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Capítulo 5

Author: Hombre Sucio
Después del desayuno, llegó el chofer de Isaac. Isaac le pidió que me llevara a casa. Durante todo el camino estuve inquieta, pues temía que mi suegra me bombardeara con preguntas cuando volviera.

Había pasado toda la noche fuera.

Al llegar, me puse las pantuflas con mucho cuidado y entré. Entonces llamé en voz baja:

—¿Hola?

Contra todo pronóstico, mi suegra no estaba en casa. Respiré aliviada.

Acababa de sentarme en el sofá cuando recibí un mensaje de Isaac: “Descansa. Esta noche volveré por mi
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    Después del desayuno, llegó el chofer de Isaac. Isaac le pidió que me llevara a casa. Durante todo el camino estuve inquieta, pues temía que mi suegra me bombardeara con preguntas cuando volviera.Había pasado toda la noche fuera.Al llegar, me puse las pantuflas con mucho cuidado y entré. Entonces llamé en voz baja:—¿Hola?Contra todo pronóstico, mi suegra no estaba en casa. Respiré aliviada.Acababa de sentarme en el sofá cuando recibí un mensaje de Isaac: “Descansa. Esta noche volveré por mi Aily”.El mensaje me dejó confundida.¿Qué pretendía decir? ¿Ya me consideraba suya? No le respondí. Lo de la noche anterior solo fue un accidente; no tenía sentido seguir dándole vueltas. Además… Máximo había vuelto.Máximo pasó toda la noche viendo fútbol acompañado y, cuando volvió, tenía unas ojeras muy marcadas.—Amor... —Máximo se sentó a mi lado con toda naturalidad y me abrazó—. Hace mucho que no lo hacemos. Quiero...—¡Es de día! ¿En qué estás pensando?Lo aparté y me negué. Máximo ya

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    —¿Cómo puedes ser tan torpe? ¿Ni siquiera sabes tomar aire?—¡Isaac, eres un pervertido! —protesté, avergonzada y furiosa, mientras daba un pisotón.—Sí, sí —admitió sin rodeos—. Soy un lobo pervertido que solo quiere comerse a Aily.Pasó los brazos por debajo de los míos y me levantó con facilidad. Me llevó a la recámara abrazada a él como un koala.Isaac me recostó en la cama y se echó encima de mí.—¿Cuántas rondas querías a cambio de todo ese afrodisíaco que me diste esta noche, eh?Sus palabras me dejaron sin respuesta. Me rozó la mejilla con el dorso de la mano y luego me dio un suave toque en la punta de la nariz.—Dime… ¿qué quieres?Miré su cara, parecida a la de mi esposo, y sin pensar respondí:—Quiero un hijo…Al oírme, Isaac también se quedó atónito. Bajó despacio la cabeza, miró mi vientre plano y lo tocó como por impulso. El calor de su palma hizo que se me contrajera el vientre.—Entonces voy a darte un hijo —dijo Isaac, para mi sorpresa.Creí haber oído mal, pero despu

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