Share

Capitulo Seis

last update publish date: 2026-09-10 02:00:30

Tu jaula de oro es solo una prisión que me consume la vida cada día.

Adara

Hace un mes que estoy en este lugar y empiezo a sentir que nunca más volveré a salir. Cada día es una rutina que me asfixia y me roba las ganas de vivir. No puedo seguir atrapada entre estas cuatro paredes; siento que me voy a volver loca. Ya estoy curada, pero ahora me vigilan con más cuidado; ni siquiera puedo salir de este cuarto, la puerta siempre está cerrada y ni siquiera cuando viene el mayordomo o las mucamas puedo intentar hacer nada para escapar; afuera siempre hay dos hombres cuidando que no intente nada.

Tampoco he podido sacarles información sobre nada; las empleadas no contestan mis preguntas, el mayordomo es esquivo y ese hombre, el tal señor Valente, no ha vuelto a aparecer desde la otra noche. Extraño a Adrián, necesito encontrar la manera de mandarle un mensaje, de pedirle que venga por mí, que me rescate y me lleve lejos de esta ciudad; juntos podemos salir adelante.

Me desplomo en el piso luego de la centésima vuelta. Ya reconozco cada detalle neoclásico de este enorme cuarto y cada vez más me parece más fúnebre y frío. Es elegante, digno de un gran señor; es obvio que mi captor tiene mucho dinero, pero, aun así, la decoración es de mal gusto y sin vida. Lo único que ha cambiado desde hace una semana es que la puerta ya no está cerrada con llave; sin embargo, si medio asomo la cabeza en el pasillo, los dos gorilas de afuera enseguida me cortan el paso al instante.

Me gustaría patearle la cara a ese imbécil y luego correr.

Me levanto del piso y voy a las ventanas, corro las pesadas cortinas y dejo que la luz directa del sol entre y me dé en la piel. Abro los ojos cuando el sonido de un motor me llega desde el jardín. Un Maybach de color negro se detiene en la entrada principal, justo frente a la fuente de piedra. El chofer se apresura, pero él se baja antes del asiento trasero. Se queda de pie ahí, con la puerta del auto aún abierta, ajustándose los puños de la camisa. Inconscientemente, me pego más al cristal y coloco una mano sobre la superficie tibia. Como si presintiera mi presencia, alza la cara. Sus ojos se clavan en los míos.

Pese a la distancia y a la diferencia de altura, siento que su mirada logra traspasarme, quemándome por dentro. Retrocedo instintivamente con la respiración entrecortada y el corazón martillándome las costillas. Unos minutos después, todavía me estoy recuperando de la impresión cuando el sonido de sus pasos retumba en el pasillo. No pide permiso. La puerta se abre y él entra a la habitación, trayendo consigo esa aura peligrosa que lo envuelve y me hiela la piel. Viste un traje de sastre, pero sus mangas están ligeramente recogidas, dejando ver las venas marcadas de sus antebrazos y los rastros de pequeñas cicatrices en la piel.

—Tu tobillo ya está curado —dice, caminando despacio hacia el centro de la estancia.

—No gracias a usted —replico orgullosa, cruzándome de brazos para ocultar el leve temblor de mis manos. Odio lo imponente que es, odio la forma en que su sola presencia llena el aire y me hace sentir pequeña, acorralada—. ¿Hasta cuándo piensa tenerme aquí encerrada como un animal? —inquiero.

—Hasta que entiendas cuál es tu lugar en esta casa —responde con absoluta calma, deteniéndose a un par de pasos de mí. Sus ojos grises me recorren de arriba abajo con una lentitud exasperante—. Te he dado espacio este mes para que asimiles tu realidad, pero tu actitud sigue siendo la de una niña malcriada que sueña con imposibles. —Mete sus manos en los bolsillos del pantalón y se pasea por la habitación como si fuera suya.

En realidad, sí es suya, todo en este lugar le pertenece, pero ahora yo estoy viviendo aquí; tiene que entender de límites.

—¡La única realidad es que usted me compró como si fuera una cosa! —le grito, dando un paso al frente impulsada por la rabia—. Y no me voy a quedar de brazos cruzados. Adrián vendrá por mí, ¡se lo juro! Él no es un monstruo como usted. Y le advierto una cosa: el día que consiga salir de este maldito lugar, voy a denunciarlo por trata de personas, haré que se pudra en prisión. —Una mueca fría, casi de lástima, se dibuja en sus labios. Se acerca, invadiendo mi espacio personal hasta que puedo oler su perfume mezclado con un sutil matiz a tabaco.

—Sigue esperando a tu héroe si eso te consuela por las noches, Adara —murmura, inclinándose apenas hacia mí. Luego se yergue, mirándome con arrogancia—. Pero te sugiero que empieces a acostumbrarte a la idea de que este es tu único mundo ahora. A partir de hoy vas a bajar a cenar al comedor, conmigo. Y te daré permiso para que vayas al jardín interior dos días a la semana por dos horas

—Prefiero matarme de hambre a compartir la mesa con el tipo que me robó la vida —le escupo a la cara.

El señor Valente me sostiene la mirada sin inmutarse. Alza una mano y, con la yema de sus dedos ásperos, me roza la mejilla, enviando una descarga eléctrica traicionera que me recorre toda la espalda. Me aparto de un tirón, furiosa por la reacción de mi propio cuerpo.

—Nos vemos a las ocho en el comedor —sentencia sin perder la compostura, da media vuelta y camina hacia la salida—. No me hagas mandar a traerte a la fuerza —me advierte antes de salir.

La puerta se cierra a sus espaldas. Me presiono el pecho con rabia, tratando de sofocar el calor extraño y perturbador que su contacto me deja en la piel. Lo aborrezco con cada fibra de mi ser, pero mientras lo veo marcharse, sé que mis posibilidades de mantenerme firme empiezan a escasear. O quizás en realidad nunca existieron.

Maldito se atreve a decir que me da permiso como si yo fuera… mis rodillas pierden fuerza y de nuevo caigo en el piso, incapaz de contener las lágrimas y el dolor abrumador que me quema en el pecho.

—Papá, mamá, ¿por qué me hicieron esto? ¿Por qué no pueden amarme solo un poco?

Cierro los ojos con fuerza, mientras los recuerdos de mi vida se reproducen en mi mente y veo que en ninguno soy la hija amada; siempre me hicieron a un lado, me despreciaron y aun así, yo mantuve la esperanza de que algún día me verían de verdad, verían que también soy su hija, pero en vez de eso, recibí esto: ser vendida como a un perro a un hombre cruel que nada más me ve como a un objeto.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Ocho

    En mi cielo oscuro tus ojos iluminan cada rincón.DamiánCuando el reloj marca las siete y media, un par de golpes en la puerta me sacan de mis pensamientos. Dejo el vaso sobre el escritorio y alzo la vista hacia la puerta que se abre. Víctor entra cargando un maletín. Su postura es rígida y su expresión la de alguien que mantiene su mente ocupada en más de un problema a la vez, y, aun así, cada trabajo que entrega es perfecto.—Señor Valente —saluda sacando del maletín una carpeta de pasta dura—. Aquí están los documentos oficiales; solo nos falta la firma de la señorita Medina para que el matrimonio quede legalizado con fecha retroactiva. —Me extiende la carpeta con mano firme.Lo tomo y examino las hojas con atención. El nombre de Adara Medina resalta junto al mío. Un trámite frío para legalizar de cierto modo un crimen en contra de la humanidad. Las comisuras de mis labios se curvan apenas un poco al pensar que ya tengo esposa. Una que me detesta y que le gustaría verme muerto.—¿

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Siete

    La fragilidad se pierde entre las calles del dolor y la pasión se confunde con la ternura de una mirada maliciosa que consume mis segundos.DamiánBajo al despacho y ordeno que nadie me moleste. Me sirvo un whisky antes de sentarme detrás del escritorio. Me saco el teléfono del bolsillo y marco el número de mi abogado. Tengo que asegurarme de que todo esté en regla con respecto a mi adquisición; además, necesito que haga algo más por mí. ¿Quién es ese tal Adrián y qué tiene que ver con ella? El teléfono apenas suena un par de veces antes de que Víctor Belmont conteste.—¿Señor Valente? Buenas tardes. —Me levanto de la silla y la rodeo hasta quedar frente a la ventana.—Víctor —digo, apoyando el hombro contra la madera del marco—. Necesito el estado de los documentos que te encargué sobre la mujer que compré. —Mi tono es indiferente, pero imponente.Al otro lado de la línea se hace un silencio breve seguido de un chasquido.—El contrato de cesión de derechos y la transferencia de los fo

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Seis

    Tu jaula de oro es solo una prisión que me consume la vida cada día.AdaraHace un mes que estoy en este lugar y empiezo a sentir que nunca más volveré a salir. Cada día es una rutina que me asfixia y me roba las ganas de vivir. No puedo seguir atrapada entre estas cuatro paredes; siento que me voy a volver loca. Ya estoy curada, pero ahora me vigilan con más cuidado; ni siquiera puedo salir de este cuarto, la puerta siempre está cerrada y ni siquiera cuando viene el mayordomo o las mucamas puedo intentar hacer nada para escapar; afuera siempre hay dos hombres cuidando que no intente nada.Tampoco he podido sacarles información sobre nada; las empleadas no contestan mis preguntas, el mayordomo es esquivo y ese hombre, el tal señor Valente, no ha vuelto a aparecer desde la otra noche. Extraño a Adrián, necesito encontrar la manera de mandarle un mensaje, de pedirle que venga por mí, que me rescate y me lleve lejos de esta ciudad; juntos podemos salir adelante.Me desplomo en el piso lu

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Cinco

    El fuego del abismo arde con intensidad bajo mis pies, pero sus llamas no alcanzan mi piel.AdaraEl eco de la puerta al cerrarse se queda flotando en el aire como un recordatorio de mi infructuoso intento de escape. Me acomodo como puedo sobre la cama y me cubro de nuevo las piernas para ocultar mi tobillo hinchado. Cada palpitar en el pie me recuerda la humillación de rodar por los escalones; sin embargo, me niego a mostrar debilidad o sumisión. No frente a ellos. No frente al hombre que decidió ser Dios y jugar con mi destino.No sé cuánto tiempo pasa, quizás unos quince minutos. Mi corazón retumba contra mis costillas, acelerándose con cada crujido del piso al caminar. Dejo de respirar y cierro los ojos, centrando todos mis sentidos en solo escuchar. Pasos pesados y firmes resuenan deliberadamente en el pasillo. No son los pasos sigilosos del personal de servicio, ni el andar monárquico del mayordomo. Es una pisada que transmite la autoridad de alguien acostumbrado a que el mundo

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Cuatro

    He cruzado las puertas del infierno, pero no me resigno a ser una de las condenadas al fuego eterno.AdaraCuento hasta diez antes de salir de mi escondite. Abro la puerta con cuidado y asomo la cabeza; al no ver a nadie, me lanzo hacia la puerta principal y la abro de golpe; no obstante, me quedo de piedra cuando dos hombres, enormes y robustos, se giran ambos en mi dirección. Me miran como si esperaran una explicación de mi parte, pero reacciono rápidamente y me aprovecho del momento y me lanzo corriendo hacia el frente con todas mis fuerzas.A mitad de la escalinata, mi pie falla al pisar y resbalo. Mi culo rebota un par de veces antes de llegar hasta abajo. Un dolor punzante se me extiende desde el codo del brazo derecho por todo el cuerpo y se mezcla con el ardor en mis rodillas. Aprieto los dientes y me trago el dolor e intento ponerme de pie, pero al levantarme e intentar erguirme para correr de nuevo, uno de mis pies falla y me deja caer de nuevo.Esta vez el dolor es mucho má

  • Vendida al Misterioso Multimillonario   Capitulo Tres

    A la una. A las dos. Y a las tres. ¡Vendida!DamiánCreo que hasta ahora jamás me había excedido con las cosas que compro. Supongo que fui impulsivo, pero si el dinero no sirve para eso, ¿entonces para qué tengo tanto? Apruebo el pago y le ordeno a mis hombres que retiren la mercancía en la dirección del vendedor. Es la primera vez que me involucro en algo tan enfermo; es tan bajo y asqueroso, pero confieso que la sensación de poder es excitante.Además, viéndolo desde cierto ángulo, podría decir que se trata de una obra benéfica. Al menos no soy uno de esos tipos asquerosos que ya tenían planeado cómo disfrutar de cada dólar invertido. Conmigo no tendrá por qué preocuparse por esas cosas; puedo encontrar placer cuando se me dé la gana. Y quizás, hasta hayan exagerado sus supuestos atributos divinos.Ninguna mujer en esta época es virgen ni santa.Abandono el salón de la subasta, donde las luces de araña de cristal relucen con orgullo sobre la alfombra de terciopelo, y voy directo al

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status