LOGINEl ambiente de la sala de estar principal de la residencia Valdés se transformó de repente, convirtiéndose en algo parecido a una sala de interrogatorios de una embajada.Alejandro estaba sentado en un sillón individual de cuero negro en el centro de la habitación. Tenía ambos codos apoyados en los reposabrazos y los dedos entrelazados con fuerza frente al pecho. Sus ojos grises recorrieron la fila de empleados domésticos que permanecían inmóviles.Mientras tanto, Victoria estaba sentada en el sofá largo, a la izquierda de su esposo. Seguía luciendo impecable, sin una sola imperfección, pero sus delicados dedos apretaban el bolso que descansaba sobre su regazo con tanta fuerza que casi rasgaban el costoso cuero.Camilla, por su parte, permanecía de pie en silencio, con la mirada fija en la punta de sus propios zapatos, negándose a encontrarse con los ojos de cualquiera de los presentes.—Rio —llamó Alejandro en voz baja.Su tono no era elevado, pero bastó para sobresaltar a dos ayudan
En la habitación, Camilla estaba sentada al borde de la cama, contemplando la cuna donde Gael dormía profundamente.De pronto, la puerta se abrió y Maria entró sin llamar, llevando en las manos un vestido cerrado de cuello alto.—La señora Victoria te ordenó que te pusieras este vestido mañana por la mañana —espetó Maria con frialdad mientras arrojaba la prenda sobre la mesita. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro arrugado—. La señora no quiere que la niñera de su bebé parezca una mendiga de la calle cuando la ejecuten delante de los distinguidos profesores.Camilla no levantó la cabeza. Se limitó a acomodar la manta de Gael con los dedos serenos.—¿La señora está tan segura de que me ejecutarán, Maria? —preguntó Camilla con indiferencia.Maria soltó una risita burlona.—¿Un examen presencial y abierto, sin libros de consulta? ¿Ante el consejo de curadores en pleno? ¡No te hagas demasiadas ilusiones! Mañana al mediodía te arrastrarán fuera de las puertas del campus y te expuls
—Extraordinario... —murmuró el anciano profesor sin darse cuenta, lo bastante alto como para que los docentes de su alrededor lo oyeran—. No se limita a citar textos latinos del siglo XIII... está desentrañando la estructura poética con una métrica de terza rima perfecta...El doctor Bianchi frunció el ceño y también avanzó, con una expresión inquieta.Sobre el papel sellado, Camilla escribió su argumento inicial con una elección de palabras poética y contundente:«Dante coloca a los vendedores de justicia en las fosas de asfalto hirviente de Malebolge, no para castigar sus delitos físicos, sino para arrancarles la máscara de nobleza que llevaban en el mundo de los vivos. Pues la forma más vil de juicio humano se manifiesta cuando la ley es utilizada por manos poderosas para sepultar a los inocentes con el fin de preservar su propia dignidad ilusoria».El tiempo siguió avanzando hasta que la campana del recinto sonó dos veces, anunciando el final del examen.Camilla dejó la pluma sobr
En la habitación, Camilla estaba sentada al borde de la cama, contemplando la cuna donde Gael dormía profundamente. De pronto, la puerta se abrió y Maria entró sin llamar, llevando en las manos un vestido cerrado de cuello alto. —La señora Victoria te ordenó que te pusieras este vestido mañana por la mañana —espetó Maria con frialdad mientras arrojaba la prenda sobre la mesita. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro arrugado—. La señora no quiere que la niñera de su bebé parezca una mendiga de la calle cuando la ejecuten delante de los distinguidos profesores. Camilla no levantó la cabeza. Se limitó a acomodar la manta de Gael con los dedos serenos. —¿La señora está tan segura de que me ejecutarán, Maria? —preguntó Camilla con indiferencia. Maria soltó una risita burlona. —¿Un examen presencial y abierto, sin libros de consulta? ¿Ante el consejo de curadores en pleno? ¡No te hagas demasiadas ilusiones! Mañana al mediodía te arrastrarán fuera de las puertas del campus
Victoria contuvo la respiración. Su corazón latía desbocado. Desde aquella noche en que Alejandro la había rechazado en la habitación, había creído que él la odiaba, pero aquella caricia derribó de inmediato todas las barreras que había levantado para protegerse.—Tienes razón, Victoria —susurró Alejandro con voz ronca, tan grave e íntima junto al oído de la mujer—. Siempre has sido la mujer más inteligente a mi lado.Victoria parpadeó, atónita ante el cumplido que acababa de salir de los labios de su esposo.—¿Alejandro...?—Perdona mi rudeza de estos últimos días —continuó Alejandro mientras bajaba la mano para rodear la esbelta cintura de Victoria y atraerla hacia su pecho—. Tengo la mente demasiado ocupada con la expansión naviera y los proyectos. Llegué a dudar de tu aguda intuición, pero ahora me doy cuenta de que solo una esposa tan extraordinaria como tú puede comprender, mucho mejor que los demás, los peligros que amenazan la reputación de esta familia.Un suspiro de alivio,
En el despacho de Alejandro, Camilla entró con pasos vacilantes y la cabeza profundamente inclinada, mientras Victoria la seguía con elegancia, cruzando los brazos frente a su vestido color marfil y manteniendo una expresión de preocupación.—Cierra la puerta, Rio —ordenó Alejandro con frialdad, sin volverse—. Espera afuera.—Sí, señor Valdés —respondió su secretario personal mientras cerraba la puerta.Alejandro se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo de la silla. Luego se volvió para mirar a Camilla.—¿Dónde está tu cuaderno, Camilla?Camilla se sobresaltó. Sus dedos helados se entrelazaron con fuerza detrás de su vestido de algodón.—L-lo guardé en el cajón del escritorio de la habitación de Gael, señor. Es un cuaderno de líneas con la cubierta de color marrón oscuro... Allí anoté todos los puntos anoche.—Ve por él ahora mismo —ordenó Alejandro brevemente—. Tráelo a mi escritorio.—S-sí, señor.Camilla se dio la vuelta apresuradamente, abrió la puerta y corrió hacia la habita







