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Capítulo 7

Author: Pen goddess
last update publish date: 2026-05-05 22:42:12

No sabía si saludarlo o fingir que no lo había visto. Mi mente no dejaba de llevarme de vuelta a esa noche en los establos, al momento en que me incliné hacia él y casi hice algo que nunca podría borrar. Me mordí el labio y mantuve la mirada baja, esperando que mi rostro no me delatara.

Todavía estaba decidiendo cuando me di cuenta de que no estaba solo.

Alejandro estaba de pie cerca del abrevadero con una cuerda enrollada en las manos. Camila se encontraba a su lado, más cerca de lo necesario. Se reía de algo que él había dicho, con la mano apoyada suavemente en su brazo como si ese fuera su lugar. Él no se reía, pero tampoco se apartaba.

Me quedé allí observándolos más tiempo del que debería.

¿Desde cuándo se habían vuelto tan cercanos? Ni siquiera me había dado cuenta de cuándo había pasado. Ella trabajaba en la cocina. Él en los establos. No había razón para que estuvieran tan juntos.

Apreté los labios y me di la vuelta antes de que alguno de los dos me viera. Regresé a la casa con la cabeza baja y las manos cerradas con fuerza a los costados.

No significaba nada. Me repetí eso con cada paso. Absolutamente nada. No tenía derecho a sentirme así y lo sabía. Estaba comprometida con otro hombre. Alejandro no me debía nada. Él no me pertenecía.

Pero saberlo no hacía que el sentimiento desapareciera.

Esa noche no pude dormir.

Me quedé acostada encima de las sábanas, mirando el techo, pensando en la mano de Camila sobre su brazo. En la forma tan fácil en que ella se reía a su lado. En cómo él no se había apartado. ¿La amaba? ¿La había amado desde hace mucho tiempo? ¿Había sido ella la persona que él buscaba cuando llegó al rancho?

Ese pensamiento pesaba como una piedra en mi pecho. Presioné la mano contra el esternón, como si eso pudiera aliviarlo.

Me dije que no importaba, hasta que por fin acepté que no iba a dormir hasta hacer algo con ese sentimiento.

El rancho estaba en silencio. El cielo era profundo y oscuro, salpicado de estrellas, y los únicos sonidos eran los suaves movimientos de los caballos en sus establos. Una linterna brillaba en el extremo más lejano del establo.

Caminé hasta el lugar donde lo había encontrado la otra noche, pero él no estaba allí. El sitio estaba vacío. El fardo de heno donde solía sentarse no tenía a nadie. Sentí la decepción instalarse en mi pecho como una piedra. ¿Ya se habría dormido?

Me di la vuelta para irme y mi espalda chocó contra algo sólido.

Di un salto hacia atrás tan rápido que casi me caigo. Una mano salió disparada y me agarró del brazo para estabilizarme. Una columna de humo se elevaba entre sus dedos. Ni siquiera lo había visto parado allí en la oscuridad.

—Dios mío —dije, jadeando—. No sabía que había alguien aquí.

Él no respondió de inmediato. Solo se quedó allí mirándome mientras recuperaba el aliento. Luego llevó el cigarrillo a sus labios e inhaló lo último que quedaba de humo.

Me quedé parada sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Mi corazón todavía latía con fuerza por el susto. Mi brazo seguía caliente donde él me había agarrado.

—¿Fumas cigarrillos? —pregunté—. Nunca te había visto hacerlo antes.

Él no contestó. Dejó caer el cigarrillo al suelo y lo aplastó con la bota. Luego levantó por fin la mirada y se encontró con la mía.

Parpadeé y me quedé mirando esos ojos color avellana. Incluso en la oscuridad, podía ver la expresión de su rostro. Era indescifrable bajo la luz tenue.

—Valentina —dijo—. ¿Por qué estás aquí?

Parpadeé. Nunca me había llamado por mi nombre antes. Siempre "señorita". Nunca Valentina. No sabía por qué esa sola palabra me afectaba tanto, pero lo hacía.

¿Esos momentos entre nosotros no habían significado nada para él?

Me sentí estúpida. Me sentí patética. Estaba confundida con mis propios sentimientos.

—No quise asustarte —dijo él.

Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía oírlo.

—Estabas justo detrás de mí —logré decir—. Apareciste de la nada.

Él me observó con atención.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

Abrí la boca y luego la cerré. La respuesta honesta estaba justo en la punta de mi lengua, pero no podía decirla en voz alta.

Vine porque no puedo dejar de pensar en ti. Vine porque vi a Camila a tu lado y algo dentro de mí se rompió un poco. Vine porque necesitaba saber si todo esto significa algo para ti o si estoy completamente sola en esto.

—Yo… —No pude formar las palabras.

Él estaba demasiado cerca. Me estaba mirando fijamente ahora.

Aparté la mirada. No quería que viera lo que había en mi rostro.

Todavía estaba jugando nerviosamente con los dedos cuando él extendió la mano hacia mí.

Mi corazón empezó a latir desbocado de repente. No podía respirar. ¿Qué iba a hacer?

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