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Te abandoné con tu bebé
Te abandoné con tu bebé
Author: Linda Selva

Capítulo 1

Author: Linda Selva
—Amor, nuestra niña cumple un mes hoy, ¿puedes venir a recogernos?

Victoria Lima abrazaba a su hija, y su tono sereno escondía una tímida esperanza.

Al otro lado de la línea, la voz de Daniel Fernández sonaba neutra, impasible:

—Tengo algo inesperado.

—Mandaré al conductor para que las lleve a casa.

Durante el parto y su recuperación, él siempre estaba ocupado con el trabajo, sin aparecer nunca.

Y ahora que su hija cumplía un mes, seguía sin poder estar presente.

Victoria sintió un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a la fuerza.

—Está bien, lo entiendo.

—Eres una persona independiente, Victoria.

—Criar a un bebé no es nada para ti.

—Ánimo, eres la mejor madre.

Tras esas palabras, Daniel colgó.

Ese tono de jefe animando a un subordinado le atravesó el corazón como una aguja.

En ese momento, sonó el celular.

Era Jorge Quijas, un amigo de Daniel.

—Algo me surgió hoy, lo siento, no podré ir a la fiesta en el Hotel Estrella.

—¡Felicidades por el varoncito!

¿Fiesta de mes?

¿Varoncito?

Victoria no entendía nada.

Intentó preguntar, pero Jorge ya había colgado.

Su celular vibró: Jorge le envió una foto de unos artículos infantiles de lujo.

Pero, en menos de un minuto, la imagen fue eliminada.

—Perdona, me equivoqué.

—No habías sido tú quien dio a luz.

Jorge envió rápidamente un mensaje de voz pidiendo disculpas, seguido de más de una decena de emoticonos de "lo siento".

De pronto, Victoria sintió que algo no cuadraba.

Una sospecha terrible comenzó a formarse en su mente.

A las once de la mañana, Victoria, envuelta en una chaqueta negra, gorra y mascarilla, se plantó frente al salón de eventos VIP del Hotel Estrella en Ciudad Haye.

La entrada bullía de gente.

A la puerta, un enorme cartel con la foto de un bebé rezaba:

"Celebración del primer mes de Carlos Suárez."

Victoria no reconocía a ningún invitado.

"Me habré equivocado", pensó.

Estaba aliviada, y se dio vuelta para marcharse.

Pero entonces, una voz familiar sonó a sus espaldas:

—Acabas de recuperarte, déjame a mí.

—Le he preparado un regalo muy especial para su mes.

Victoria se detuvo en seco.

Se volvió bruscamente y, no muy lejos, vio a un hombre tomando con cuidado a un bebé de los brazos de una mujer.

Ese hombre era Daniel, su esposo, de quien no había tenido noticias en todo un mes.

La sangre pareció helársele en las venas.

Lo miraba, estaba incapaz de creer lo que veía.

La voz dulce de la mujer llegó a sus oídos:

—Eres increíble con Carlos y conmigo, Daniel.

—Me acompañaste todo el embarazo, me preparabas comidas ricas.

—Estuviste en el hospital cuando nació, y ahora me cuidas durante la recuperación.

—Cuando Hugo vuelva, estará muy agradecido por todo lo que has hecho por nosotros.

—Eres mi prima, Lara, y Hugo es mi mejor amigo.

—Era lo mínimo que podía hacer en su ausencia.

El corazón de Victoria se encogió con un dolor agudo, como si la sumergieran en un pozo de hielo de pies a cabeza.

¿Así que, durante casi un año, Daniel no estaba ocupado con el trabajo, sino cuidando de la esposa de su mejor amigo, Lara Silva?

Los dos, con el bebé en brazos, entraron riendo al salón de fiestas.

El celular vibró de nuevo.

Victoria lo abrió con torpeza.

Era un mensaje de Daniel:

"Ánimo, sé una mamá fuerte."

"Termino lo mío esta noche y vuelvo a casa, te lo prometo."

Al leerlo, y contrastarlo con la escena de ternura que acababa de presenciar, solo sintió una enorme y amarga ironía.

Sin poder evitarlo, repasó los mensajes anteriores de Daniel, que desfilaron ante sus ojos:

"Octavo mes de embarazo y aún entregaste a tiempo los planos de la Torre Cielo de Ciudad Haye. Eres increíble, te felicito."

"¿Ya cinco meses? Llevas el embarazo con tanta facilidad, nada que ver con otras mujeres exageradas, estoy orgulloso de ti."

"Te veo con buena energía, sin náuseas."

"Un poco más de carga de trabajo no te vendrá mal, ¿no?"

"Ánimo, solo confío en ti para supervisar los diseños."

***

En realidad, durante todo el embarazo, Victoria había sufrido náuseas, hinchazón, subidas de tensión, mareos... todo.

Fueron esos "ánimos" de Daniel, uno tras otro, los que la mantuvieron en pie.

Del embarazo al parto, no había descansado más de dos días seguidos.

En su interior, a veces dudaba que Daniel la trataba como un jefe, sin la delicadeza y el cuidado que espera una esposa.

Pero así era su dinámica, era lo que conocía. Él era así con todos.

Ella creyó que simplemente era así.

Hasta ahora.

Hasta ver con sus propios ojos cómo tomaba con sumo cuidado al bebé de los brazos de otra.

Hasta escuchar su tono suave y preocupado, verlo sostener con cautela la cintura de esa mujer, temiendo que se cayera.

Entonces, de repente, lo entendió.

Él sí sabía ser tierno.

Solo que, esa ternura, no era para ella.

Esa certeza le desgarró el corazón como si alguien lo hubiera partido con las manos desnudas.

Un dolor que la hizo temblar.

Sin darse cuenta, se dejó llevar por la corriente de invitados y entró en el salón.

Necesitaba ver con sus propios ojos qué clase de sorpresa había preparado su esposo para otra mujer y el hijo de otro.
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