LOGINNoelia acompañaba a Cecilia, pasándole agua y herramientas mientras capturaba cada momento con su celular. Aunque Marcos estaba oficialmente de vacaciones, las llamadas de trabajo no le daban tregua. Se mantenía de pie a unos metros de distancia con el celular pegado a la oreja, pero sus ojos funcionaban como un radar, escaneando el entorno y lanzando miradas asesinas a cualquier hombre que se atreviera a acercarse demasiado a Noelia.—Sí, ya revisé esa propuesta. Todavía hay que pulir varios detalles. En cuanto regrese les doy el visto bueno. Lo del contrato no corre prisa, que lo verifiquen de nuevo para evitar errores... Y una cosa más: ¡ya no me llamen!En cuanto colgó, Marcos puso el celular en silencio absoluto y caminó hacia donde estaban ellas.Noelia estaba agachada, ayudando a Cecilia con las torres del castillo. Su cabello se mecía con la brisa marina, y cuando la niña dijo algo que la hizo soltar una carcajada, sus hoyuelos se marcaron, haciéndola ver radiante. El sol, e
A la mañana siguiente, Noelia despertó antes de que saliera el sol. Se levantó sin hacer ruido para no despertar a Cecilia, que seguía profundamente dormida.Se acercó al ventanal y corrió las cortinas. El mar era un espectáculo: un azul profundo que destellaba bajo la luz del amanecer, con el cielo impecable y unas cuantas nubes flotando como algodón. Ya se veían algunos turistas caminando por la arena.Su mirada se desvió hacia el bikini en el clóset. Después de darle un par de vueltas, lo tomó y se encerró en el baño. Desde que fue madre, Noelia casi no usaba ropa tan atrevida. Por un momento, se le había olvidado que ella también podía verse así de libre y radiante. Se miró al espejo y el bikini le quedaba como un guante.—Mami... —murmuró Cecilia, despertando.—Hola, mi amor, ya estás despierta.Al ver a su mamá, Cecilia abrió los ojos de par en par. Noelia se sintió un poco tímida al principio, pero la niña no tardó en levantarle el pulgar con entusiasmo:—¡Mami, te ves guapís
—Está bien, muchas gracias.Marcos cerró la puerta, entró en la habitación y abrió la caja. Una prenda blanca se deslizó del cartón, pero él estuvo atento y la atrapó en el aire antes de que tocara el suelo. Era tela, una cantidad tan mínima que apenas le cabía en la palma de la mano. ¿Qué rayos era eso? La extendió frente a sus ojos.Al instante, arqueó una ceja, atónito. Era un bikini blanco, impecable. El diseño era sencillo pero atrevido: tirantes finísimos, una pieza inferior con un pequeño vuelo y un pareo de gasa a juego.¿De quién era? ¿Por qué la etiqueta llevaba su nombre?En eso, volvieron a tocar a la puerta. Esta vez fueron golpes rápidos y desesperados.—¡Marcos! ¡Abre, por favor! —La voz de Noelia se escuchó a través de la madera, teñida de una angustia inconfundible.Marcos miró el bikini en su mano y la respuesta le cayó como un rayo: ¡era de ella! Por puro instinto, su mente proyectó la imagen de Noelia vistiendo esa prenda. Sintió que la sangre se le subía a la ca
Eso de que le sangrara la nariz en plena playa era una exageración total. Noelia no quería que Marcos pensara que ella buscaba llamar su atención con intenciones ocultas.Abrió su celular y, sin pensárselo dos veces, compró un bikini blanco, sencillo y de lo más elegante. Lo que más le convenció fue que el conjunto venía con un pareo de gasa a juego, que le llegaba a media pierna y cubría todo lo necesario para sentirse cómoda. Por miedo a que no llegara a tiempo, puso la dirección del resort y dejó una nota en el pedido: "Favor de entregar en recepción."El primero de junio, Día del Niño, cayó en viernes. El jardín de niños de Cecilia celebró un pequeño festival, así que Marcos y Noelia esperaron a que terminara para lanzarse al aeropuerto.Durante todo el trayecto, Cecilia estuvo eufórica. Tenía la carita pegada a la ventana, fascinada con todo lo que veía pasar. Al llegar a la terminal, Marcos la sentó sobre la maleta y se puso a jugar a las carreritas mientras la empujaba. Cecil
Antes de dormir, Noelia recibió los detalles de los vuelos y el hotel que Marcos le había enviado. Él había reservado un resort familiar justo frente a la playa y pidió dos habitaciones separadas: una para ella y Cecilia, y otra para él.Al enterarse de que irían al mar por el Día del Niño, Cecilia se puso tan feliz que empezó a brincar en la cama una y otra vez:—¡La playa! ¡Vamos a hacer castillos de arena y a juntar conchitas! ¡Y voy a dormir con papá y mamá! ¡Súper!—Mi amor, cálmate un poquito antes de dormir, que te vas a pasar de revoluciones —dijo Noelia, rodeándola con los brazos—. Ahora te voy a contar un cuento. Olvídate de la playa por un momento, escucha la historia y a dormir.—Está bien, mami.Noelia le inventó un cuento sobre unos animalitos que iban a conocer el mar por primera vez, aprovechando para colarle, como quien no quiere la cosa, algunas reglas de seguridad. No había terminado cuando Cecilia ya había caído rendida por el sueño.La habitación quedó en silencio.
Los huéspedes de la posada estaban felices de la vida por poder asistir al banquete. Algunos, al bajar a cenar, incluso le llevaron pequeños detallitos a Cecilia para felicitarla por tener una madrina.Cuando terminó la cena, la gente no se retiró de inmediato. Todos se quedaron a dar una mano para levantar los platos y limpiar el patio.—¡Muchísimas gracias a todos por el apoyo el día de hoy! —expresó Noelia, conmovida en el alma.—Al contrario, gracias a usted por darnos la oportunidad de probar los platillos de un chef de tres estrellas Michelin.—Así es, coincidir con una celebración tan alegre fue una verdadera fortuna para nosotros.—¡Le deseamos a la princesita Cecilia que crezca con mucha salud y que sea de lo más feliz!—¡Gracias! ¡De verdad, muchas gracias a todos! Que descansen y tengan una bonita noche.Cuando todos volvieron a sus habitaciones, Noelia caminó hacia la pared del patio y miró las últimas piezas que quedaban por guardar: las mesas comunales alargadas. Las ha







