ANMELDEN—Saldremos en media hora —le dijo a Skylar mirando los documentos que ella le había entregado minutos atrás.
Había pasado una semana desde que ella había rechazado su propuesta tajantemente y ninguno de los dos había vuelto hablar al respecto. Todavía no había sado de su cabeza su noche juntos y a veces se encontraba mirándola más de lo debido. Pero estaba seguro de que en algún momento se le iba a pasar.
—Está bien, señor.
—Este nos tomara más tiempo que con los otros dos hoteles, así que lo más seguro es que terminemos tarde. Después iremos a la oficina de mi departamento a ordenar todo lo que obtengamos y elaborar el informe.
Skylar mantuvo su siempre controlada expresión, pero él la conocía muy bien para saber que estaba nerviosa. Ella movió sus manos y sus hombros se habían tensado.
—Entiendo. ¿Algo más?
—No.
Skylar se dio la vuelta y cerró la puerta al salir.
Dan cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás, se permitió un respiro para poner sus pensamientos en orden y luego se preparó para lo que venía. No iba a ser un día fácil y menos si confirmaban sus sospechas.
Cuando la hora llegó, recogió su saco y salió de la oficina. Encontró a James apoyado en el escritorio de Skylar. Ella tenía una sonrisa en el rostro y los dos parecían cercanos. Eso no debía importarle, lo que Skylar hiciera con su vida no era asunto suyo. Pero sin importar cuanto se lo repitiera, seguía desagradándole la confianza que ambos compartían.
—¿Cómo está ella? —preguntó James.
No sabía de quién estaban hablando.
—Está bien, no deja de mostrar su herida diciendo que ahora es toda una guerrera. Esta emocionada porque empiece a cicatrizar.
Los dos compartieron una sonrisa y se sintió tan tentado de golpear a su primo para borrarle esa sonrisa, pero se limitó a carraspear para llamar su atención.
—Dan —dijo James mirándolo.
—James —respondió entre dientes y miró a Skylar—. Es hora de irnos.
—Nos vemos luego, jefa.
Durante el viaje Skylar y él hablaron sobre temas de la empresa, aunque él respondía en modo automático. Aunque él prefería hablar de otros temas como sobre que había estado hablando con James.
—¿Lista? —preguntó cuándo estaban a una cuadra.
—Sí.
—No tienes que estar nerviosa, ellos creen que estamos aquí para una visita de rutina. Será igual de fácil que en las anteriores ocasiones.
Detuvo el auto frente al imponente hotel. Era el segundo más grande de toda la cadena. Un hombre le recibió las llaves para llevarse su coche y el gerente encargado del hotel se acercó a él con una mano extendida y una sonrisa en el rostro.
—Buenas tardes, señor Harris —saludó él—. Es bueno tenerlo aquí.
—Señor Davis —saludó—. Esta es la señorita Rogers. Está aquí para ayudarme con la revisión y espero le den las mismas facilidades que a mí.
—Por supuesto —dijo el hombre sin dejar de sonreír y saludando a Skylar—. Ella es mi secretaria. —Señaló a la mujer parada a su costado.
No estaba seguro si era protocolo de Bill, pero el uniforme de la mujer le parecía demasiado revelador para un lugar de trabajo.
Asintió en dirección a la mujer y Skylar también la saludó.
Bill Davis nunca había sido un hombre de su agrado, pero al menos era bueno en su trabajo. Aunque parece que eso también había comenzado a fallar. Pronto confirmaría sus sospechas y Bill aprendería que él no era alguien con quien se debía jugar.
—Es raro verlo a usted aquí y especialmente solo, nos hemos acostumbrado a recibir a su padre.
«Seguro que sí», pensó.
Su padre no era ningún tonto al que pudieras engañar con facilidad, pero Bill parecía estar haciendo las cosas con sumo cuidado. Era uno de sus empleados quien había notado un pequeño error, era casi imperceptible que muchos habrían pasado por alto.
—Asumiré el cargo en algún momento y quiero estar al tanto de todo lo que sucede en mi empresa para poder darles seguridad a los accionistas.
—Entiendo. ¿Por dónde desean comenzar?
—Empecemos por las instalaciones.
—Está bien, por aquí, por favor.
Recorrieron el edificio mientras el gerente hablaba sin parar. En un par de ocasiones vio a Skylar detenerse a hablar con parte del personal mientras él seguía escuchando la perorata del hombre.
Skylar era muy buena comunicándose y escuchando, cada persona con la que habló parecía relajada con ella.
—Me temo que tendré que dejarlos por un rato —dijo Bill mirando su celular—. Tengo que solucionar algo, el trabajo nunca se detiene. Los encontraré en las oficinas.
Asintió y luego él desapareció con su secretaria.
—¿Qué opinas? —preguntó mirando a Skylar.
—Todo parece funcionar bastante bien.
—¿Qué te dijo la mujer a cargo del personal de limpieza? Parecía algo importante.
Dan la había visto ponerse algo tensa. Él era bueno leyendo señales, pero más cuando se trataba de Skylar era fácil para él saber cuándo algo la molestaba o cuando estaba nerviosa.
—Nada.
—Skylar sabes que detesto las mentiras.
Un hombre parte del personal pidió permiso para pasar y él tomó de la cintura y la pegó hacia él.
—Sí —musitó ella nerviosa—. Pero creo que deberíamos hablar de eso en la empresa, nunca se sabe cuándo alguien podría estar escuchando.
Tomó el mechón de su cabello que había escapado de su cola y la colocó detrás de su oreja mientras le susurraba cerca del oído.
—Tienes razón.
Su cercanía lo hizo reaccionar y le costó dejarla ir. Sería tan fácil inclinarse y besarla. Se acercó a ella, pero cuando sus labios estuvieron cerca de tocarla se hizo para atrás. No le pasó desapercibida la decepción sus ojos.
—Vamos —ordenó con la voz ronca.
Tomaron el ascensor para subir a la última planta conde estaban las oficinas. Compartir un espacio reducido con ella una tortura, pero se las arregló.
Encontraron a un par de personas allí, pero la oficina del gerente estaba cerrada con seguro y nadie tenía la llave.
—Sabía que estaba cerrado y aun así no nos facilitó las llaves —comentó Skylar—. Eres dueño de todo esto ¿por qué lo haría?
—Siento que no le gusta mi presencia aquí.
—¿Tú crees? —Skylar sonrió y no pudo evitar devolverle el gesto.
Era la primera vez en un tiempo que ambos estaban relajados en la presencia del otro.
Bill Davis apareció casi diez minutos después, Skylar había ido al servicio higiénico.
—Lo siento mucho señor Harris, me olvidé darle la llave.
Esperó en silencio que el abriera la puerta, Skylar regresó en ese mismo momento. El hombre los hizo pasar y Dan rodeó el escritorio y se sentó detrás de él. Bill sacó unos archivadores y se los entregó.
—Aquí tenemos los reportes que necesita.
Le dio una revisión superficial y luego se volvió al gerente para decirle todo lo que iba a necesitar aparte de eso. Cuando el hombre no dio una respuesta, alzó la cabeza para mirarlo.
—¿Algún problema?
—No, ninguno. Solo me tomó por sorpresa.
—Lo quiero cuanto antes.
Bill comenzaba a comprender porque era tan temido.
—Está bien, señor —dijo él, luego miró a su asistente y le dio un asentimiento.
La mujer despareció y regresó con un par de personas más con varios archivos en sus manos.
—Colóquenlo en otra mesa, para que la señorita Rogers se encargue de ellos. Señor Davis, le enviaré un mensaje cada vez que necesite hablar con algún personal.
Él asintió y los despidió a todos.
—¿Qué está planeando? —preguntó Skylar.
—Nadie mejor que los empleados para decir si algo malo está sucediendo. Revise los documentos que nos han dado y si algo falta pídaselo directamente al gerente.
—Está bien.
Skylar fue a su lugar, pero todavía podía verla a través de las paredes de vidrio. Ella se puso a trabajar, leyó y anotó. Confiaba en que, si había algo que no cuadraba, ella lo encontraría. Sabía lo que hacía y había aprendido bastante en su tiempo trabajando para él. Con su capacidad las empresas no dudarían en contratarla cuando acabara sus estudios.
Dan le envió un mensaje al gerente para que enviara al primer hombre. No era su trabajo entrevistarlos, ni de lejos; pero necesitaba reunir información antes de involucrar a su equipo de investigación.
Mientras esperaba Skylar salió y regresó con la asistente quien le entregó algunos documentos más.
—Buenos días, señor —dijo un hombre de alrededor de cuarenta años entrando en la oficina.
—Buenos días, señor Thomas. —Le dio un apretón de manos y lo invitó a sentarse—. ¿Cuánto tiempo lleva trabajando para nosotros?
Tenía su ficha de trabajo en su mano, pero necesitaba parecer lo más casual posible.
—Siete años, señor —dijo él algo tenso.
Dan se reclinó en su asiento antes de hacer su siguiente pregunta.
—Cuénteme cuáles son sus funciones.
Dan siguió haciendo preguntas, ninguna que levantara sospechas. Para cuando había entrevistado alrededor de diez personas, había concluido que nadie toleraba al gerente. También sabía que había algunos rumores de él siendo infiel y lo importante que todos tenían miedo que él los pudiera despedir de la nada como había hecho con otros compañeros anteriormente. Nadie lo había dicho explícitamente, pero la cuestión estaba en los detalles, en los silencios prolongados, en las posturas y en las indirectas.
Tomaron un descanso a la hora del almuerzo, el gerente había mandado a pedir algo para ellos por lo cual comieron todos juntos y procuraron hablar de cosas sin importancia, pese a que Bill trató más de una vez averiguar algo.
—¿Qué sucede? —preguntó cuándo Skylar entró a la oficina, acababa de despedir al último hombre que entrevisto.
Era alrededor de las seis de la noche. Estaba agotado de estar en ese lugar y Skylar parecía estar en la misma situación.
Skylar le mostró algunos archivos y le señaló lo que había subrayado. Dan detectó lo que sucedía. Eran fallos sencillos, cualquiera podría creer que no eran nada; pero si estaba allí en busca de eso, no lo pasabas por alto.
—Además tengo esto. —Ella colocó cuatro hojas delante de él. Eran fichas de ex empleados.
Uno en especial llamó su atención por el apellido. Miró la foto y notó el parecido. Era el padre de Skylar. Le tomó un segundo darse cuenta de que Skylar estaba haciendo su propia investigación.
—Hablaremos sobre esto después —dijo dejando en claro que no iba a pasar por alto. No le gustaba cuando las personas actuaban a sus espaldas.
—No me voy a disculpar.
¿Por qué no le sorprendía?
—¿Qué descubriste?
Ella le señaló las fechas de renuncia que ella misma se había molestado en resaltar. Todos eran en la misma semana. Eso era algo muy raro y Dan no creía en las coincidencias.
—¿Acabaste con todo?
—Sí.
—Entonces es hora de marcharnos. Lleva todo lo que nos servirá.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







