidad.

—No bromearía con algo tan importante.

—Es una locura.

—Debo suponer entonces que no me has imaginado en tu cama —Él extendió una mano y tomó la suya antes de que pudiera alejarla, utilizó el pulgar para acariciar su muñeca en movimientos circulares—. Mis manos acariciando cada parte de tu cuerpo y mis labios arrastrándose por tu piel. —Una vibración viajo desde su mano por todo su cuerpo y se estableció entre sus piernas.

Se sintió tan tentada a rendirse, a aceptar lo que él proponía. Después de todo no estaba equivocado y quizás tenía razón con su teoría.

No.

Había miles de razones por la que era una mala idea.

—Me devuelves mi mano ¿O estás dispuesto a perder la tuya? —preguntó aparentando una seguridad que no tenía. No iba a rendirse tan fácil.

Él sonrió de lado y la dejó ir, no sin acariciarla en el proceso. Esa sonrisa le provocaba demasiadas reacciones.  

El ruido de la gente que estaba en las otras mesas, regresó a sus oídos recordándole donde estaba. ¿Por qué había creído que estaría segura en un lugar público? Dan era un peligro sin importar donde estuvieran. Él siempre la había atraído, pero había podido mantenerlo oculto hasta la noche anterior y ahora no parecía ser capaz de volver a hacerlo.

—No pienso obligarte a nada, pero la propuesta está sobre la mesa.

Dan pagó la cuenta y salieron del restaurante poco después. Ella insistió en irse en un taxi, no había manera de que llegara a su casa en auto de su jefe, menos cuando aún no le decía a su padre que era para él para quien estaba trabajado.

—Piénsalo, tigresa —dijo él depositando un beso en su mejilla antes de cerrar la puerta del taxi.

No iba a pensar para nada en su propuesta, era una locura y nada le iba a hacer cambiar de opinión, se dijo y se repitió más tarde mientras estaba recostada en su cama sin poder dormir por segunda noche consecutiva.

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