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Después de la penitencia.

مؤلف: Alexa Mcliz
last update تاريخ النشر: 2026-09-19 06:53:58

POV: Norma.

Con la llegada de Carmelina, después de haber cumplido todo un día de penitencia en la iglesia de la mano del padre Mateo, me sentí un poco más relajada. Mi corazón dejó de palpitar con tanta fuerza.

Sabía perfectamente que Carmelina, en ocasiones, podía decir cosas fuera de lugar, quizá por su inocencia. Por eso jamás la había considerado una niña mala, ni me parecía justo que la señora Filomena la hubiera condenado a pasar todo el día en aquel lugar.

« Mi pobre niña. » Pensé.

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  • ¡Ay padrecito!   Después de la penitencia.

    POV: Norma. Con la llegada de Carmelina, después de haber cumplido todo un día de penitencia en la iglesia de la mano del padre Mateo, me sentí un poco más relajada. Mi corazón dejó de palpitar con tanta fuerza.Sabía perfectamente que Carmelina, en ocasiones, podía decir cosas fuera de lugar, quizá por su inocencia. Por eso jamás la había considerado una niña mala, ni me parecía justo que la señora Filomena la hubiera condenado a pasar todo el día en aquel lugar.« Mi pobre niña. » Pensé. Muchas veces había lamentado y llorado durante largas horas, acurrucada en una esquina de mi habitación, reprochándome no haber tenido el valor suficiente para enfrentar a la señora Filomena. Sin embargo, una parte de mí también encontraba consuelo en pensar que Carmelina necesitaba aquello. Necesitaba tener una conversación a solas con el Señor. Aprender a frenar su lengua. Eso era lo más importante.Mi mayor miedo era que terminara convirtiéndose en alguien como Morgana. Mi hermana descarriada.

  • ¡Ay padrecito!   La mirada de envidia de mi tía.

    —Hola, mami.Saludé a quien yacía en uno de los sillones del salón. Parecía estar leyendo un pequeño libro religioso. Sin embargo, mi tía se encontraba en otro de los sillones, un poco más distante con cara de aburrimiento. Era una escena rara: dos hermanas juntas, pero parecía que ni siquiera se habían dirigido la palabra.Terminé de cerrar la puerta y me dirigí hacia ellas con una amplia sonrisa. Bueno, en verdad lo estaba. ¿Cómo no estarlo después de haber pasado toda la tarde follando con mi delicioso padrecito?—Pareces muy feliz. Ni siquiera parece que te hayan castigado —resopló mi madre cuando levantó el rostro.Sonreí solo un poquito, intentando marcar algo de tristeza a la misma vez. Pero no podía hacer más. Yo me sentía la mujer más dichosa del mundo después de haber estado toda la tarde con mi amor.Sin embargo, me tocó respirar hondo, fingir un poco de tristeza y cansancio antes de contestarle.—Sí, mamá. Estoy un poco triste. Fueron horas y horas de penitencia. Además, m

  • ¡Ay padrecito!   Un amor que defiende.

    Fue un día maravilloso. No podía existir castigo más delicioso que el que acababa de recibir de mi padrecito en aquel lugar oscuro que, en otras circunstancias, quizá habría resultado aterrador.Lástima que no pudiera contárselo a la bruja de doña Filomena. Al final del pasillo alcancé a verla, claramente esperándome para comprobar en qué condiciones había quedado después del encierro y la penitencia.Caminé despacio hacia ella, procurando mantener la compostura. Todavía sentía las piernas débiles y un ligero temblor recorría mi cuerpo después de haber permanecido tanto tiempo de rodillas,mientras practicaba como darle placer a mi amor con la boca. Me cupo la mitad. Suave pero duro, un pedazo de carne que saborie sin desperdicio. La risa de la bruja de Filomena, acompañada por la de Cornelia, me sacó de mi ensoñación.Me sentí pequeña y burlada. Miré hacia atrás y encontré al padrecito observándome. Con un gesto de su mano me indicó que no había nada que temer. Asentí, tragando en s

  • ¡Ay padrecito!   El mejor castigo.

    —¡Oh padrecito mío! —Grite, sin importarme que los ecos parecían querer quebrar las paredes de ese feo sótano. —¡Ohhh!Sentía que explotaba en mil pedazos. Baje un poco la vista cuando las sacudidas aumentaron, para ver cómo su verga gigante entraba con más rapidez en mi coño. Me encantaba, pero el placer me estaba nublando la visión y tenía la sensación que me iba... me iba lejos. Que mis piernas se derretían.—¿Te gusta cómo te follo, Corderita?Me mordí los labios cuando escuche la pregunta, por igual baje mis manos para tocar los glúteos duros de mi amor, con eso indicarle que me siguiera dando duro, aunque casi no aguantaba cada puntada que me tocaba casi las tripas.—Si, me encanta. Ahhh...Eso provocó que mi padrecito sacará su verga de mi coño caliente, me cambiara de posición, en una que parecía más bien, una cachorra, en cuatro patas. La intensidad aumento, más duro, más gusto... más profundo. Mi coño ardia y vibraba mientras su verga salía y entraba cada vez más rapido. Su

  • ¡Ay padrecito!   La promesa de un castigo.

    Al menos en mi casa hubo un poco más de silencio en la mañana del día siguiente, mismo día que recibiría mi castigo por el simple capricho de doña Filomena. Las discusiones entre mi tía y mi mami habían bajado de intensidad, y yo lo estaba disfrutando, aunque se suponía que debía estar preocupada por el castigo que me esperaba en una hora.Pero, sinceramente, esa idea no terminaba de entrar en mi cabeza.Algo me decía que mi padrecito no permitiría que me castigaran demasiado.Aunque… también tenía mis dudas.Al fin y al cabo, doña Filomena era prácticamente quien mandaba en el pueblo. Mucho más que el panzón de su esposo, el alcalde.Con todo eso en mete, luego de alistarme para irme a la iglesian. Me miré en el espejo y suspiré.—Ay, mi padrecito no. No puede permitir eso…Le sonreí a mi reflejo. El espejo estaba bien limpiecito, así que podía verme perfectamente. Levanté una mano, me la llevé a los labios, después la posé contra el cristal.—Todo saldrá bien, linda Carmelina.Me o

  • ¡Ay padrecito!   El regreso del falso... más falso.

    POV: El padrecito ( Diogo Braconchely)—Llegas justo a tiempo.La voz de mi hermano penetró en mis oídos de una forma casi irritante. Apenas crucé la puerta de aquella oficina parroquial que, por razones obvias, se había convertido en nuestro pasadizo secreto.Estaba algo oscuro, pero no necesitaba luz para sentir su energía ni aquella conexión que compartíamos. Mi mente, en cambio, estaba muy lejos de allí, inmersa en los recuerdos de mi corderita.—Ni modo. La situación lo amerita.Fijé la vista en Mateo. Ya no llevaba la ropa de cura. En su lugar, vestía de mezclilla, la misma que solía usar cuando estaba con la manada.—Ya veo que saldrás de la zona —comenté, señalándolo con la mirada.—Sí. Aprovecharé que necesitas estar en mi lugar para reunirme con Frank.—Dio unos pasos hacia adelante. Había algo en su mirada, una seriedad que me hizo comprender que estaba a punto de decirme algo que marcaría un límite para los días que me quedaban.—Aprovecha esta semana. Posiblemente tengas qu

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