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Capitulo. 29

Autor: Belladonna
last update Data de publicação: 2026-10-01 07:33:45

Pov Alinna

Me giré. Me estaba mirando como si el resto del piso no existiera.

—Tú no comes aquí. Recoge eso y súbete ahora mismo.— ordenó, cruzando el comedor sin prisa.

—Tengo hambre. Y no pienso irme solo porque a un grupo de desocupadas les moleste verme sentada.— le respondí, sin moverme de la silla.

Cada mesa se hizo a un lado sola.

—Te lo estoy ordenando. Levántate.— dijo, incorporándome de un tirón. La bandeja quedó atrás, intacta.

—Suéltame. Puedo caminar sola. No necesitas arrastrarm
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  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 130

    PoV NikolajSalí del comedor a zancadas, con la sangre caliente y la furia latiendo en las sienes, pero antes de que pudiera cruzar el umbral hacia el vestíbulo, unos pasos apresurados resonaron detrás de mí.—¡Nikolaj, espera! —me llamó el padre de Ivania, alcanzándome con el aliento a media voz.Me giré lentamente sobre mis talones, cruzándome de brazos con una expresión dura y cortante.—¿Qué quiere? —le espeté sin rodeos—. Pensé que ya lo había hablado bastante claro allá adentro.El hombre se detuvo a un par de pasos, tragando saliva antes de hablar con una tensión evidente en el rostro.—No puedes amenazarnos con cerrar los puertos, Nikolaj. Eso fue un acuerdo histórico que hicimos tu padre cuando estaba vivo y yo; no puedes romperlo así como así ni jugar con eso.Solté una risa seca, sin una pizca de humor, y lo miré con los ojos oscuros.—Yo no estoy jugando con mis puertos, señor Ivanova. Pero su hija sí pretende jugar con mi vida y la de mi familia como si fuéramos un maldit

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 129

    PoV Nikolaj Seguí con la mirada la silueta de Alinna alejándose por el pasillo, con la furia aún ardiendo en su postura, y apreté los dientes conteniéndome para no ir tras ella. Tenía que sacarla de ahí. No podía arriesgarse a un disgusto mayor con el embarazo tan avanzado, y menos en medio de esta jaula de lobos.Volví la vista hacia la mesa, encontrándome con los ojos inyectados de rabia de Ivania, que me miraba con una mezcla de desprecio y despecho absoluto.—Por esa zorra con falta de educación fue que me cambiaste, Nikolaj —escupió Ivania, apretando los cubiertos con fuerza—. Pensé que tenías muy claro cuál era el norte de nuestra relación.—Ella solamente se defendió —le reté con voz gélida, apoyando los codos en la mesa—. Y ya te advertí que no podías faltarle el respeto bajo mi techo.—No le falté el respeto, solamente le dije la verdad —replicó ella, alzando la voz con cinismo—. Es una esclava, una cualquiera que trajiste aquí como pago de una maldita deuda y que terminó c

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 128

    PoV Alinna La mesa del comedor principal parecía un campo de minas. Los Ivanova ocupaban los asientos con una rigidez calculada. Ivania estaba sentada frente a mí, con un vestido impecable y una expresión que destilaba veneno puro. Petrova presidía el extremo opuesto, observando todo con una calma gélida y calculadora. La puerta pesada se abrió con un crujido seco. Nikolaj entró de mi mano, marcando cada paso con una posesión absoluta. Yo llevaba un vestido largo de seda oscura que apenas disimulaba mi avanzado estado de embarazo, obligándome a caminar con elegancia contenida a pesar del peso de los mellizos. —Llegan tarde —escupió Ivania, clavando en mí una mirada cargada de un odio visceral. Nikolaj me ayudó a sentarme justo a su lado, con una mano firme en mi cintura antes de ocupar su propio puesto y encararla con los ojos oscuros. —Llegamos cuando nos da la gana, Ivania —respondió él con voz cortante. Ivania apretó la mandíbula, soltando una risa cínica mientras

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 127

    Pov AlinnaMe puse un vestido suelto. María me ayudó a bajar. El jardín olía a tierra húmeda y a sol. Me senté en la banca de hierro, bajo la luz directa, y cerré los ojos. Hacía días que no sentía el calor en la cara. El vientre me pesaba, pero el aire me sentó bien.Oí pasos. No eran de María.Abrí los ojos y giré la cabeza.Petrova se sentó frente a mí. Elegante. El abrigo bien puesto. Me miró el vientre un segundo y después hizo un gesto con la mano, seco, hacia María.—Lárgate.María dudó. Me miró. Yo no dije nada. Ella bajó la cabeza y se fue.Nos quedamos solas. El sol seguía dándome en la cara. Petrova no sonreía.Petrova me miró el vientre un momento largo antes de hablar. El sol le daba de lado y le marcaba las arrugas finas alrededor de la boca. No sonreía.—Veo que ya estás mejor —dijo al fin.—Sí —contesté—. El médico me dijo que podía salir un rato. Caminar por el jardín. Tomar aire. Nada de esfuerzos.Ella asintió despacio, como si ya lo supiera. Cruzó las manos sobre e

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 126

    Pov AlinnaEstaba intentando alcanzarme cuando la puerta se abrió.Nikolaj entró con el bote de espuma de afeitar en la mano y una toalla sobre el hombro. Me miró, las piernas a medio abrir, el vientre enorme, y cerró la puerta detrás de él.—Espera —dije, incorporándome un poco—. No es necesario. María puede…—María nada —me cortó. Dejó la espuma en la mesita y se acercó—. Yo lo voy a hacer. El único que te va a ver el coño, aparte de mí, es el ginecólogo. Así que abre las piernas y ponte cómoda.Me sostuvo la mirada. No había broma en su voz.Tragué. Me recosté otra vez contra los cojines y, despacio, abrí las piernas lo que el vientre me permitió.Me recosté contra los cojines. El vientre me pesaba. Abrí las piernas despacio, lo que pude, y él se arrodilló entre ellas en la cama. El colchón se hundió bajo su peso.Agitó el bote. La espuma salió fría cuando me la puso. Sus dedos la extendieron con cuidado, cubriéndome entera, sin prisa. El contraste del frío con mi piel me hizo cont

  • Vendida al Demonio Romanov   Capitulo. 125

    Pov NikolajEstaba completamente entregado a su pezón, succionando fuerte y lamiéndolo con la lengua cuando sentí algo tibio y líquido salir contra mi boca. Me separé de golpe.—¿Qué carajos? —solté, mirando hacia abajo.Alina bajó la vista y susurró, avergonzada:—Qué mierda…Levanté la mirada hacia su cara y sonreí de lado.—Bueno, esposa… creo que la comida de mis hijos decidió salir antes.Ella abrió la boca para decir algo, la voz temblorosa:—Dios, qué vergüenza, yo…No la dejé terminar. Volví a llevarme su pecho a la boca y succioné de nuevo, esta vez a propósito. La leche clara y tibia salió directo sobre mi lengua. La saboreé, chupando con más hambre, tragando mientras seguía lamiendo y mordisqueando el pezón hinchado.—Espera… —gimió ella, la voz rota.Yo solté un gemido bajo contra su piel, sin soltarla, y seguí bebiendo.—¿No te da asco? —preguntó, casi sin aliento.Me separé apenas lo suficiente para contestar, la boca todavía húmeda, y volví a succionar de inmediato.—¿A

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