LOGINLa imagen de Daniela pasó, en un instante, de ser aquella chica frágil y mimada por los doctores, a convertirse en la amante que todo el mundo señalaba y despreciaba.Al ver que tanto Daniela como Sebastián y Santiago habían sido duramente criticados por los internautas hasta hacerse viral, mi mejor amiga y yo sentimos una satisfacción que hacía mucho no experimentábamos.Mientras tanto, yo estaba llamando para consultar si todas esas pruebas bastaban para denunciar a Daniela por daños intencionales, cuando de pronto ella empezó a bombardearme con mensajes y llamadas, completamente fuera de sí. En el teléfono gritaba como una loca, chillando histéricamente, exigiendo que borrara la publicación de inmediato.Colgué sin decir nada. Luego gasté dinero para impulsar la publicación con tráfico y cuentas falsas, hasta llevarla directamente al primer lugar de las tendencias.Mi mejor amiga y yo acordamos ver por última vez a Sebastián y Santiago, en la misma cafetería donde nos habíamos c
Por un momento, me costó creer que el hombre que tenía delante, fumando y sosteniendo una botella de licor vacía, fuera Sebastián. Se frotó los ojos y, cuando vio que realmente era yo, apagó el cigarrillo con prisa. Caminó hacia mí; ni siquiera se había afeitado, tenía la barba crecida.Me burle de él, y le dije:—Sebastián, ¿cómo te has dejado caer tan bajo?Él apretó los labios y las lágrimas comenzaron a deslizarse una tras otra por su rostro.—Lo siento, Valeria… No sabía que ese día tu dolor de estómago era de verdad. Pensé que no era nada… pensé que era que tú…—¿Pensaste que era una forma de competir con Daniela por tu atención? ¿Que yo la estaba atacando a propósito?Sebastián apretaba sus manos con fuerza. Una lágrima tras otra rodaba desde sus ojos, y su voz se quebraba por el llanto.—Lo siento, Valeria… No lo sabía. Como Daniela es huérfana y no tiene a nadie que se preocupe por ella, me daba lástima…por eso la trataba como a una hermana. Pero de verdad, la única p
En realidad, algunas mentiras eran tan torpes que resultaban evidentes. Pero aun así, Sebastián y Santiago siempre nos dejaban sin dudar para ir a acompañar a Daniela.Tal como ahora.Aunque Sebastián me abrazaba y me suplicaba que lo perdonara, cuando vio la herida en la muñeca de Daniela, noté que en sus ojos todavía brillaba un destello de preocupación por ella.Ella se mordía el labio inferior, fingiendo ser una pobre e inocente víctima.Al verla así, una ola de náuseas me revolvió el estómago. Comencé a separar uno por uno los dedos de su mano que me sujetaban y lo miré con frialdad.—¿No va a ir a salvar a su Daniela, señor Alcázar?Al verme tan distante, una expresión herida apareció en su rostro. Pero Daniela estaba en medio de la calle, llorando desconsoladamente mientras gritaba los nombres de ellos dos.Sebastián me miró y murmuró en voz baja:—Lo siento.Al final, corrió hacia Daniela, se inclinó y la levantó en brazos. Antes de irse, me miró con culpabilidad por u
Elena muy fríamente y llena de desprecio le contestó a Santiago:—¿No es evidente? El bebé ya no está.Santiago se quedó helado, miró a Elena con incredulidad y, cuando habló, su voz temblaba sin poder controlarlo. —¿Qué dijiste? Me estás mintiendo, ¿verdad?Sus ojos se pusieron rojos y, su voz se volvió ronca.—Imposible… ¿cómo pudiste haber perdido el bebé? ¿Acaso tú y Valeria se pusieron de acuerdo para engañarnos a mi hermano y a mí?Elena soltó una risa burlona, con total indiferencia.—¿No fue el gran doctor Alcázar, que estaba tan apurado por ir a atender a alguien más, quien hizo que el bebé de Valeria perdiera su última oportunidad de sobrevivir? ¡Por culpa de él, a Valeria incluso tuvieron que quitarle el útero! ¿Ahora sí están satisfechos, tú y tu hermano?Apenas Elena terminó de hablar, Sebastián ya ni siquiera se preocupaba por Daniela. Se acercó rápidamente y me sujetó de los hombros, su voz se volvió ronca.—Valeria… esto no es verdad, ¿cierto? Es mentira… ¿ver
Le respondí de inmediato:—¿Muy ocupado? ¿Ocupado viajando, escalando montañas, contándole cuentos a Daniela?Mientras le contestaba se me apretó el pecho, y el corazón me dolía tanto como si mil agujas lo atravesaran.Sebastián se quedó atónito por un momento, luego me contestó, se notaba claramente su incomodidad. —Daniela es mi paciente. Todo lo que hago es para que pueda recuperarse lo antes posible. Para un médico, el paciente es lo primero. ¿Podrías dejar de competir con ella todo el tiempo?Solté una risa burlona.—No te preocupes. Mañana nos vemos en el registro civil. Cuando el divorcio esté firmado, podrás hacer lo que quieras. No volveremos a vernos jamás.Después de decir eso, colgué el teléfono y lo bloqueé otra vez.A la mañana siguiente, Elena y yo llegamos temprano al registro civil. Pero inesperadamente vimos a Daniela. Llevaba un vestido blanco, la reconocí enseguida, pues era el mismo que Sebastián le había regalado. Incluso había presumido de él en sus rede
Solté una risa llena de rabia.—¿Que yo me disculpe? ¿Por qué tendría que hacerlo? ¡Fuiste tú quien me dejó sola en la calle bajo una fuerte tormenta! Sabías que me dolía el vientre y aun así me abandonaste ahí… ¿y ahora quieres que sea yo la que “madure”? No te preocupes. En cuanto firmes, les dejo el camino libre. Cómprale todos los vestidos que quieras, los que se te antojen. Ya no tendrá nada que ver conmigo. No volveré a interponerme en sus vidas.No quería seguir escuchándolo. Justo cuando iba a colgar, su voz estalló al otro lado de la línea.—Valeria, ¿estás mal de la cabeza? Le compré ese vestido a Daniela porque está enferma, para que se sienta un poco mejor. En cambio tú, embarazada y gorda como una cerda, dime… ¿qué vestido te va a quedar bien? Usas mi dinero, vives en mi casa, ¿y todavía no estás conforme? Solo no te llevé al hospital, ¿no que estabas tan grave? Bien que tuviste fuerzas para mandarme el acuerdo de divorcio. ¿Qué pasa? ¿Ya no sabes qué inventar? Te lo ad







