INICIAR SESIÓNMia está dispuesta a enfrentarse a un marido narcisista y dar un cambio a su vida sumergiéndose en su trabajo de decoradora y en ayudar a independizarse a sus hijos. Disfrutara de la libertad después de un largo matrimonio, sin saber que la vida le ofrecerá una segunda oportunidad para conocer al que será el amor de su vida, se ilusionará, se decepcionará justo en el momento en que su vida corre peligro. Enfrentándose a la maldad y venganza de su ex.
Ver másMÍA Hubo un tiempo en que aprendí a hacerme pequeña. A medir cada palabra antes de decirla, a adivinar el clima de una casa por el sonido de una puerta al cerrarse. Amaba a un hombre que solo sabía amarse a sí mismo, y yo, que confundía la resistencia con el amor, aguanté años creyendo que el silencio era paz. No fue un rayo lo que me sacó de ahí. Fue algo más lento, más terco: una grieta minúscula que un día, sin avisar, se convirtió en luz. Me miré al espejo y no reconocí a la mujer que había sido antes de él. Y decidí, con el miedo todavía metido en los huesos, que prefería no reconocerme a seguir desapareciendo. Renacer no fue un instante. Fue aprender de nuevo a ocupar espacio, a decir "no" sin pedir perdón después, a dormir sola y descubrir que ese silencio sí era mío. Fue llorar en el suelo de la cocina y levantarme igual, un poco más entera cada vez. Y entonces, cuando ya no lo buscaba, llegó él. No con fuegos artificiales, sino con una calma que al principio no supe nomb
- sabes que llevamos encerrados en la habitación más de veinticuatro horas verdad? - pregunté a Hugo, sonrió - Solo estoy deseando salir por esa puerta para estar con los gemelos , por cierto, habrá que dejar de llamarlos bebés, gemelos y pequeños - No llegaste a decirme sus nombres antes de … - entristecí - el salió de la cama , tomó boli y papel , escribió - Valentina? - asentí feliz- Kenzo?, leí en el segundo papel, volví sentir - pensé en ello todos estos días atrás, mientras los cuidabas, los amabas. - los amo como te amo a ti- En algún momento dudaste de mi? -No - Ellos me hicieron recordar … el día que vi caer él helicóptero… dudé … luego pensé que siendo hijos tuyos llevarían en la sangre tu fuerza , tu poder , tu valentía , y pensé en sus nombres. - Hugo, no quiero volver - dije de repente , elEntendió - Quiero vivir aquí, en Italia, encontrar nuestro hogar , crear cimientos sólidos , empezar de nuevo juntos, con la familia , con Nicolasa , esa mujer es la segund
Hay noches en que amar duele antes de empezar, su mano busca la mía y yo se la entrego como quien entrega lo último que le queda. No hay preguntas. Solo esa certeza triste de los cuerpos que se saben de memoria y aun así tiemblan, como si fuera la primera vez y también la última. —No te vayas —le digo, y mi voz se quiebra en la mitad de la frase, porque los dos sabemos que un día se irá, o me iré yo, o se irá el tiempo, que es el que siempre gana. Me besa como quien reza. Despacio, con esa desesperación silenciosa de quien no cree del todo en los milagros pero de todos modos se arrodilla. Yo respondo con la misma fe rota: un beso que es también un adiós anticipado, un modo de guardar algo antes de perderlo. Sus manos recorren mi piel y en cada caricia hay una pregunta que ninguno se atreve a formular: *¿cuánto tiempo más?* La vela se consume junto a nosotros, más rápido de lo que quisiéramos, y su luz tiembla sobre nuestros cuerpos enredados como si también ella supiera que to
Trasladamos a Hugo a la suite principal, junto a los gemelos, junto a mi, aunque me negué, no conseguí que Klaus dejara de vigilarnos, según el, los efectos de la droga podía durar meses, pese a que veíamos a Hugo tranquilo, seguí sin hablar, sin interactuar, solo prestaba atención a los gemelos, miraba ensimismado como yo los cuidaba, los bañaba, les daba de comer …. Una mañana, mientras amamantaba a niño, la niña comenzó a llorar, la tumbe junto a mi, en la cama, acariciado su carita para consolarla, se que tenía hambre. Klaus frente a la ventana se levantó para ayudarme a cogerla, Lo mire, y le hice un gesto para que se detuviera, Hugo estaba sentado en la cama mirando como daba de mamar al pequeño, con su mano derecha acarició los deditos de la bebé, ella se agarró fuerte al dedo índice de su padre, se miraban, los pequeños ya tenían mes y medio. - Puedes cogerla en brazos, ayúdame, tiene hambre. - le susurre lo más suave y lentamente que pude, mi voz cálida hizo que su mirada












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