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CAPÍTULO 136: EL HOMBRE DE LA LIBRETA

last update publish date: 2026-10-21 10:01:16

POV MIREYA

El timbre sonó a las nueve en punto.

Yo estaba en la cocina, amasando un pan para hornear. El sonido me atravesó como un pinchazo. Renato estaba en el salón fingiendo que le leía un cuento a Leo. Nos miramos con miedo.

—Voy yo —dijo.

Fué hacia la puerta, mientras yo me quedaba de pie en la cocina, con las manos llenas de harina, sin poder moverme.

Escuché en la puerta la voz de un hombre, con un tono bajo y formal. Luego sentí los pasos de Renato y el hombre llegando a la sala.

El se
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  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 141: EL SILLÓN PRESIDENCIAL

    POV RENATOManejé hacia la corporación Varela con las manos aferradas al volante con fuerza. Eran las ocho de la mañana y yo solo sentía una furia corriendo por mis venas.La noche había sido un infierno, el inspector Martínez se había marchado de la casa a las siete de la mañana, guardando su libreta de cuero negro en el maletín sin decir una sola palabra. La imagen de ese burócrata abriendo la puerta de nuestra habitación a mitad de la noche, atrapándome con Mireya en una postura rígidamente ensayada bajo la excusa de buscar un vaso de agua, me seguía quemando la cabeza. El maldito nos había pescado actuando, lo sabía, y yo no iba a quedarme de brazos cruzados esperando a que destruyera la adopción de mi niño.Entré al edificio corporativo con paso firme. Los empleados se apartaban a mi paso, saludando en voz baja al notar la rigidez implacable de mis hombros, yo no estaba para cortesías.Subí en el elevador privado directo al piso de la presidencia, necesitaba reunirme de urgencia

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 140: POSTURA RÍGIDAMENTE ENSAYADA

    POV MIREYAEl pánico me nubló la vista, no pensé en las consecuencias, ni pensé en ponerme zapatos, ni en que el inspector Martínez seguía arriba. La vida de Lucía dependía de esos treinta segundos.Abrí la puerta principal de un tirón y salí corriendo al porche. El frío de la mañana me golpeó la cara, pero no lo sentí. Mis pies descalzos tocaron el cemento de la entrada mientras mis ojos buscaban desesperadamente el auto negro en la vereda de enfrente.—¡Espera! —grité, con la voz rota por el terror—. ¡Ya salí! ¡No le hagas nada!El vehículo encendió las luces de posición, el motor rugió con fuerza, haciendo saltar la gravilla del suelo. Antes de que pudiera dar un solo paso hacia la calle, la ventanilla trasera se bajó apenas dos centímetros. Una mano enguantada asomó por la rendija y arrojó un objeto pequeño hacia la acera.Inmediatamente, el auto aceleró a fondo, quemando llantas en el asfalto. Se perdió en la esquina de la avenida principal en un parpadeo, dejándome sola en medio

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 139: BAJO LA MIRADA DEL LOBO

    POV MIREYALos primeros rayos del sol de la mañana entraron por las rendijas de las cortinas, pero no trajeron ninguna luz a esta casa.Me desperté antes de que sonara la alarma. En realidad, dudo que me haya dormido más de una hora corrida. El cuerpo me dolía por haber pasado el resto de la madrugada en una tensión absoluta, pegada al lado derecho de la cama, consciente de cada centímetro que me separaba de Renato. Todavía sentía el fantasma de su brazo alrededor de mi cuello, ese agarre desesperado con el que me jaló hacia su pecho cuando creyó que era el inspector Martínez abriendo la puerta de nuestra habitación a las tres de la mañana.Giré la cabeza muy despacio sobre la almohada, el lado izquierdo de la cama ya estaba vacío y las sábanas de hilo blanco se sentían completamente frías.Renato ya se había levantado, me incorporé tallándome los ojos, sintiendo un peso enorme en el pecho. Recordar su confesión en la penumbra me hacía dar vueltas la cabeza. Él sabía que yo estaba lim

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    POV MIREYAEl aire de la habitación se congeló por completo.La silueta de Héctor Varela recortada contra la luz azul de su teléfono celular parecía una aparición sacada de mis peores pesadillas. Tenía esa sonrisa torcida, esa misma expresión de superioridad absoluta con la que manejaba la vida de todos a su alrededor. Estaba parado en medio de nuestro cuarto, a las tres de la mañana, sosteniendo la llave maestra de la casa como si fuera el dueño legítimo de nuestras vidas.Sentí que el corazón se me detenía. Renato reaccionó de inmediato, el brazo que tenía pasado alrededor de mi cuello se tensó tanto que pareció convertirse en una barra de acero. Se incorporó de la cama de un salto, interponiendo su cuerpo entre su padre y yo, cubriéndome por completo de esa mirada lasciva y calculadora.—¿Qué demonios haces aquí, Héctor? —la voz de Renato no fue un grito, fue un rugido bajo, ronco, cargado de una furia intensa que hizo vibrar las paredes del cuarto. Su cuerpo entero temblaba de i

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 137: LA SOGA AL CUELLO

    POV RENATOEl reloj del recibidor marcaba las cinco de la tarde en punto cuando la puerta principal se cerró.El inspector Martínez finalmente se había marchado. Había bajado las escaleras con su maletín de cuero y su carpeta bajo el brazo, dando por terminada la inspección presencial de tres días. Cualquiera hubiera pensado que ese era el momento de respirar aliviados, de soltar el aire contenido y celebrar que el verdugo había salido de nuestra casa. Pero yo conocía demasiado bien a los burócratas del juzgado de familia. Sabía que la procesión iba por dentro.Antes de cruzar el umbral, Martínez se había girado hacia Mireya y hacia mí con esos ojos que parecían dos rendijas de hielo. No se despidió con amabilidad, solo nos dejó caer una última frase que se me quedó clavada en la nuca como una espina:—Mi informe técnico para el juez de la causa se enviará recién dentro de cuarenta y ocho horas, señor Varela —había dicho, entornando la mirada con una frialdad espantosa—. El protocolo

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 136: EL HOMBRE DE LA LIBRETA

    POV MIREYAEl timbre sonó a las nueve en punto.Yo estaba en la cocina, amasando un pan para hornear. El sonido me atravesó como un pinchazo. Renato estaba en el salón fingiendo que le leía un cuento a Leo. Nos miramos con miedo.—Voy yo —dijo.Fué hacia la puerta, mientras yo me quedaba de pie en la cocina, con las manos llenas de harina, sin poder moverme.Escuché en la puerta la voz de un hombre, con un tono bajo y formal. Luego sentí los pasos de Renato y el hombre llegando a la sala.El señor era alto, delgado, canoso, llevaba camisa gris abotonada hasta el cuello. Traía una carpeta bajo el brazo y una libreta de cuero negro en la mano. Muy serio, evaluaba cada rincón de la casa antes de decir una sola palabra.—Señora Varela —dijo, y su voz sonó igual que en la entrada—. Soy Martínez y el juez me asignó para la inspección de convivencia.—Bienvenido —dije, y me sequé las manos en el delantal—. ¿Quiere pasar?Asintió, caminó por la sala tranquilamente, con la libreta abierta, tom

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