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Capítulo 16: Humo

Penulis: Sephora
last update Tanggal publikasi: 2026-09-16 23:20:53

La noche cayó pesada sobre la mansión, cargada todavía con los restos de la pelea del pasillo. Me había pasado las últimas horas dándole vueltas a la misma pregunta sin encontrar ninguna respuesta que me convenciera del todo: si el miedo de Cesare era real, ¿por qué seguía sin tener ningún plan concreto que ofrecerme? Recogí las migajas de mi dignidad. Pensé en qué tan idiota había sido encaprichándome de un hombre que, de hecho, tenía clarísimo en el primer momento que nuestra relación sería u
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    La noche cayó pesada sobre la mansión, cargada todavía con los restos de la pelea del pasillo. Me había pasado las últimas horas dándole vueltas a la misma pregunta sin encontrar ninguna respuesta que me convenciera del todo: si el miedo de Cesare era real, ¿por qué seguía sin tener ningún plan concreto que ofrecerme? Recogí las migajas de mi dignidad. Pensé en qué tan idiota había sido encaprichándome de un hombre que, de hecho, tenía clarísimo en el primer momento que nuestra relación sería un trato circunstancial. Me reí de mí misma recordando cómo, la noche anterior, me esforcé tanto para conseguir aquel vinilo de su infancia. Pensé que todavía no lo habría visto. Pensé que aquello le patearía todavía más el corazón que no sabía si tenía.La puerta se abrió de golpe pasada la medianoche, sin llamada previa, golpeando contra la pared con un estruendo que me hizo incorporarme de un salto.Cesare cruzó la habitación en tres zancadas agresivas, todavía con la camisa arrugada de la reu

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    La mañana de la reunión llegó lapidaria. Me había vestido para la ocasión con un cuidado que no supe si era vanidad o puro instinto de supervivencia. Elegí un vestido granate, sobrio en apariencia pero cortado con la precisión suficiente para no dejar ninguna duda sobre las curvas que escondía debajo de esa elegancia, la tela ciñéndose a la cintura y cayendo después en una línea limpia hasta mis rodillas. Me recogí el pelo en un moño bajo, impecable, y me maquillé con trazos mínimos pero exactos —los labios en un tono oscuro a juego con el vestido, la mirada delineada lo justo para parecer serena en vez de asustada—, hasta que la mujer que me devolvió el espejo se pareció más a una modelo camino de una portada que a la chica que había llegado temblando a aquella casa hacía apenas unas semanas. Los tacones, altísimos y del mismo tono granate, añadieron los centímetros justos para sostenerme la espalda recta durante lo que fuera que me esperara al otro lado de aquella puerta.Cesare me

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