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Boda en la corte

作者: Seraphic
last update 公開日: 2026-10-18 21:23:10

Charlotte hizo una pausa y frunció el ceño mientras se volvía para mirar a la mujer a los ojos. Sí, había aparecido en las noticias, pero nadie sabía quién era realmente su esposo. Michael nunca la había llevado a ningún evento ni la había presentado como correspondía, ni siquiera cuando ella le rogó que le permitiera acompañarlo a sus cenas.

—Puedes acompañarme al registro civil —continuó la mujer con calma, como si estuviera hablando de algo cotidiano—. Dime cuánto quieres, recibe tu dinero y cásate con él. Le va muy bien en la vida: tiene una casa y un negocio próspero. No tendrás que preocuparte por nada.

Charlotte guardó silencio por un momento, con la mente trabajando a toda velocidad.

Sonaba… tentador.

Demasiado tentador.

Lo único que necesitaba era dinero, lo suficiente para empezar de nuevo con su padre. Una vez que lo consiguiera, podría marcharse. El divorcio no sería un problema. Después de todo, aquello no sería más que un matrimonio por conveniencia.

Permaneció allí durante varios minutos, sumida en sus pensamientos. La realidad le oprimía el pecho. No tenía un futuro estable por delante, al menos no en sus circunstancias actuales. Su padre ya tenía suficientes problemas y trabajaba en un empleo mal pagado para poder sobrevivir. Añadirle otra carga solo empeoraría las cosas.

Por un breve instante, consideró llamarlo.

Pero se contuvo.

Ya sabía lo que le diría.

Se negaría. Le diría que aguantara, que encontrara la manera de salir adelante y que se mantuviera fuerte, tal como él siempre lo había hecho. Pero aquello ya no se trataba simplemente de resistir. Se trataba de sobrevivir.

Charlotte respiró hondo.

—Está bien —dijo finalmente, con voz firme a pesar de la tormenta que se desataba en su interior—. Lo haré. Pero, si el matrimonio no funciona, nos divorciaremos. Y, antes de nada, redactaremos un acuerdo. Todo debe quedar por escrito.

Esa era su condición.

Aceptaría el dinero, aseguraría su futuro y se marcharía si las cosas salían mal, algo que estaba casi segura de que ocurriría.

¿El tipo de hombre que describía aquella mujer? ¿Rico, exitoso y distante?

Seguramente sería arrogante.

Y los hombres así no solían ser buenos esposos.

La mujer asintió con una leve sonrisa en los labios. Sin añadir nada más, sacó el teléfono y realizó una llamada.

—Llegará pronto —le aseguró.

El corazón de Charlotte comenzó a latir más deprisa.

No sabía por qué.

Quizá fuera por el peso de la decisión que acababa de tomar.

Quizá fuera miedo.

O tal vez… algo más.

Casi una hora después, un automóvil se detuvo frente a ellas.

Charlotte siguió el vehículo con la mirada y se quedó inmóvil cuando se abrió la puerta.

Entonces, él bajó.

Por un instante, olvidó cómo respirar.

Era alto.

De complexión atlética.

Y se movía con una naturalidad que transmitía seguridad.

Había algo en él, algo imponente y frío, que le oprimió ligeramente el pecho.

No parecía alguien que necesitara recurrir a un matrimonio arreglado.

Más bien, parecía un hombre que tenía muchas opciones.

Entonces, ¿por qué seguía soltero?

—Abuela, ¿querías verme? —preguntó con voz grave y serena, mientras se acercaba. Su tono transmitía una autoridad natural.

—Sí —respondió ella, visiblemente complacida—. He encontrado a alguien para ti. Será una buena esposa. Deberían ir a registrar su matrimonio.

La mujer señaló a Charlotte con la mirada.

Él volvió los ojos hacia ella.

No había calidez en su expresión.

Solo indiferencia… y algo parecido a la irritación.

Curiosamente, aquello hizo que Charlotte se sintiera aún más segura de su decisión.

Bien.

Si ella no le gustaba, aquel matrimonio no duraría más de uno o dos meses.

Y eso le convenía perfectamente. Era solo cuestión de tiempo antes de que él le pidiera que se marchara o solicitara el divorcio. Para entonces, ella ya habría conseguido lo que quería.

Él volvió a mirar a su abuela, con una expresión indescifrable.

Así que esta es su manera de arreglar las cosas…, pensó por un instante.

Luego, sin pensárselo demasiado, respondió:

—Está bien. Procedamos.

Charlotte parpadeó, sorprendida.

¿Eso era todo?

¿Así de sencillo?

Sin preguntas ni discusiones.

Simplemente había aceptado.

La mujer sonrió radiante, claramente satisfecha.

—Bien. No perdamos tiempo —dijo, echando a andar de inmediato.

Quince minutos después, se encontraban dentro del registro civil.

Charlotte apenas había tenido tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo cuando él le tomó la mano.

Su agarre era firme.

Inflexible.

Ella intentó soltarse instintivamente, pero él apretó un poco más. No lo suficiente como para hacerle daño, pero sí para dejarle claro que no pensaba soltarla.

El corazón se le aceleró.

Caminaron juntos hasta detenerse frente al funcionario.

Solo entonces él le soltó la mano.

Sin decir una palabra, tomó un desinfectante y se limpió las manos con tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido.

Charlotte lo observó en silencio.

Arrogante.

Exactamente como había imaginado.

Pero, por alguna razón, no se sintió ofendida.

De hecho, aquello le resultó extrañamente divertido.

Les entregaron los documentos.

Dos hojas y un bolígrafo.

Charlotte los leyó detenidamente, asegurándose de que no hubiera ninguna cláusula oculta ni nada que hubieran alterado sin su conocimiento. Cuando quedó satisfecha, firmó.

Él firmó justo después, sin vacilar.

Y así, sin más…

Todo quedó hecho.

Estaba casada.

Otra vez.

Él metió la mano en el bolsillo, sacó una llave y se la entregó sin siquiera mirarla.

—Es la casa número treinta y cuatro, en Hilton Garden Park Road —dijo—. Puedes mudarte hoy o mañana. No me esperes. Estaré fuera del país.

Charlotte asintió levemente.

—Gracias.

Eso fue todo.

Sin presentaciones.

Sin conversación.

Sin emoción.

Él se dio la vuelta y se marchó.

Afuera, su abuela ya lo esperaba junto al automóvil.

En cuanto lo vio, salió del vehículo.

—¿Dónde está mi nuera? —preguntó con impaciencia.

—Está adentro —respondió él con indiferencia—. Se mudará a la casa. Ya le he dado las llaves.

El rostro de la mujer se iluminó al instante. La satisfacción se reflejaba en cada uno de sus rasgos.

Se disponía a entrar cuando él la detuvo.

—¿Adónde vas?

—Voy a llevármela con nosotros —insistió ella.

—Primero tiene que recoger sus cosas —respondió él con calma—. No te preocupes por ella.

La mujer vaciló, claramente tentada de discutir, pero al final decidió dejarlo pasar.

Charlotte acababa de tomar una decisión importante. Era natural que necesitara algo de tiempo antes de mudarse con ellos.

Con un pequeño suspiro, regresó al automóvil, emocionada por haber conseguido una nuera.

Poco después, el vehículo se puso en marcha y se incorporó a la autopista.

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