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Capitulo 4. Klaus Hoffmann.

last update publish date: 2026-09-15 23:40:44

​Cuando llegó el domingo tuve que hacer un esfuerzo para presentarme en la casa de Beth y Marc. Si era sincero conmigo mismo, hubiera preferido no asistir; las reuniones un tanto familiares no me van.

​En cuanto llegamos, Marc saludó cortésmente a Melanie y quedó impresionado, al igual que Beth, por mi nuevo vehículo.

​Beth no estaba muy cómoda; ella y Melanie no es que se llevaran de maravilla.

​Cuando invité a Melanie a entrar en la casa, Beth me tomó del brazo y me alejó, por lo que Marc tuvo que acompañar a Melanie adentro.

​—No entiendo por qué trajiste a Fiona a mi casa —se quejó Beth.

​Me reí por cómo la había llamado y dije:

​—La paso bien con ella. Además, le prometí que no la molestarías.

​—Bueno, no hagas promesas por alguien más, porque si me saca de mis casillas la pongo calentita. Me conoces.

​—Compórtate, preciosa, ¿vale?

​—Es una mujer estúpida y no me cae para nada bien.

​—Beth, no empieces; es domingo, ¿recuerdas? Día de pasarlo genial.

​—¡Pasarla genial mis calzones! Me has arruinado el día, Klaus —solté la risa—. ¿Cómo puedes pasarlo bien con esa mujer tan sosa?

​—Está más que claro que tú y Melanie jamás serán amigas —me reí—. Escucha, ella es todo menos sosa en la cama, por eso la he traído.

​Beth frunció el ceño y dijo:

​—Claro, ¿qué se puede esperar de ustedes, los hombres? Son tan básicos que me da escalofríos. ¿Solo porque es una fiera en la cama sigues con ella? A nadie le cae bien.

​—A mí me cae bien y, Beth… relájate. Solo la he traído para hacerte molestar.

​—Eres un idiota, Klaus. Manténla a raya porque nada me cuesta barrer el piso con ella si se porta como toda una perra. Recuerda que me llamó asesina por comer un trozo de carne frente a ella —me reí fuerte porque lo recordaba bien.

​—Melanie es vegetariana, solo no le prestes atención. Tranquila, ella se comportará.

​Entre risas, entramos al salón donde había más invitados; Marc y Beth nos fueron presentando a todos hasta que Beth me arrastró a un lado y me presentó a una chica de cabello negro por los hombros y ondulado, blanca y de ojos verdes cautivantes.

​—Klaus, te presento a Vanessa. Vanessa, mi buen amigo Klaus.

​Beth nos presentó enérgicamente.

​—Un gusto conocerte —le extendí la mano y ella no me hizo esperar.

​—Bueno, nos volvemos a ver —fruncí el ceño—. ¿No me recuerdas? Casi me atropellas hace un par de días atrás.

​Quedé con la boca abierta: qué pequeño es el mundo.

​—Disculpen, ¿ya se conocían? ¿De qué me perdí? No entiendo nada —preguntó Beth, algo asombrada.

​—Solo estaba probando mi nuevo vehículo y, bueno, por atender una estúpida llamada casi la arrollo. Tenías una niña en brazos, pero ahora te ves diferente.

​—Serás idiota, Klaus. Pero al parecer todos conocemos a Vanessa por algún momento incómodo —expresó Beth y continuó—: La conocí porque estaba afuera del súper; Marc estaba acomodando todo en el auto y ella aún no había bajado de su Volkswagen. Para hacer el cuento corto, estaba pariendo y Marc se había quedado tieso. Vanessa fue como un ángel en aquel momento y, bueno, aquí estamos.

​Interesante toda la historia que contó Beth en menos de nada, y sí, al parecer todos hemos llegado a conocer a Vanessa en algún momento incómodo.

​Un buen rato después, todos nos relajamos y pasamos al gran salón para disfrutar de la comida; como siempre, Beth preparó unos exquisitos platillos para degustar con verdadero deleite.

​Beth, sin duda, es una gran chef.

​Sin poder evitarlo, la mirada se me iba a Vanessa, pero no conseguí que sus ojos conectaran con los míos durante la comida. Eso, sin saber por qué, me molestó.

​Estábamos terminando de comer, hablando, tomando vino a gusto y charlando con los demás invitados, cuando se escuchó un estruendo, luego el llanto de una niña y vi cómo Vanessa se movía rápidamente a su encuentro.

​La copa era de Melanie; se le había caído y la niña se había agarrado del vestido de Melanie, y ella de un tirón se la quitó de encima. Traté de moverme rápido al igual que Vanessa, pero fue inevitable que la niña cayera al piso y empezara a llorar.

​No sé por qué lo hice, pero tomé a la niña en brazos y Vanessa llegó para calmarla.

​—No pasa nada, mi amor… no pasa nada —le decía Vanessa a la niña mientras pasaba sus manos por el rostro de la pequeña, limpiando sus lágrimas.

​Aunque quería contenerse, esa mujer estaba echando chispas y no era para menos.

​La niña aún seguía en mis brazos y Vanessa la escaneaba, hasta que encontró cómo en su piernita tenía una pequeña cortada. Buscó rápidamente su bolso, me pidió que la siguiera a la cocina y Beth le pasó un botiquín de primeros auxilios. Vanessa rápidamente desinfectó la herida y colocó una curita de princesas de Disney.

​—Mami, Bella Dumiente… —dijo la pequeña señalando la bandita y yo reí.

​Beth salió al gran salón y quedé en la cocina con Vanessa; la vi suspirar y dijo:

​—Gracias, Klaus. Ahora me ocupo yo.

​—No te preocupes, puedo seguir cargando a la pequeña princesa —la niña sonrió y me extendió de nuevo sus bracitos.

​—Mami, píncipe.

​Ambos reímos. La niña es demasiado tierna y eso confirma una pregunta que no quería hacer para no meter la pata: es su hija, no su hermana.

​Cuando salimos al gran salón, la niña quiso bajar y corrió a jugar con los hijos de Marc y Beth. Pero el buen ambiente no duró mucho cuando Melanie, llegando a mi lado, dijo:

​—¡Maldita niña! Por su culpa mi vestido está sucio.

​Beth, que la escuchó y no se callaba nada, dijo:

​—Aquí lo importante es que la niña está bien, Melanie. Tu vestido lo mandas a lavar y asunto arreglado.

​Melanie suspiró y, cuando vio que Beth se alejaba, me miró y protestó:

​—Tu amiga, que se cree superior, se pone de parte de toda la gentuza menos de la mía. Esa mocosa dañó mi vestido y ahora resulta que no me puedo quejar o molestar.

​Enseguida Vanessa contestó:

​—En defensa de mi hija te diré que no lo hizo con intención. Por otro lado, ten cuidado con esa boca, porque soy su madre y me puedo ofender si la vuelves a llamar mocosa —Melanie quiso hablar, pero Vanessa continuó—: Antes de que digas alguna otra estupidez te diré que mi hija tiene cuatro años y tú —la miró de arriba abajo—, debes tener cuarenta años, tienes la mentalidad suficiente para entender las cosas.

​Lo que Vanessa le dijo de último casi me hace reír a carcajadas, pero tuve que contener la risa. Está claro que Vanessa no se deja y por defender a su hija saca las garras, y eso me encanta.

​—¡Tengo veintinueve años! —dijo Melanie fuera de sí.

​—Pues no lo parece, querida. ¿Segura que no me engañas?

​Melanie estaba echando humo por las orejas y, viendo que todos la veían, aclaró:

​—Tengo veintinueve.

​Vanessa, divertida, asintió y murmuró con malicia mientras se alejaba:

​—Vaya, qué mal te conservas; yo tengo treinta y aparento veintitrés.

​Inconscientemente me reí y Melanie me fulminó con la mirada, a lo que solo me encogí de hombros. Me gustara o no, esa mujer tenía su gracia y lengua afilada, y aunque no quisiera, ha llamado mi entera y total atención.

—¿Para eso me traes Klaus? para ser el hazmerreír de tus estúpidas amistades.

—Melanie tranquilízate y no hagas un drama innecesario—ya me empezaba a fastidiar porque sabía perfectamente como era Melanie.

—No es un drama...

—Si lo es, te quejaste por tu vestido y llamaste mocosa a una niña inocente. Tú solita te buscaste esto, ¿o esperas que hagas comentarios delante de la madre de la niña y está te aplauda solo porque vistes con ropa de diseñador?

—Eres un idiota.

—Sí, Beth me lo dice siempre—sonreí—. Será mejor que te lleve a tu casa.

Sin decir una palabra más salimos de la casa, no sin avisarle a Marc y Beth que regresaría. La cara de Beth fue todo un poema cuando le dije que dejaría a Melanie en su casa y regresaría.

—Vuelves, porque te corto las pelotas si no lo haces—amenazó Beth.

A veces resultaba bueno tener amistades como estás.

cuando llegué a la casa de Melanie ni siquiera me preocupe en bajar, no es que fuera desconsiderado o poco caballeroso, sino que quería mantenerme al margen y no darle alguna posibilidad de pensar que quiero tener algo con ella serio.

—Osea...¿ esto es todo?

—No sé que más esperas.

—Que te bajes, que pases a mi casa, que tomemos algo, me desnudes y lo pasemos bien.

—Quizas en otro momento Melanie.

—Eres un idiota—sonreí sin ánimos.

—Yo no te voy a ofender porque soy un caballero, pero has dejado más que claro con tu comportamiento, que te falta madurez y déjame decirte que no eres mejor que yo. Se me quitaron las ganas de tener intimidad contigo, si lo requiero te buscaré.

—No soy un objeto que tomas y desechas cuando quieres Klaus.

—Pero tu aceptaste eso desde hace mucho tiempo, yo no te amo y no siento nada por ti, solo es deseo momentáneo, pasarlo bien sin ataduras. Debes tener claro como funciona.

Se bajo molesta del auto y maldijo en voz alta, yo solo rei, no han sido pocos los encuentros sexuales con Melanie y lo hemos pasado bien, pero tengo más opciones que no se enredan tanto.

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