Share

Un Tecito Para No Dormir
Un Tecito Para No Dormir
Author: Hombre Sucio

Capítulo 1

Author: Hombre Sucio
Soy una mujer muy joven. Llevo tres años casada y todavía no logro quedar embarazada.

Mi suegra ya despreciaba a mi familia y, como además yo no podía darle un nieto varón, me humillaba a diario de todas las formas posibles:

—¿De qué te sirve ser bonita? ¡No me has dado ni un solo nieto! ¿No sabes provocar a tu esposo para hacerlo más seguido? ¿Tienes las nalgas de adorno?

Me machacaba sin parar con aquellas vulgaridades y yo no tenía más remedio que agachar la cabeza y obedecer.

No era que yo no quisiera seducir a mi esposo para hacerlo más seguido, sino que él no mostraba el menor interés en mí.

Lo intenté varias veces y recurrí a cuanto truco se me ocurrió, pero él seguía igual de indiferente. Al final... ni mi suegra aguantó más y me dio una receta secreta afrodisíaca:

—Dale un té en la noche y ponle esto, ¿entendido?

Asentí. Esa noche me puse un vestido sensual que antes nunca me había atrevido a usar, tomé la taza de té recién preparado y subí las escaleras.

Pero ¿quién iba a imaginar que mi esposo no estaría en el despacho y que mi cuñado, Isaac Palacios, se bebería el té sin saber lo que contenía?

Me quedé paralizada al ver a Isaac beberse de un trago una taza entera de té:

—Cuñado... tú...

Estaba tan nerviosa que me quedé sin palabras; sin querer, la mirada se me fue a su cintura firme y esbelta.

Bajo el pantalón de vestir impecable, parecía haber una bestia aterradora a punto de estallar. Isaac dejó la taza; tragó con dificultad y, con la boca seca, dijo:

—Aily, creo que este té… tiene algo raro...

Isaac tiró de su corbata con visible malestar y yo me quedé con el corazón en la garganta. Me acerqué a sostenerlo, bajé la cabeza y le expliqué en voz baja:

—Era… Era para Máximo. No pensé que te lo beberías...

—Te llevaré al hospital...

Isaac lo entendió. Me lanzó una mirada extraña y, tras un largo silencio, murmuró que sí. Lo ayudé a bajar, le abrí la puerta del copiloto y, cuando se sentó, rodeé el auto para ponerme al volante.

Tenía tanta prisa y estaba tan nerviosa que ni siquiera conseguía meter la llave. Isaac se masajeó el entrecejo y habló:

—Tranquila. Todavía puedo contenerme...

No sé qué me pasó, pero después de escucharlo volví a mirar hacia abajo.

Lo que vi me cortó la respiración y no pude evitar pensar: “¡Es enorme!”

La diferencia con mi esposo... era como el día y la noche.

Me ardieron las mejillas. Sacudí la cabeza para apartar aquellos pensamientos indecentes. Arranqué y me dirigí al hospital. Pero no llevábamos mucho tiempo en marcha cuando los gemidos de Isaac se volvieron constantes.

En aquel espacio reducido, sentía su aliento cálido tan cerca que las mejillas me ardían.

—¿Es... Estás bien...?

Apreté el volante, detuve el auto a un lado de la vía y me volví para examinarlo.

Isaac tenía las mejillas encendidas y el pecho le subía y bajaba con cada respiración agitada. En sus ojos ardía ese fuego maldito.

Cuando iba a sacar el celular para llamar al hospital, una mano grande me sujetó la muñeca. Bastó un suave tirón para que perdiera el equilibrio y cayera hacia un lado.

—¡Ah!

Tras el grito, caí de lleno en brazos de mi cuñado. Con una mano me sostenía por las nalgas y con la otra me rodeaba la cintura.

Me envolvió su intenso aroma masculino.

—Aily, ya no puedo contenerme. Ayúdame...

Antes de que pudiera reaccionar, Isaac me tomó de la muñeca y llevó mi mano despacio hacia el cinturón. La hebilla metálica se abrió con un clic. El sonido me estremeció.

Reaccioné y traté de apartar a Isaac, que ya no estaba en sus cabales:

—Isaac... reacciona. Voy a llamar al hospital...

Con una mano empujaba su pecho duro como piedra y con la otra buscaba a tientas el celular que había caído sobre el asiento.

Pero ya no se distinguía de una bestia enloquecida; me miraba como a una presa. Apenas alcancé el celular, me empujó con fuerza hacia abajo.

—Ay…

Comprendí que algo iba mal y me tapé la boca, pero no pude evitar temblar. Esa noche me había puesto a propósito aquel vestido sensual y debajo solo llevaba una tanga fina. Aquel empujón bastó para que imaginara lo enorme que era aquello... imponente... monumental...

Incluso sentí un bulto enorme que presionaba contra mí bajo la falda...

—Cuñado... —Me faltaba el aire; me temblaban los brazos y lo miraba con lágrimas en los ojos—. No, por favor... reacciona...

Isaac parecía conservar algo de lucidez; se incorporó y me abrazó:

—Aily, no voy a penetrarte, pero me siento muy mal. ¿Me dejas... tocarte un poco?

¿Tocarme? ¿Dónde...?

La vergüenza y la rabia me desbordaban; no me atrevía a imaginar más. Pero yo misma había causado todo aquello e Isaac pagaba los platos rotos sin tener culpa alguna.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 7

    Escuchar las palabras “tu esposo” me estremeció. Nunca habría imaginado, ni en sueños, que Isaac sintiera algo por mí desde hacía tanto.Incluso estaba dispuesto a hacer a un lado su orgullo y suplicarme que lo amara.Decir que no me conmovía habría sido mentira. Después de todo, era el único miembro de la familia que no me maltrataba y siempre se preocupaba por mí.Desde el día en que entré a formar parte de los Palacios, mi cuñado, tan poderoso e inaccesible, me intimidaba. Sin embargo, me defendía cuando mi suegra me insultaba. También intervenía cuando la empleada doméstica intentaba hacerme la vida imposible.Al ver la intensidad con que me miraba, me conmoví.—Demuéstrame cuánto me amas —le dije después de besarlo sin poder contenerme.Isaac se quedó inmóvil por un instante, pero reaccionó, me sujetó por la nuca y me besó con más intensidad. Sus besos encendieron mi deseo; lo rodeé con las piernas y me apreté contra su cintura firme. Isaac, desbordado por el deseo, entrelazó los

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 6

    Todos decían que Isaac era despiadado y que, cuando se ponía implacable, no perdonaba ni a su familia. Después de todo, alguien en su posición tenía que ser así. De otro modo, ¿cómo habría conseguido que la empresa cotizara en bolsa en apenas unos años?Máximo se asustó al ver la seriedad de Isaac. Rompió en llanto y empezó a suplicarle:—Me equivoqué. ¡Nunca volveré a aceptar dinero de nadie! De verdad estoy arrepentido. Por favor, perdóname esta vez.Más o menos entendí lo que sucedía. Máximo no trabajaba. Apostaba o se iba de fiesta y, cuando se quedaba sin dinero, se lo pedía a Isaac.Cuando Isaac se hartaba de él, Máximo buscaba atajos turbios para conseguir dinero. Esta vez hasta se había atrevido a aceptar un soborno destinado a Isaac. Isaac levantó la mirada hacia él y habló con calma:—Tienes dos opciones. La primera es que te envíe a prisión para que reflexiones sobre tus actos. La segunda...Hizo una pausa. Parecía haberme descubierto escondida junto a la escalera; me miró d

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 5

    Después del desayuno, llegó el chofer de Isaac. Isaac le pidió que me llevara a casa. Durante todo el camino estuve inquieta, pues temía que mi suegra me bombardeara con preguntas cuando volviera.Había pasado toda la noche fuera.Al llegar, me puse las pantuflas con mucho cuidado y entré. Entonces llamé en voz baja:—¿Hola?Contra todo pronóstico, mi suegra no estaba en casa. Respiré aliviada.Acababa de sentarme en el sofá cuando recibí un mensaje de Isaac: “Descansa. Esta noche volveré por mi Aily”.El mensaje me dejó confundida.¿Qué pretendía decir? ¿Ya me consideraba suya? No le respondí. Lo de la noche anterior solo fue un accidente; no tenía sentido seguir dándole vueltas. Además… Máximo había vuelto.Máximo pasó toda la noche viendo fútbol acompañado y, cuando volvió, tenía unas ojeras muy marcadas.—Amor... —Máximo se sentó a mi lado con toda naturalidad y me abrazó—. Hace mucho que no lo hacemos. Quiero...—¡Es de día! ¿En qué estás pensando?Lo aparté y me negué. Máximo ya

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 4

    —¿Cómo puedes ser tan torpe? ¿Ni siquiera sabes tomar aire?—¡Isaac, eres un pervertido! —protesté, avergonzada y furiosa, mientras daba un pisotón.—Sí, sí —admitió sin rodeos—. Soy un lobo pervertido que solo quiere comerse a Aily.Pasó los brazos por debajo de los míos y me levantó con facilidad. Me llevó a la recámara abrazada a él como un koala.Isaac me recostó en la cama y se echó encima de mí.—¿Cuántas rondas querías a cambio de todo ese afrodisíaco que me diste esta noche, eh?Sus palabras me dejaron sin respuesta. Me rozó la mejilla con el dorso de la mano y luego me dio un suave toque en la punta de la nariz.—Dime… ¿qué quieres?Miré su cara, parecida a la de mi esposo, y sin pensar respondí:—Quiero un hijo…Al oírme, Isaac también se quedó atónito. Bajó despacio la cabeza, miró mi vientre plano y lo tocó como por impulso. El calor de su palma hizo que se me contrajera el vientre.—Entonces voy a darte un hijo —dijo Isaac, para mi sorpresa.Creí haber oído mal, pero despu

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 3

    Nadie esperaba que mi celular sonara en ese momento.El agudo timbre del celular interrumpió el momento íntimo y me devolvió la razón. Aparté a Isaac de un empujón. Con manos temblorosas, tomé el celular que no dejaba de sonar y contesté:—¿Hola...? Mamá, ¿qué pasa?—¡Ailyn! ¿Dónde te metiste a andar de golfa a estas horas, en vez de estar en casa? Te la pasas en la calle. Con razón no quedas embarazada. ¡No sirves para nada! —gritó furiosa mi suegra al otro lado de la línea.Sus insultos me hicieron llorar. Isaac ya parecía molesto, pero, al escuchar cómo me reprendía mi suegra, apretó los puños. Antes de que pudiera responder, me arrebató el celular y le dijo:—Esta noche tenía unas cosas que hacer y bebí alcohol, así que le pedí a Aily que condujera. ¿Algún problema, mamá?Al escuchar a Isaac, mi suegra se quedó sin respuesta. Después de todo, él pagaba los gastos de la casa y ella no se atrevía a contradecirlo.—No... no pasa nada. Solo quería saber a qué hora volverán y si quieren

  • Un Tecito Para No Dormir   Capítulo 2

    Lo viera por donde lo viera, debía ayudarlo. Al pensarlo, apreté los dientes y acepté:—Entonces solo puedes tocarme un poco… No puedes hacer nada más…Isaac aceptó. Juntó la punta de su nariz con la mía y, entre jadeos, dijo algo que me hizo arder de vergüenza:—Está bien, solo voy a tocarte un poco. ¡Te prometo que no haré nada más!Al decirlo, Isaac extendió la mano hacia el tirante de mi vestido. Me eché hacia atrás y apenas alcancé a alzar la mano para detenerlo, pero Isaac tiró con fuerza y bajó el delgado tirante. Ni siquiera llevaba sostén bajo el pronunciado escote en V del vestido, ya que me había vestido así para seducir a mi esposo.Pero no imaginé que eso le facilitaría las cosas a mi cuñado. Isaac me miró con brillo en los ojos, se pasó la lengua por los labios y me tomó los pechos entre las manos como si fueran un tesoro.—Mmm… —Nunca me habían tocado así; un estremecimiento me recorrió hasta la punta de los pies.—Más… cuñado, más despacio…Muerta de vergüenza, giré la

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status