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Su Mayor Arrepentimiento Fui Yo
Su Mayor Arrepentimiento Fui Yo
Author: Kester

Capítulo 1.

Author: Kester
last update publish date: 2026-09-27 17:30:47

Una carpeta azul oscuro con documentos fue arrojada sobre la mesa de cristal frente a Elena.

—Fírmalo —ordenó Charlie. Su voz era fría e indiferente—. Sarah ha vuelto. Está completamente recuperada, y no quiero que siga escondiéndose por miedo a ti.

Elena clavó la mirada en la palabra «Divorcio», impresa en negrita en la parte superior del documento. Su pecho se oprimió de inmediato con una angustia insoportable. Durante los cinco años de su matrimonio, Elena había vivido en el infierno. Había soportado cada insulto, había sido tachada de monstruo por haberle hecho daño a su propia hermana y había sido obligada a atender a Charlie, quien siempre la miraba con desprecio.

Elena se había tragado todo aquel dolor por una sola esperanza absurda: algún día, Charlie la vería como Elena, no como la sombra de Sarah. Pero aquel día, esa esperanza murió por completo. Fue pisoteada por el mismo hombre por quien una vez había arriesgado su vida para salvarlo de un lago helado hacía más de una década.

Elena levantó lentamente la cabeza, negándose a derramar lágrimas frente a aquel hombre una vez más.

—Ni siquiera me preguntaste una sola vez, Charlie —la voz de Elena tembló con frialdad—. ¿Realmente fui yo quien cortó los frenos de aquel auto? ¿De verdad crees que soy tan cruel?

Charlie soltó un resoplido desdeñoso. Se recostó en la silla y cruzó los brazos sobre el pecho con arrogancia.

—¿Qué otra prueba necesito pedirte, Elena? —La mirada de Charlie irradiaba puro odio—. Sarah quedó paralizada por tu enfermiza obsesión conmigo —la acusó—. Estabas celosa porque yo la amaba a ella, no a ti.

El hombre señaló directamente al rostro de Elena con el dedo índice.

—Ahora ha vuelto para recuperar su felicidad. No permitiré que vuelvas a tocarla ni a hacerle daño. Tu presencia en esta casa fue un error desde el principio.

Un error...

Elena quiso reír histéricamente. Si Sarah había sufrido en el extranjero, entonces ¿cómo debía llamarse la vida de Elena? ¿Quién era la que permanecía encerrada en una habitación silenciosa cada noche, llorando hasta vomitar por el rechazo de Charlie?

Charlie se había casado deliberadamente con ella estando borracho y había jurado atormentarla durante el resto de su vida como castigo por la parálisis de Sarah. Y Elena había aceptado todo aquel tormento por la verdad que esperaba que algún día saliera a la luz. Qué ingenua había sido.

—Sí, tienes razón —susurró Elena con una sonrisa amarga—. Pasar cinco años de mi vida amándote fue el mayor error que he cometido.

Charlie frunció ligeramente el ceño. Al escuchar el tono resignado de Elena, un destello extraño cruzó sus ojos, pero su arrogancia rápidamente ocultó aquella emoción.

—Me alegra que te hayas dado cuenta. Toma el dinero de la compensación y aléjate lo más posible de nuestras vidas.

Elena contempló la fantástica suma de dinero que aparecía en el documento. Para Charlie, aquellas cifras eran el precio para comprar lo que quedaba de su dignidad. Con las manos temblorosas, pero decididas, Elena tomó la pluma. El amor ardiente que había sentido durante más de una década se había convertido ahora en cenizas.

Con una sola respiración, Elena trazó su firma. Listo. Aquel vínculo maldito finalmente se había roto.

Elena dejó caer la pluma, que rodó sobre la mesa. Se puso de pie con la espalda erguida. Su mirada hacia Charlie ya no contenía dolor, sino un vacío absoluto. Como si el hombre que tenía delante no fuera más que un extraño.

Sin embargo, aquel cambio en su mirada hizo que, por alguna razón, el pecho de Charlie palpitara extrañamente de repente. Una sensación repentina de pérdida lo asaltó, pero, dominado por su ego, la ignoró.

—Me voy —dijo Elena con calma—. Y juro por el resto de mi vida, Charlie... algún día te arrodillarás y le rogarás a Dios que haga retroceder el tiempo hasta este día. El día en que echaste de tu vida a la única persona que te entregó sinceramente su propia vida.

Sin esperar una respuesta, Elena se dio la vuelta y salió de la habitación con pasos firmes.

Al atravesar el portón bajo la ligera lluvia, Elena colocó una mano sobre su vientre, que aún permanecía plano. Bajo su vestido había un pequeño secreto cuya existencia acababa de descubrir aquella mañana gracias a las dos líneas rojas de una prueba de embarazo.

Una sonrisa fría se dibujó en el rostro empapado de Elena.

—Charlie, nunca sabrás de este niño.

A partir de hoy, la Elena débil había muerto. Y cuando regresara, ya no permanecería bajo la sombra de nadie.

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