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CAPÍTULO 141: EL SILLÓN PRESIDENCIAL

مؤلف: Miguel Gonzalez
last update تاريخ النشر: 2026-10-25 09:25:25

POV RENATO

Manejé hacia la corporación Varela con las manos aferradas al volante con fuerza. Eran las ocho de la mañana y yo solo sentía una furia corriendo por mis venas.

La noche había sido un infierno, el inspector Martínez se había marchado de la casa a las siete de la mañana, guardando su libreta de cuero negro en el maletín sin decir una sola palabra. La imagen de ese burócrata abriendo la puerta de nuestra habitación a mitad de la noche, atrapándome con Mireya en una postura rígidamente
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  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 143: EL COLAPSO DEL TIEMPO

    POV RENATO—Fuera de mi oficina —dije, y mi voz sonó como el crujido del hielo ártico rompiéndose bajo el peso de una amenaza.Sostuve la mirada de mi padre con una rigidez implacable. No me importó que Héctor me mirara con esa lástima fingida que solía usar para recordarme las humillaciones del patio en mi infancia. Tampoco me importó la sonrisa de suficiencia de mi hermana Clara. En ese momento, la armadura corporativa que me había tomado años construir se estaba convirtiendo en un volcán de rabia retenida.Héctor soltó un suspiro pausado, se levantó de mi sillón presidencial con una lentitud insultante y se acomodó las solapas de su costoso abrigo negro.—Disfruta de tus últimas horas en este escritorio, muchacho —habló el viejo, caminando hacia las puertas dobles de roble con paso lento pero firme—. El lunes por la mañana el juez de familia firmará la suspensión de la custodia provisional. Te quedarás solo en el invierno de vuelta. Y esta vez, no habrá ninguna Mireya que pueda sal

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 142: EL ASEDIO AL REFUGIO

    POV MIREYAEl dije de plata en forma de ala pesaba como una tonelada dentro del bolsillo de mi abrigo.Me pasé toda la mañana caminando en círculos por los pasillos del refugio, con una angustia que me oprimía el pecho y no me dejaba respirar. Cada vez que miraba la mancha de sangre seca en el borde del metal, se me revolvía el estómago. Lucía estaba secuestrada en la cajuela de ese auto negro. Las palabras distorsionadas de la llamada telefónica seguían retumbando en mi cabeza: “Si le avisas a Renato Varela, ella no llega viva a la medianoche”.Tenía que tragarme el secreto sola, no podía llamarle a mi esposo, ni podía pedir ayuda, y el silencio me estaba carcomiendo la cordura.A mi alrededor, el centro comunitario funcionaba con esa calma tensa que precede a las peores tormentas. Dos mujeres preparaban la comida en la cocina, mientras tres niños jugaban con unos bloques de madera en la alfombra de la sala de espera. Eran treinta familias las que dependían de este techo. Treinta muj

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 141: EL SILLÓN PRESIDENCIAL

    POV RENATOManejé hacia la corporación Varela con las manos aferradas al volante con fuerza. Eran las ocho de la mañana y yo solo sentía una furia corriendo por mis venas.La noche había sido un infierno, el inspector Martínez se había marchado de la casa a las siete de la mañana, guardando su libreta de cuero negro en el maletín sin decir una sola palabra. La imagen de ese burócrata abriendo la puerta de nuestra habitación a mitad de la noche, atrapándome con Mireya en una postura rígidamente ensayada bajo la excusa de buscar un vaso de agua, me seguía quemando la cabeza. El maldito nos había pescado actuando, lo sabía, y yo no iba a quedarme de brazos cruzados esperando a que destruyera la adopción de mi niño.Entré al edificio corporativo con paso firme. Los empleados se apartaban a mi paso, saludando en voz baja al notar la rigidez implacable de mis hombros, yo no estaba para cortesías.Subí en el elevador privado directo al piso de la presidencia, necesitaba reunirme de urgencia

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 140: POSTURA RÍGIDAMENTE ENSAYADA

    POV MIREYAEl pánico me nubló la vista, no pensé en las consecuencias, ni pensé en ponerme zapatos, ni en que el inspector Martínez seguía arriba. La vida de Lucía dependía de esos treinta segundos.Abrí la puerta principal de un tirón y salí corriendo al porche. El frío de la mañana me golpeó la cara, pero no lo sentí. Mis pies descalzos tocaron el cemento de la entrada mientras mis ojos buscaban desesperadamente el auto negro en la vereda de enfrente.—¡Espera! —grité, con la voz rota por el terror—. ¡Ya salí! ¡No le hagas nada!El vehículo encendió las luces de posición, el motor rugió con fuerza, haciendo saltar la gravilla del suelo. Antes de que pudiera dar un solo paso hacia la calle, la ventanilla trasera se bajó apenas dos centímetros. Una mano enguantada asomó por la rendija y arrojó un objeto pequeño hacia la acera.Inmediatamente, el auto aceleró a fondo, quemando llantas en el asfalto. Se perdió en la esquina de la avenida principal en un parpadeo, dejándome sola en medio

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 139: BAJO LA MIRADA DEL LOBO

    POV MIREYALos primeros rayos del sol de la mañana entraron por las rendijas de las cortinas, pero no trajeron ninguna luz a esta casa.Me desperté antes de que sonara la alarma. En realidad, dudo que me haya dormido más de una hora corrida. El cuerpo me dolía por haber pasado el resto de la madrugada en una tensión absoluta, pegada al lado derecho de la cama, consciente de cada centímetro que me separaba de Renato. Todavía sentía el fantasma de su brazo alrededor de mi cuello, ese agarre desesperado con el que me jaló hacia su pecho cuando creyó que era el inspector Martínez abriendo la puerta de nuestra habitación a las tres de la mañana.Giré la cabeza muy despacio sobre la almohada, el lado izquierdo de la cama ya estaba vacío y las sábanas de hilo blanco se sentían completamente frías.Renato ya se había levantado, me incorporé tallándome los ojos, sintiendo un peso enorme en el pecho. Recordar su confesión en la penumbra me hacía dar vueltas la cabeza. Él sabía que yo estaba lim

  • UN AÑO PARA RECORDARTE   CAPÍTULO 138: LA VISITA DEL MONSTRUO

    POV MIREYAEl aire de la habitación se congeló por completo.La silueta de Héctor Varela recortada contra la luz azul de su teléfono celular parecía una aparición sacada de mis peores pesadillas. Tenía esa sonrisa torcida, esa misma expresión de superioridad absoluta con la que manejaba la vida de todos a su alrededor. Estaba parado en medio de nuestro cuarto, a las tres de la mañana, sosteniendo la llave maestra de la casa como si fuera el dueño legítimo de nuestras vidas.Sentí que el corazón se me detenía. Renato reaccionó de inmediato, el brazo que tenía pasado alrededor de mi cuello se tensó tanto que pareció convertirse en una barra de acero. Se incorporó de la cama de un salto, interponiendo su cuerpo entre su padre y yo, cubriéndome por completo de esa mirada lasciva y calculadora.—¿Qué demonios haces aquí, Héctor? —la voz de Renato no fue un grito, fue un rugido bajo, ronco, cargado de una furia intensa que hizo vibrar las paredes del cuarto. Su cuerpo entero temblaba de i

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