LOGIN—¿Acaso estás loco?
—Es tu culpa que esté así — tiró la camisa al suelo, mientras se acercaba a ella, Sophie trataba de alejarse, cada vez que él daba un paso.
—¿Estás bromeando? — Alexis la miró enojado.
—¿Me ves riendo Sophie? —ella negó con la cabeza. — O es que solo puedes abrirte de piernas a los extraños. — Sophie jadeó horrorizada al escucharlo, ¿porque era tan cruel?, además, ¿de que mierdas estaba hablando?
—¿Qué diablos te pasa conmigo Alexis? — la risa que él le dio fue sarcástica.
—Me pasa de todo Sophie, te odio por haberme despreciado, no una sino tres veces, te odio, porque no sólo te has acostado con Yael, sino que ahora quedas con el imbécil hermano de tu amiga, eres una cualquiera, no sabes como me arrepiento de que te hayas cruzado en mi camino, porque me has hecho una persona que no soy. — Sophie a este punto no podía contener las lágrimas, cada vez que él le decía que la odiaba era como si un cuchillo se atravesara en su pecho, con el poco valor que le quedaba, decidió levantar la cabeza y salir de esa m*****a habitación.
—Puedes pensar lo que quieras de mí, pero algún te vas arrepentir. — pasó decidida a un lado de él, pero en cuestión de segundos estuvo atrapada entre la puerta y el pecho de él, su cara estaba pegada en la puerta, su respiración era agitada, estaba asustada.
—Ahora no es momento de que quieras jugar hacer una mujer digna, es momento de que complazcas a tu esposo. — las manos de Alexis empezó a recorrer el cuerpo de Sophie, que aunque estaba asustada, el muy desgraciado de su cuerpo respondía a las caricias suaves y sensuales de Alexis. — voy a enseñarte que puedo ser mejor que cualquiera con el que te hayas acostado, puedo llevarte a ver las estrellas.
Sophie lloró en silencio, ella deseaba estar con él, pero por amor, no porque él pensaba que era una cualquiera, no por demostrar que podía ser el mejor.
Alexis la giró y sin importarle sus lágrimas la besó, pero su beso no fue violento, por el contrario fue cariñoso, apasionado, Sophie se dejó llevar por ese sentimiento tan fuerte que sentía por él, las manos de Sophie viajaron al cuello de él, donde lo acarició suavemente y subió a su cabello el cual jaló.
Alexis no tenía sus manos quietas, recorría el cuerpo de su esposa, de arriba a bajo, llevó una de sus manos al cierre del vestido, el cual abrió lento, él poco a poco quitó el vestido dejando a Sophie solamente con una tanga de encaje, y un brasier sin tiras, sus ojos la recorrían de arriba abajo, el solo pensar que ya otro había gozado el cuerpo de su esposa le hirvió la sangre por lo que volvió a besarla, pero esta vez fue violento, la pasión y el deseo gobernaban los sentimientos de Alexis, Sophie no pensaba en nada al sentir tanto deseo en ella.
Alexis la llevó hasta la cama, donde la acostó, sin querer esperar más estar dentro de ella se quitó su ropa quedando completamente desnudo.
—Ahora serás mía Sophie — su voz ronca cargada de deseo, hizo que Sophie jadeara, pero todavía era consciente de lo que estaba a punto de pasar.
—Alex… hay algo que debo decirte — Alexis no quitaba sus ojos del cuerpo de Sophie, se encontraba sediento de su cuerpo, ardía en deseo.
—Ahora no me interesa lo que tengas que decir, solo quiero que cumplas con tu deber — Sophie cerró las piernas pero Alexis se las abrió de un golpe, y de un rápido movimiento rompió la bragas, Sophie jadeó, Alexis hipnotizado por ese flor rosada entre la piernas de su esposa, llevó su boca y la chupo, degustó como si fuera un caramelo, Sophie, gemía de placer, ese hombre sabía lo que hacía, poco después sintió como definitivamente era llevada a las estrellas.
Aún están en trance cuando sintió el falo de Alexis en su entrada, abrió los ojos de golpe, pero no le dio tiempo a decir nada porque él entró de un movimiento rápido dentro de ella, haciendo que gritara por el dolor.
Alexis en ese momento no se dio cuenta de lo que había pasado, estaba metido en su propia burbuja de placer, eran tan malditamente estrecha, que se sentía en el puto cielo, era algo delicioso el placer que ese lugar oscuro y pegajoso le daba a su pene, empezó a moverse rápidamente porque sentía que en cualquier momento llegaría a un orgasmo.
Sophie al principio sintió dolor, pero poco a poco, ese dolor fue reemplazado por placer, uno que no debía de sentir por cómo estaban pasando las cosas, pero pronto llegó al segundo orgasmo de la noche, para que luego Alexis llegar a un orgasmo que nunca había sentido.
—Vaya — dijo Alexis saliendo de ella y acostándose al lado de Sophie — has sido increíble — a pesar de cómo había sido todo Sophie se sintió alagada y sonrió — con razón tienes a todos los hombres vueltos locos — Sophie se giró para mirarlo dolida por su palabras, trató de levantarse, para largarse a su habitación en donde quería llorar, pero él no la dejó. —¿a dónde vas? La noche apenas comienza, así que te quiero de cuatro.
Esa noche Alexis y Sophie lo hicieron de todas las formas posibles, a pesar de que Alexis fue rudo y apasionado, Sophie no pudo evitar llegar a un orgasmo cada vez que lo hacían, en eso se había convertido su rutina durante casi un mes, un mes donde cada vez que peleaban terminaban teniendo sexo y luego ella llorando sintiéndose vacía en su habitación.
Alexis seguía comportándose con un imbécil, ni siquiera había notado que era virgen, porque la sangre de la sábana no la había notado, y en su pene había desaparecido de tantas veces que tuvieron relaciones, ella misma había quitado las sábanas y había puesto nuevas.
Sophie tenía días sintiéndose extraña, sabía que habían tenido mucho sexo y sin protección, aunque no quería tenía miedo de estar embarazada, ya que en una semana ella sería libre, pero con el miedo recorriendo su ser, decidió comprar dos pruebas de embarazo las cuales se había decidió hacerse en el trabajo.
Después de esperar el tiempo correcto Sophie miró las pruebas y en ambas las dos rayitas estaban muy bien marcadas, negaba con la cabeza, mientras pensaba qué diablos iba hacer ahora.
—Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumpleaños Ava, feliz cumpleaños a ti — todos aplaudían felices, mientras celebraban el tercer cumpleaños de la más pequeña en la familia Black, el pequeño Liam tenía 5 años de edad, era un hermano sobreprotector que amaba a su hermana.Alexis estaba feliz y completo con la familia que tenía, luego de que Yael hubiera muerto a manos de él, tuvo que pagar mucho dinero para que no saliera a la luz, porque aunque fue en defensa de su esposa, muchos querían otra cosa, pero nadie podía ganarle a Alexis Black.La pequeña Ava eran sus ojos, ella era su princesa, desde ya sufría cuando algún niño se le acercaba, lo bueno era que Liam se ponía en medio y los espantaba, el problema era su amada esposa, que cuando se daba cuenta de los que hacían se molestaba y hacía lo que p
Alexis todavía no podía creer lo que Sophie le había dicho no podía ser verdad, algo no estaba bien, debía confiar en ella y en ese amor que sentían, no iba a volver a dudar de eso, le había dicho que fuera a casa, habló como si ella no estuviera en la casa, su corazón empezó a latir muy rápido, ella podría estar en peligro.En cuanto llegaron al lugar que Hannah les había dado Alex saltó del auto de un brinco y corrió a la puerta, la policía lo detuvo, para poder adentrarse ellos, en cuanto tocaron la puerta, Robert abrió sin fijarse, y al ver a la policía se asustó y empezó a correr y dirigirse a la puerta traerá, sin contar, que ya lo esperaban varios de los policías, cuando se detuvo e iba a dar media vuelta, Alexis lo alcanzó y sin verlo venir cayó al suelo de un derechazo por medio de Black.
—¿Qué es lo que quieres?—A ti cariño, siempre te he querido a ti, puedo devolverte a tu hijo si te vienes conmigo y dejas a Black, no quiero que él sepa nada, soy capaz de matar a todos— la mente de Sophie empezó a mil por hora, debía hacer algo, no podía dejar que nada malo le pasara a su hijo, y debía hacer que Alexis supiera la verdad sin que saliera herido.—Haré lo que digas pero quiero que me prometas que no le harás daño a Alex. — Yael gruñó al oírla.—Por culpa de él no me amaste como debías, no puedo prometerte nada, incluso ese mocoso te va a recordar a él y eso no me gusta.—¡No! — dijo asustada. — te prometo que no va hacer así, puedes verlo como tu hijo, puedes criarlo a tu manera, él va a llamarte papá — dijo Sophi
Alexis había firmado los papeles, había escuchado a un doctor hablar sobre la depresión posparto y de los cuidados que quizás tenían Sophie y el bebé, y justo ahora iba con una nueva mudada de ropa que le había traído Daniel, a la habitación, quería darse cuenta un baño y esperar una hora para ir a casa. Decidió mandar a su eficiente guardaespaldas a que comprara vitaminas para Sophie, entre otras cosas para llevar a casa, debía estar seguro de que su familia estaría bien.Antes de llegar a la habitación escuchó un grito desgarrador, que lo hizo correr, cuando abrió la puerta y entró vio a Sophie llorando desconsoladamente casi encima
Alexis iba conduciendo lo más rápido que podía, mientras Sophie hacía respiraciones profundas, su dolor cada vez aumentaba, aunque estaba feliz que su hijo naciera, así podría conocerlo al fin.—Hemos llegado amor — Alex bajó del auto, para luego ayudar a Sophie a hacerlo, la tomó en brazos y de inmediato pidió que lo atendieran, dos enfermeras llegaron de inmediato con una silla de ruedas.—Usted debe esperar aquí señor, le avisaremos cuando pueda entrar. — Alexis de mala gana asintió, mientras se llevaban a Sophie, el llamó a sus suegros, sus padres, a su hermana y su mejor amigo, también llamó a Daniel, para que llegara y le dijera a Teresa. Sabía que todos querían estar en el nacimiento de su hijo.Empezó a caminar de un lado a otro, necesitaba saber que pasaba, quería entrar y ser el a
—Alex, amor, detente por favor — dijo mientras iba casi corriendo detrás de él.Alexis se detuvo y respiró profundo, no podía volver a equivocarse, no podía retroceder.—Amor te juro que no quise sonar así como sone — dijo confundida, no sabía qué hacer o decir para no meter las patas.—¿Y cómo querías sonar? ¿O mejor me explicas qué sentiste al recibir esa noticia? — Sophie lo miró a los ojos y vio como él se controlaba, pero los celos no podía ocultarlos aunque quería, por lo que respiró profundo y lo abrazó fuertemente antes de empezar hablar, él correspondió a su abrazo, la pegó a él sin querer soltarla.—Sí estaba un poco sorprendida, pero no por lo que ellos hagan o dejen de hacer, sino me sorprende él como una p







