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Capítulo 9

Author: Sra De Taker
last update publish date: 2021-07-20 04:02:59

Holmby Park.

Los Ángeles-California.

Nathan.

¿Las citas son para impresionar a la chica que te gusta? Según mi hermano, sí. Entonces, ¿por qué yo no he impresionado ni un poco a Natasha? Desde el primer día que la vi noté un cierto temor de parte de ella hacia mis amigos y yo. 

¿Desde cuándo me gusta Natasha? Podría decirse que desde que ella era una niña. La veía de lejos, pero por ser mayor que ella y no tener hermanas, creí que tenía complejo de hermano. Ella entró a la secundaria y yo me fui a trabajar lejos, por eso no logramos coincidir, no llegamos a hablar o a entablar una amistad.

No me hice conocer, solamente me alejé de ella.

No voy a negar que llegamos como los matones en manada a saludar a sus tíos y comprendo su temor hacia nosotros, pero siempre que vamos al restaurant es igual. A veces necesitamos normalidad y por eso llegamos, nos sentamos, hablamos con sus tíos un rato, comemos y nos vamos. La vida que llevamos mis amigos y yo no es para nada fácil. Respirar otros aires, ver otros rostros, pensar en otras cosas, se convirtió para nosotros en necesidad en estos últimos años.

¿Qué tan malo es eso? 

Me costó muchísimo aceptar que Natasha me ponía nervioso en mi adolescencia y les aseguro con toda la sinceridad del mundo que aún lo hace. Me impactó ver su foto, por un momento no creía que fuera ella. No era la misma niña que en mis recuerdos vivió por algunos años. Había crecido, era toda una mujer y una mujer muy hermosa. Con solo una foto esa rusa me atrapó y puso mi cordura en juego.

Puedo rescatar a un rehén, desactivar una bomba, ir al continente más peligroso y enfrentarme a un batallón de mafiosos o asesinos, pero me pone nervioso una chica rubia de ojos cautivadores.

—Qué ironías tiene la vida —mascullo, para mí.

Y aquí estoy en una cita con una chica que solo logro asustar y para completar, me tiene los nervios a millón y muero por impresionar.

Las cosas no están saliendo de acuerdo al plan. No sé por qué con ella todo me resulta mal. No estamos sincronizados y tampoco sé por qué estoy hablando así. Debo dejar de escuchar los consejos de Dylan y Logan. 

—Nate —me llama, volteo a verla fugazmente—, ¿ya llegamos? —pregunta, haciendo pucheros.

—¿Preguntarás como nena cada 5 minutos? —asiente divertida—. Bueno, bueno, ahora mira hacia allá que ya hemos llegado —señalo su ventanilla.

Aplaudió como niña, esperó a que me estacionara y bajó del auto rápidamente. Se volteó al darse cuenta de que no la seguía cuando empezó a caminar. Detuvo el paso y me esperó a que me acercara para entrar juntos al parque. Para mi sorpresa, me miraba y sonreía inocentemente. Estaba impresionada y puedo decir que se le notaba que estaba cómoda. Sus ojos brillaban y por primera vez desde que estamos solos, la puedo ver totalmente relajada.

«¿Está feliz? ¡La hice feliz!», pensé, emocionado.

—¡Bienvenida a Holmby Park, Natasha! —sonrió—. Espero disfrute su estadía conmigo —usé mi voz de presentador.

Comenzó a reír y a caminar de espaldas, me veía y hacía señas para que me volviera a acercar.

—El niño sabe como hacer bromas —alzo una ceja—. Sabía que esa seriedad tenía un límite. Ven, ponte a mi lado y presume que andas con una chica que camina de espaldas —se detiene, esperando por mí. 

Niego con la cabeza mientras aguanto la risa.

—¿Debo presumir que ando con una chica que camina como los cangrejos? —pregunté, sonriendo ella asiente obvia—. Vale, vamos a las mesas que están por allá —señalo hacia unas bancas que están en el fondo.

Me mira raro mientras caminábamos hacia las mesas le había señalado.

—¿Te molesta estar rodeado de gente? —preguntó.

—¿Por qué lo estaría? —contesto, quitándole importancia.

—Ja, me respondes con una pregunta —sonrió, con ironía. 

Aquí vamos otra vez…

—No, solo estoy pensando en que quieres comer —suspira, sentándose de mala gana en la banca—. ¿Quieres comer algo, niñita malcriada? —pregunto, al ver que se queda callada.

Me causa ternura.

—¿Hablo con una muda? —asiente, intentando no reírse—. ¿Qué quieres comer, Natasha? —se encogió de hombros, sonreí y no sé por qué—. ¿Sabes qué actúas como niña malcriada? —asiente divertida—. Iré a comprar algo. Espérame aquí y no hables con extraños —suelta una pequeña risa en forma de confirmación.

Me fui en busca de algún lugar donde pudiera comprar comida. Natasha definitivamente es una niña grande y realmente estoy bastante impresionado con respecto a ella. Es inocente, frágil e ingenua. Siento un profundo deseo de protegerla de todos y de todo. Parece tan delicada, tan fuera de este mundo, que para ser honesto, esta historia no le pertenece a ella. Natasha debió pertenecer a un cuento de princesas, no a uno de policías y ladrones.

Ella no merece esto.

Temo que reaccione mal cuando comience a sospechar acerca de mí o mi trabajo. Aunque sé que eso es lo de menos, estoy empezando a sentir más miedo por todo lo que se le aproxima. Quisiera poder llevármela lejos para que no tenga que sufrir, pero las mentiras tienen patas cortas y si todos los que la rodeamos pasamos por un detector de mentiras, lo más probable es que ninguno pasemos la prueba.

Suspiro mirando al cielo y no hay ni una sola nube a su alrededor. Todo se ve calmado y sereno. Es tan diferente a lo que vivo a diario y tan ajeno a mi realidad que me resulta agobiante.

—Espero que el día que todo cambie tú estés también así de tranquilo —presiono mis labios—. Desearía que mi misión hubiese sido otra. Ella me va a odiar, pero tú debes estar ahí para darle el calor va a necesitar —susurro, al aire, al cielo o a quien me quiera escuchar.

Terminé por comprar unos nachos con queso y dos tés helados. No había mucha gente en la fila para comprarlos. De regreso al lugar donde la había dejado hay un chico muy feliz hablando con ella.

—Llegaron los buitres —espera un momento, ¿esa voz es de mi cabeza? 

Una ola de calor y rabia se apodera de mí. 

M****a, ¿tanto me gusta Natasha? Si la asusto porque respiro, no me quiero imaginar cuando le diga que estoy empezando a sentir cosas por ella.

Llego a donde están y la veo reírse sin ningún problema con el sujeto ese. Carraspeo un poco, ella me ve sonriente y yo me sorprendo al ver quien es el idiota que la acompaña.

No puede ser cierto.

—¿Interrumpo algo? —les pregunto, con una fingida sonrisa, dejando los nachos y el té helado en la mesa.

Necesito tiempo para prepararla es muy pronto.

—Para nada —contesta—, le estaba diciendo a Andrey que no podía ir a comer con él porque estaba acompañada.

M****a, el ruso ya la consiguió.

—Comprendo —veo al sujeto—. Andrey, ¿quieres hacernos compañía? —hago énfasis en su nombre—. Te pregunto por qué yo —me señalo—, soy su acompañante y necesitamos tiempo y espacio.

Le sonríe a Natasha mientras me da una mirada de diversión.

—Perdóname, preciosa —su acento ruso me cabrea—. No sabía que tenías un perro faldero —se burla—. Tenemos nuestras leyes y no acostumbramos a esperar por ustedes.

—Andrey, ¿a qué te refieres? —pregunta, dudosa viendo al tipo.

—Que nos cansamos de esperar por tu perro guardián —se levanta de la banca—. El tiempo y el espacio que pides está haciendo que nuestro líder pierda la paciencia.

—Nathan, ¿de qué está hablando? —imita a Andrey, levantándose de la banca y mirándome con miedo—. ¿Alguien puede decirme qué está sucediendo aquí?

—Nada —respondo, haciéndola exasperar—. Andrey, vete. No es el momento ni el lugar indicado.

—Eso no lo decides tú —me mira con odio—. Familia es familia y la están reclamando de vuelta —tenso la mandíbula—. Ella debe…

No lo dejo terminar de hablar cuando le suelto un puñetazo en el ojo, haciéndolo tambalear. Cae al suelo y me le voy encima para seguirlo golpeando. Él me regresa los puñetazos por el rostro en varios intentos por defenderse. Escucho a Natasha gritando y pidiendo ayuda. Iba a dejar al imbécil del ruso libre, pero este me da un golpe en la nariz. 

Grave error, amigo.

—¿Será imbécil? Pega como bebé el ruso —¿es mi conciencia? 

No sabía que tenía una.

—¡Deténganse, por favor! —desesperada, oigo gritar a Natasha—. ¡Por favor, alguien que los detenga! —veo de reojo que varias personas se acercan.

Más amigos de Andrey vienen disfrazados de seguridad. Nos separan como pueden y él muy imbécil quería recibir más. Si no es por Natasha juro que le daba la tercera ronda y lo dejaba muerto.

—¡Señores, les voy a pedir a ambos que abandonen el recinto! —espeta, serio el guardia—. Este es un parque familiar no queremos alborotadores y mucho menos espectáculos como el que acaba de pasar —me mira con diversión.

Esto no se va a quedar así.

—Lo lamento mucho, señor. Nosotros ya nos íbamos de todos modos —la tierna voz de Natasha, se escuchaba molesta—. Llévame a casa, no quiero seguir contigo aquí —pide, para luego irse hacia el estacionamiento.

¡Qué inteligente eres, Nathan Ackerman! 

Ahora si lo jodiste todo. No querrá volverte a ver en su vida. Dañaste la misión y retrocediste miles pasos con ella.

—¡Natasha! —la llamé, cuando llegué a ella.

—No quiero hablar contigo solo llévame a casa, por favor —responde, sin mirarme.

Eres un genio, Nathan.

***

El camino de regreso a su casa fue bastante tenso, silencioso y demasiado incómodo. Natasha mantuvo su mirada fija hacia la ventanilla. Intenté que habláramos, pero me ignoró y fingió estar dormida algunas veces. Lo único que se escuchaba fuertemente eran nuestras respiraciones y uno que otro suspiro por parte de ella. Detuve el auto en el estacionamiento, ella bajó sin mirarme, apague el motor y cuando me iba a bajar, me detuvo en seco.

—Espérame un momento que ya regreso —subió a su apartamento.

Me pasé la mano en el cuello mientras abría la puerta del auto. Me encerré en mis pensamientos y en las miles de idioteces que hice hoy. 

Sentía un pequeño ardor en la ceja y el labio.

—El tipito imbécil sabe dar buenos golpes —susurro, pasando mi dedo por el labio al verme en el espejo retrovisor.

No vi cuando llegó, la miraba incrédulo. Sé que dijo que volvería, pero no creí que de verdad lo hiciera. En sus manos traía un kit pequeño para curar mis heridas. Subió nuevamente al auto y cerró la puerta del copiloto con fuerza.

¿Por qué tienes que ser tan perfecta hasta molesta?

—Debo curarte aunque no quiero —explica—. Así que no te alegres porque no te lo mereces.

Sonrío internamente.

—Lo siento —empiezo a hablar con sinceridad—. En verdad lo siento mucho, no debí… 

Alza su mano en señal para que me detenga.

—Guarda silencio, debo limpiar tus heridas —me interrumpe, sin apartar la vista de la mía—. Te va a picar un poco así que aguanta —presiona fuerte la gasa en la herida de mi ceja.

¡Joder, está m****a es alcohol y arde bastante!

Tenso la mandíbula aguantando el dolor y la dejo que limpie y revise los golpes. La oigo tomar una bocanada grande de aire y trago grueso por lo que viene.

—¡¿Acaso eres un cavernícola?! —espeta muy molesta, por primera vez el acento ruso se hace presente—. No, no me respondas. ¡¿Acaso te tenías que portar como el mayor de los imbéciles y atacar como una bestia?!

Ese acento le queda jodidamente sexy.

—No soy un cavernícola —suspiro—. Estuvo mal que me fuera a los golpes, ¿pero no escuchaste lo que dijo? ¡¿Cómo va a decir que soy un perro faldero, Natasha?! No pude calmarme. ¿Qué querías, dime?, ¿querías que lo dejara hacer lo que le viniera en gana? —alzo la voz, haciéndola pegar un pequeño brinco sorprendida.

Es la peor mentira que digo.

—¡Me estás respondiendo con preguntas, Nathan! No te justifiques solo tenías que dejarlo pasar. ¡Nos sacaron del parque por culpa de tus impulsos de bestia! —alza su voz.

Definitivamente ese acento me traerá problemas. 

—No, no te estoy… ¿dejarlo pasar? —la miro con indignación—. ¿Te estás escuchando? —me mira mal—. ¡No me gustó como te habló! Es simple, ¿no te diste cuenta? —suelta un suspiro—. Pues yo sí y jamás, escúchame bien, Natasha —la señalo—. Jamás dejaré que alguien te insulte o te haga daño.

Se recuesta un momento en el asiento cerrando sus ojos. Vuelve el silencio incómodo y yo solo espero su respuesta. Pasan unos minutos que parecían eternos para luego incorporarse. Me dirige la mirada más fría que tenía y luego de un largo suspiro, vuelve a hablar.

—¿No va a mejorar verdad, mi querido cavernícola? —comenta, mi conciencia. 

¿Desde cuándo la tendré?

—Esto jamás debió ocurrir —habla con un hilo de voz—. Nunca debimos salir, Nathan. Es obvio que te comportas como una bestia en una guerra —me mira con reproche—. No está bien lo que hiciste. Llegar a los golpes y lo peor es que justificas tus acciones diciendo que es por protegerme.

—¿Lo estás defendiendo? —pregunto, niega con la cabeza—. Natasha, discúlpame, en serio no quise hacerlo. Tengo principios y no puedo permitir que un hombre le hable o mire así a una mujer —paso mis manos por mi cabello.

—¿Sabes algo? Estoy haciendo este drama por nada —suspira—. Ya está bueno. Estoy cansada y ni siquiera hicimos nada —comienza a guardar sus cosas.

—Natasha, por favor, no te vayas —tomo su mano, haciéndola verme de nuevo—. Oye, por favor, déjame explicarte. Hay cosas que necesitas saber. Déjame demostrarte que no soy como esto que viste hoy —la miro serio, deseando que me dé una oportunidad. 

¿Por qué soy tan imbécil?

—Por hoy ya te escuché y vi lo suficiente. Hubiese sido mejor ir a ver una película o tal vez hubiese sido mejor no haber salido —trago grueso—. Estoy asustada, Nate. Realmente estoy muy asustada y tengo miedo de ti —baja su mirada.

Eso me cayó como balde de agua helada. Una salida, una bendita salida y ya me estaba cortando las patas antes de volver a intentarlo.

Tragué grueso dejando de tocarla, le di una sonrisa a alguien que no me ve y debe haber salido más bien como una mueca.

—Entonces, está bien. De verdad pido disculpas por asustarte y haberte hecho pasar un mal rato conmigo —sonrío, aunque no me dirige la mirada—, pero eso es todo. No me arrepiento de más nada y mucho menos de haberte invitado a salir —alza la vista—. No volveré a molestarte por hoy y te dejaré pensar todo lo que quieras. Solo déjame demostrarte que no soy una bestia cavernícola.

Suspiro pesadamente. Ahora parezco un caballo con cada suspiro.

—Nos vemos otro día, Nathan —tomó sus cosas, bajó del auto y se fue a su departamento.

Jodí las cosas antes de que comenzaran y ahora ella me tiene más miedo que antes. Esto no va a quedar así. Primero, debo demostrarle que no soy una mala persona. Segundo, necesito que confíe en mí y por último debo prepararla para lo que se le viene.

Aunque sé que no puedo decirle toda la verdad por lo menos le mostraré quién es Nathan Ackerman y que en mí si puede confiar.

—Me gustas, Natasha. Solo espera un poco y verás —digo, mientras leo un mensaje que me llegó estando en el parque.

Enciendo el motor del auto, coloco el celular en el asiento de copiloto y me voy directo a la base.

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