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Capítulo 6: Sin vuelta atrás

Author: Joana Guzman
last update publish date: 2022-02-19 13:59:14

Skylar quería compartir su felicidad con alguien y mientras viajaba de regresó a casa, le envió un mensaje a su amiga para pedirle que se encontraran cerca de su casa. Ella respondió en seguida diciendo que la vería allí. Lo más probable es que todavía estuviera preocupada por ella. La noche anterior había regresado al departamento de su amiga totalmente derrotada, creyendo que había arruinado la única oportunidad de salir adelante.  

Llamó también a su actual jefe para decirle que dejaría de trabajar para él. Debido a que no tenía un contrato formal, no esperaba que hubiera ningún problema aún con tan poca antelación, pero él la sorprendió al decirle que era un alivio porque tenía en mente prescindir de sus servicios en los próximos días y no sabía cómo decírselo.

Pese a que Dan podía sacarla de sus casillas, debía aceptar que su propuesta había surgido en el mejor momento. Sería algo difícil trabajar con él, dado que no le gustaba muchas cosas sobre él; pero seguro que era mejor que estar desempleada y sin casa.

En cuanto vio a su amiga, parada en el lugar en el que solían pasar el poco tiempo libre que tenían, se lanzó a abrazarla con fuerza. Ella era la única que sabía el miedo real que había pasado durante esos días. Y, si de ella dependía, su padre y su hermana nunca llegarían a enterarse.

—¿Skylar? ¿Qué sucede?

No respondió de inmediato y Lily le hizo saber que la estaba preocupando. Ambas sabían que lo suyo no era mostrarse tan abierta con sus expresiones, pero incluso ella merecía un respiro de vez en cuando.

—Conseguí un nuevo trabajo, la paga es buena y lo que es mejor, conseguí el dinero para pagar las cuotas atrasadas.

 Lily abrió los ojos sorprendida y saltó alegre mientras la arrastraba a su celebración.

—¡Eso es increíble!

Pasaron algunos segundos antes de que su amiga se tranquilizara.

—¿Cómo sucedió?

—¿Recuerdas que fui al trabajo de mi padre?

—Sí.

—Bueno… —Skylar la puso al tanto de todo lo sucedido incluso de su encuentro con Dan en el club.

—¿Y te ofreció el trabajo tan de repente? —preguntó su amiga con sospecha.

—A mí también me pareció extraño; pero ambas sabemos que necesito el trabajo, así que decidí aceptar.

—¿Estás segura de que no tiene otras intenciones? —Si había alguien más desconfiada que ella, esa era su amiga.

—Sí. —Quizás aún tenía cierto recelo, en especial cuando recordaba lo del beso. Pero eso era algo que no iba a decirle a Lily. Ella empezaría a hacer preguntas que ella misma estaba evitando hacerse. 

—Me alegro por ti, me habría gustado poder ser de más ayuda.

—¿Estás bromeando? Me ayudaste bastante.

Su amiga la había cubierto en el trabajo cuando no había podido ir por algún motivo y también le había prestado algo de dinero en más de una ocasión. Estaba segura que, si ella hubiera tenido la cantidad de dinero que necesitaba, se lo habría dado sin dudar.

Después de su charla caminaron rumbo a su casa, en el camino hablaron de su nuevo trabajo y lo que tendría que hacer. Y aprovechó a Lily para preguntarle cómo le iba en sus estudios Con todo lo sucedido apenas y habían hablado sobre ella.

Al abrir la puerta de su casa, un torbellino, de cabello rubio como el suyo, se estrelló contra ella.  

—Calabacita —saludó frotando la cabeza de su hermana. Ella dio un paso atrás y la miró con reproche por el apodo. Pero sabía que aun detrás de esa fachada molesta, el apelativo le gustaba.  

Le frotó la cabeza y ambas soltaron una carcajada. Bastó con escuchar el sonido de su risa para que cualquier duda que pudiera quedar dentro de ella desapareciera en el acto. Haría lo que fuera por ver a su hermana feliz.

—¡Lily! —grito ella abrazando a su amiga esta vez.

—¡Hailey! Pero mira que grande estás, cada vez que te veo haz ganado algo de talla. Pronto me alcanzaras.

—No me falta mucho —dijo su hermana dándole un guiño a su amiga.

—Con comentarios como ese nadie duda de que son hermanas.

—Chicas, a la mesa —llamó su papá.

Durante la cena aprovechó para contarle a su padre sobre sobre su nuevo trabajo y que había obtenido un adelanto que podían usar para pagar al banco. Optó por no guardarse el detalle de para quién trabajaría, no sabía cómo su padre podía tomarse la noticia; además tendría que explicar en primer lugar como había conocido a Dan… Sí, eso no iba a pasar.  

Su papá no parecía muy contento con que ella tuviera que gastar su sueldo de esa manera, pero le recordó que eran un equipo y luego Lily lo distrajo.

El domingo, después de arreglar su casa con ayuda de su familia, tuvo la tarde libre y por primera vez sin ninguna preocupación; aunque no estaba segura de cuan bueno era eso cuando se encontró pensando la escena del beso con Dan.

Esperaba que no le sucediera lo mismo en cuanto lo viera otra vez, no quería quedarse mirándolo como una boba. Quería que él la respetara y no iba a lograr eso, si actuaba como un adolescente que no podía controlar sus pensamientos.

El lunes llegó más pronto de lo que esperaba. Se levantó temprano para estar a tiempo en el trabajo. No fue tan difícil escoger una vestimenta, solo tenía dos ropas que se ajustarían a su nuevo trabajo. Eso iba a ser un problema en algún momento.

—Irás directo a la… —le dijo a su hermana antes de salir para el trabajo.

—A la casa de la vecina en cuanto salga del colegio, lo sé. Estaré bien, ya soy grande.

—Claro que lo estarás y si no, las cosas no han cambiado, aún puedes llamarme a cualquier hora.

Su hermana asintió y luego Skylar se marchó directo a su trabajo. Iría al banco en su hora de almuerzo.

Llegó a la empresa a las siete y media en punto y se presentó directo en la oficina de recursos humanos. Sarah, como se presentó la mujer que la recibió, era alguien amable y la llevó a su despacho para que firmara su contrato.

—Léalo y si hay algo sobre lo que necesite alguna aclaración no dude en preguntarme.

Asintió y se concentró en el documento mientras Sarah se dedicaba a trabajar en su computadora.

—¿Todo en orden? —le preguntó la mujer un tiempo después cuando dejó el contrato sobre la mesa.

—Sí.

—Genial, entonces firma sobre las líneas en ambas copias y puedes ir a empezar.

La misma mujer de antes la recibió en la recepción de los señores Harris y al verla se levantó de su lugar para conducirla por el pasillo.

—Skylar ¿verdad?

—Así es.

—Yo soy Emma. —Ella se detuvo delante de a un escritorio que no recordaba haber visto la última vez que estuvo allí. Quedaba justo en frente del despacho de Dan—. Este es tu lugar de trabajo. Deja tus cosas aquí y acércate a la oficina del señor Harris. Él te espera.

—Gracias. Y lo siento por lo de la última vez.

Emma le dio una mirada de curiosidad. Probablemente se preguntaba que hacía allí y como había obtenido el trabajo. A la conclusión que haya llegado, no pareció ser la mejor porque sus ojos se llenaron de envidia y prejuicios.

Cuando se quedó a solas observó su nuevo lugar de trabajo y sonrió sin poder evitarlo. No iba a dejar que esa mujer le arruinara lo que parecía ser la oportunidad de su vida. Era casi como un sueño.

Dejó su cartera en su sillón giratorio y se acercó a la puerta de Dan. Se detuvo en la puerta preparándose para un nuevo encuentro.

—Es tu jefe ahora, no digas nada imprudente. Incluso si es un idiota —murmuró.

Dio un par de golpes y luego abrió la puerta. Encontró a Dan hablando por teléfono con la mirada puesta en la ventana. Al parecer él no lo escuchó y eso le dio tiempo para observarlo. Lucía igual de imponente que la primera vez que lo conoció. Sin lugar a duda aquel era su ambiente.

Su mirada se deslizó por su cuerpo, apreciándolo mejor. El terno estaba hecho a su medida y se ajustaba muy bien a su tonificado cuerpo.

Estaba tan absorta en su evaluación que apenas tuvo tiempo de poner una expresión neutra en su rostro antes de que él se diera la vuelta.

—Nos vemos en dos días entonces —dijo él a quien sea que estuviera del otro lado del teléfono—. Adiós.

—Señor, buenos días —saludó en cuanto él guardó su celular.

—Hola, señorita Rogers. ¿Supongo que pasó por recursos humanos?

Asintió.

—Bueno entonces es hora de trabajar. Tengo algunos documentos que debemos revisar. Tome asiento —ordenó y ella obedeció de inmediato. Tendría que acostumbrarse a seguir sus mandatos ahora que era su jefe, al menos a las más racionales.

En cuanto estuvieron más cerca, sintió como su fragancia, que se asemejaba al olor del cedro, la envolvía. Iba acorde con su personalidad y seguro solo aumentaba su magnetismo.

Frunció el ceño.

Era injusto que todo en el pareciera estar hecho para distraerla. En sus últimos encuentros había pasado por alto muchos de aquellos detalles porque su atención había estado en su problema. Con eso fuera de juego, parecía volver a estar como en el primer encuentro: incapaz de pensar con claridad.

Tal vez trabajar con él iba a ser aún más difícil de lo que había supuesto y no solo por las razones que había previsto.

—¿Algún problema? —La voz de su jefe la sacó de su ensoñación.

—¿Qué?

—Parece que algo no le gusta.

—No es nada —dijo evitando su mirada. Se concentró en los documentos sobre el escritorio—. ¿Debo llevar esto a mi escritorio para revisarlos? —Era mejor hablar de un tema seguro. Echarse para atrás no era una opción, ella no era de las que hacían eso.

—Revíselos aquí. Así podremos discutir si tiene alguna duda y puede aportar sus opiniones. —Dan ni siquiera había terminado de hablar y ya estaba con uno de los folios en su mano. Lo imitó y comenzó a trabajar. De hecho, fue lo mejor que pudo hacer porque después de un tiempo casi se había olvidado de quién estaba frente a ella.

Era fácil para ella sumergirse en el trabajo porque le gustaba y porque era buena en lo que hacía, sabía que aún le faltaba muchas cosas por aprender y si lo veía de ese punto, era bueno trabajar para Dan. Iba a aprender de uno de los mejores.  

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