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Capitulo 40

Author: Yuni
last update publish date: 2026-09-17 12:24:39

Draven la tomó entre sus brazos con la misma facilidad con la que se toma algo que le pertenece por derecho propio, rodeándole la espalda con un brazo y sosteniéndole las piernas con firmeza, alzándola contra su pecho como si su peso no fuera nada. El camino de regreso a la mansión se sintió interminable para Cassy. Cada paso que él daba la acercaba más a aquel lugar que ahora sabía que sería su prisión: un refugio de lujo, sí, pero una jaula de oro de la que no existía llave alguna. El viento
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    El ruido de los motores se escuchó de repente entre el silencio de la madrugada. Los hombres de Draven llegaron corriendo, con las armas en las manos, y se detuvieron al ver el edificio aún envuelto en columnas de humo negro, las llamas que seguían devorando la bóveda y la figura de su jefe sentada en el suelo, con Cassy apretada contra su pecho. Se quedaron inmóviles unos segundos, hasta que Draven levantó la vista; sus ojos estaban rojos, la frente herida, la chaqueta quemada en los bordes y manchada de polvo y sangre.-Averiguadlo todo -ordenó con voz baja, dura y sin temblor, aunque se notaba la rabia contenida-. Quiero saber quién dio la orden del secuestro. Cada nombre, cada vínculo, cada rastro. Y cuando lo encuentre... lo mataré con mis propias manos. Nadie más lo toca antes que yo. ¿Quedó claro?-Sí, jefe -respondieron al unísono, y algunos se dirigieron hacia el edificio para revisar los restos, mientras otros preparaban un vehículo aparte para el regreso.Draven no esperó m

  • Un peligro llamado Él    Capitulo 50

    El viento silbaba entre las ventanas rotas del edificio industrial abandonado, llevando consigo el olor a óxido, polvo viejo y metal quemado. Draven apretó el agarre de su pistola, manteniéndola baja pero lista, y cruzó la puerta rota con pasos lentos y calculados. Cada sombra le parecía una amenaza; cada eco de sus propios pasos le recordaba que estaba solo, dentro de la trampa que le habían preparado. La oscuridad solo se rompía por unos pocos haces de luz grisácea que caían desde los agujeros del techo. Avanzó pegado a la pared, los sentidos alerta, los ojos recorriendo cada rincón, mientras en su mente no dejaba de repetir una sola cosa: Cassy.—¡Salid! —gritó con voz profunda, que resonó por los pasillos vacíos—. Estoy aquí, como pedisteis. Dejadla ir.De pronto, varias linternas se encendieron al mismo tiempo, apuntando directamente a sus ojos. El resplandor lo cegó por unos segundos. Se detuvo en seco, entrecerrando los párpados, sin retroceder. Seis hombres aparecieron desde d

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    El motor del coche rugía por la carretera oscura mientras se alejaba de la fiesta. Draven iba sentado en el asiento trasero, con la frente apoyada contra el cristal frío, pero no veía los árboles ni los faros que pasaban a su lado. Tenía el teléfono móvil pegado a la mano derecha, sin soltarlo ni un instante, y cada pocos segundos revisaba la pantalla, esperando que apareciera alguna noticia. Por el auricular iba dando órdenes secas, una tras otra, a todos sus hombres desplegados por la zona.—No dejéis ni un solo camino sin revisar —decía con voz ronca y tensa—. Mirad los desvíos, las viejas construcciones, los cobertizos del bosque. Si encontráis el menor rastro de ella, me llamáis de inmediato. No os detengáis por nada. Y recordad: no le hagáis daño a nadie hasta que yo llegue. Solo traedme a Cassy.El hombre al otro lado de la línea respondió con un «Sí, jefe» que se perdió entre el ruido del viento. Draven cortó la llamada y apretó el aparato hasta que sus nudillos se pusieron bl

  • Un peligro llamado Él    Capitulo 48

    El estruendo de dos disparos rasgó la elegancia del salón como un cuchillo afilado. Las luces de los candelabros temblaron. Las risas murieron en las gargantas. Dos estallidos secos, potentes, que rebotaron contra las paredes de mármol y dejaron a todos paralizados, con los ojos muy abiertos y el corazón detenido.Draven permanecía en el centro del salón, con la pistola aún humeante en su mano, la mandíbula apretada con una furia que parecía capaz de hacer temblar los cimientos de la casa. Su mirada recorría cada rostro, oscurecida por un terror y una rabia que nadie en aquel lugar había visto jamás en él.-¡NADIE SE MUEVE! -rugió, y su voz dominó el silencio absoluto que había caído sobre todos los presentes-. ¡MI MUJER HA DESAPARECIDO! ¡Y QUIEN SE LA HAYA LLEVADO PAGARÁ CON SU VIDA!Uno de sus hombres más cercano se acercó corriendo, con el rostro pálido y la mano sobre el arma que llevaba en el cinto.-Jefe... ¿qué ocurrió? Estamos listos. Dinos qué hacer.Draven guardó el arma en

  • Un peligro llamado Él    Capitulo 47

    Draven la guió hasta uno de los sofás más amplios y lujosos del salón, situado en una esquina estratégica desde donde podía observar cada entrada, cada movimiento, cada persona que se acercaba. Sin pedir permiso, sin darle opción a negarse, la tomó por la cintura y la hizo sentar sobre su regazo, rodeándole la cintura con un brazo con firmeza, dejando claro ante cualquiera que mirara que ella no iba a ninguna parte sin su consentimiento. Cassy se tensó al instante, incómoda con todas aquellas miradas sobre ellos, y trató de apoyar los pies en el suelo para levantarse.-Quédate aquí -le susurró él al oído, apretándola contra sí con una advertencia clara en su voz-. No me hagas repetirlo. Cuanto más intentes alejarte, más cerca te tendré. ¿Entendido?Cassy se quedó inmóvil, sintiendo la rigidez de su cuerpo contra el suyo, el calor de su respiración en su cuello, y la incomodidad creciente de ser exhibida como un trofeo ante toda aquella gente que apenas conocía. Al otro lado del salón,

  • Un peligro llamado Él    Capitulo 46

    El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo de dorado y ámbar las ventanas de la habitación, cuando Cassy se acercó a él. Llevaba horas sentada junto a la ventana, observando cómo la luz se filtraba entre los árboles del bosque, sintiendo que cada minuto que pasaba era una eternidad de silencio y aislamiento. Sabía que no podía escapar. Sabía que cualquier intento terminaría igual que las veces anteriores. Pero también sabía que si no hacía algo, si no encontraba alguna forma de llenar aquellas horas interminables, perdería la cordura mucho antes de lo que pensaba.-Draven -dijo suavemente, deteniéndose a unos pasos de él, como siempre, manteniendo esa distancia incierta que le parecía más segura-. ¿Podría... podría hacer algo? Leer, pintar, cualquier cosa. No puedo pasarme el resto de mi vida mirando las paredes. Si voy a estar aquí... necesito ocupar mi mente. Por favor.Él la miró desde su silla, con aquellos ojos grises que siempre parecían estar evaluando cada palabra, cada

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