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Capitulo 29: Descubriré quien eres.

作者: JJBenitez
last update 公開日: 2026-09-16 03:02:10

Al día siguiente, Leonor se detuvo frente a la pequeña casa de ladrillo. Vestía un traje sastre gris, llevaba el cabello rígidamente recogido y sostenía una carpeta de piel negra contra el pecho. Subió los tres escalones del porche y tocó la puerta con firmeza.

La enfermera abrió tras quitar el cerrojo, observando con desconfianza la vestimenta formal de la visitante.

—Buenos días —dijo Leonor con tono seco y profesional—. Soy la licenciada Anna Miller, supervisora del departamento de auditoría
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    —Basta, Helena, la policía ya viene en camino —intervino William, aunque sus ojos pasaron de Leonor las huellas de lodo en el suelo, notando un detalle extraño—. La alarma perimetral no falló por la tormenta. Alguien cortó los cables manualmente desde el tablero interno.Tres horas más tarde, el inspector a cargo de la investigación policial llamó a William a la biblioteca. Leonor y Helena esperaban en silencio. El teléfono de Leonor vibró sobre la mesa. Ella lo tomó con rapidez, pero William interceptó el movimiento.—Pon el altavoz, Leonor. La policía necesita escuchar —ordenó William con tono cortante.Leonor se quedó en silencio un momento, tratando de disimular la tensión en su rostro.—Es solo una llamada privada, no entiendo por qué quieres que conteste en estos momentos de angustia —replicó ella, apartando el teléfono del alcance de su esposo.—¡Hazlo! —ordenó William con furia.Leonor presionó el botón con dedos ligeramente temblorosos.—Tenemos a los dos niños —dijo la voz r

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    El dolor de la incisión comenzó a intensificarse a las pocas horas de llegar a la mansión, cuando el efecto de los analgésicos de la clínica empezó a disminuir. Cada movimiento, por mínimo que fuera, le provocaba a Helena una puntada aguda en el bajo vientre que la obligaba a tensar todo el cuerpo.William se encargó de acomodar las almohadas en la cama principal para que ella pudiera quedar semisentada. Trajo los medicamentos que el médico había recetado para el postoperatorio y le tendió una pastilla junto a un vaso de agua.—Toma esto, te va a calmar el dolor en un rato —le dijo William, sentándose en el borde del colchón.Helena tragó la pastilla con dificultad. El simple hecho de tragar y respirar hondo le generaba presión en la zona de la cirugía.—Me quema por dentro —dijo Helena con la voz baja, manteniendo los ojos cerrados para concentrarse en soportar el malestar.—Es normal por la cirugía, el doctor dijo que los primeros días en casa serían los más difíciles. Quédate quiet

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    El lavado gástrico salvó la vida de Leonor. Tras dos días de monitorización constante en la clínica, el informe de toxicología confirmó la acumulación deliberada de sedantes. William, confrontado por la policía del hospital, no tuvo más remedio que admitir negligencia en el cuidado doméstico para evitar una investigación criminal en su propiedad.Apenas recibió el alta médica, Leonor regresó a la mansión en el asiento trasero del auto de William. Su cuerpo seguía débil y sus movimientos eran lentos, pero su mente estaba lúcida. El silencio durante el viaje de retorno fue absoluto.Al cruzar el umbral de la casa, Matilde los esperaba en el vestíbulo con el uniforme impecable, intentando mantener la compostura. William no le dio tiempo a hablar.—Recoge tus cosas, Matilde. Estás despedida —sentenció William con voz gélida.—Señor William, yo solo seguí sus...—Fuiste descuidada. Casi dejas que se muera bajo tu supervisión y pusiste a la policía en mi puerta —la interrumpió él, cortando

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    Durante dos semanas, Leonor repitió la misma estrategia con cada dosis. Ocultaba la pastilla bajo la lengua y luego la guardaba en la ranura del cabecero de la cama, donde se acumulaban. Para engañar a Matilde durante las revisiones, contenía la respiración o se agitaba antes de que la enfermera entrara, alterando su ritmo cardíaco. Sabía que no podría mantener la farsa por mucho tiempo, pues Matilde la vigilaba de cerca. Necesitaba conseguir que la enfermera saliera de la casa.En la planta baja, William se concentraba en Helena, quien se encontraba en los últimos días de su embarazo. El parto sería mediante una cesárea programada. Aquella tarde, Helena descansaba en un diván de la biblioteca. William entró con una taza de té, se sentó a su lado y le acarició el cabello. Ella abrió los ojos y le sonrió.Por un instante, William recordó a Alicia, su difunta esposa, al ver aquella sonrisa. Apartó el pensamiento de inmediato.—Te ves cansada, mi amor —dijo William—. ¿Cómo te sientes?—

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