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Capítulo 69.

Author: Kester
last update publish date: 2026-10-19 15:09:57

Kelly llevaba cinco días hospitalizada. Las heridas de su cuerpo empezaban a cicatrizar, pero su memoria aún no se había recuperado por completo. Cada vez que le preguntaban qué había ocurrido antes de que perdiera el conocimiento, la niña se quedaba en silencio, con la mirada perdida, como si estuviera buscando los fragmentos de recuerdos que faltaban en su mente.

Hoy, por fin, el médico le había dado el alta. —Pero, por favor, recuerden esto —les advirtió, mirando alternativamente a Vicktor y
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    Los pasos de Lucy resonaban apresurados sobre el suelo de mármol, cada pisada cargada de furia. Agarró con fuerza la muñeca de Amora y la arrastró fuera de la habitación de Kelly, sin darle oportunidad de hablar.—¡Lucy, no seas brusca con Elisha! —exclamó Vicktor, corriendo detrás de ellas, con la voz grave y llena de pánico.Pero Lucy no le hizo caso. Su mirada estaba fija en una sola persona: Elisha, la mujer que, a su juicio, se había atrevido a ir demasiado lejos.—Lucy, suéltame la mano —dijo Amora en voz baja, intentando liberarse, pero el agarre de Lucy era demasiado fuerte.En cuanto llegaron a la sala, Lucy empujó a Amora con tanta fuerza que esta cayó sobre el sofá. Respiraba agitadamente y tenía el rostro enrojecido por la ira desbordante.—¡Maldita mujerzuela! —espetó Lucy con dureza—. ¡Oh, así que sueñas con convertirte en la señora Caldwell, ¿eh? —Lucy sonrió con desprecio—. Mi marido está enamorado de ti, Elisha. ¡Pero no voy a permitir que una puta como tú entre en mi

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    Kelly llevaba cinco días hospitalizada. Las heridas de su cuerpo empezaban a cicatrizar, pero su memoria aún no se había recuperado por completo. Cada vez que le preguntaban qué había ocurrido antes de que perdiera el conocimiento, la niña se quedaba en silencio, con la mirada perdida, como si estuviera buscando los fragmentos de recuerdos que faltaban en su mente.Hoy, por fin, el médico le había dado el alta. —Pero, por favor, recuerden esto —les advirtió, mirando alternativamente a Vicktor y Elisha—. No la presionen de ninguna manera. Dejen que esté tranquila. Recuperará la memoria por sí sola, pero si la fuerzan, podrían empeorar su estado.Vicktor asintió lentamente. —Lo entiendo, doctor.Elisha acarició con ternura la cabeza de Kelly. —¿Lo oíste, cariño? Hoy puedes volver a casa. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Kelly. —¿Puedo volver a casa de mamá? —preguntó con inocencia.La pregunta hizo que el pecho de Vicktor se oprimiera de golpe. Miró a Amora, esperando que el

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    Vicktor miró su teléfono, que descansaba sobre la mesa. Desde que Kelly había empezado a llorar buscando a su «mamá», la habitación no había tenido un solo momento de tranquilidad. Lucy seguía afuera, caminando de un lado a otro con expresión irritada, mientras Kelly continuaba llamando a «mamá» entre sollozos.Finalmente, tras soltar un largo suspiro y con el corazón lleno de dudas, Vicktor abrió sus contactos y pulsó el nombre de Elisha.El tono de llamada sonó varias veces antes de que la suave voz de la mujer respondiera:—¿Vick? ¿Qué pasa?—Kelly… te está buscando, El. —La voz de Vicktor sonó grave—. No quiere comer, no quiere hablar, ni siquiera acepta a Lucy. No sé qué hacer.Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Amora había escuchado el llanto de la pequeña y, entonces, preguntó en voz baja:—Vick, ¿por qué está llorando Kelly?—Porque está buscando a su mamá —respondió Vicktor con voz débil—. Y a quien se refiere… a la mamá que estuvo con ella anoche, eres tú.Se p

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    El pasillo del hospital aquella noche estaba sumido en un silencio absoluto. Solo se oía el zumbido del aire acondicionado y los pasos de algunas enfermeras que iban y venían al fondo del corredor. Frente a la sala de la UCIN, Vicktor permanecía sentado, ligeramente encorvado, mientras sus dedos tamborileaban sin rumbo sobre su rodilla. Ya casi eran las once de la noche, pero Lucy aún no había regresado.Una y otra vez, el hombre intentaba llamar al número de su esposa, pero el resultado seguía siendo el mismo: estaba apagado.—Lucy… ¿adónde has ido en realidad? —murmuró Vicktor, mirando con expresión vacía el teléfono que sostenía en la mano.Antes, había llamado al servicio doméstico de su casa, con la esperanza de que Lucy ya hubiera regresado para descansar. Sin embargo, la respuesta que recibió hizo que sintiera aún más opresión en el pecho: Lucy no estaba en casa. Nadie sabía adónde había ido.En la silla de enfrente, Amora permanecía sentada en silencio, echando de vez en cuand

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