Mag-log inLa furia de Diego desapareció de repente. Empujó a Nicolás a un lado.Él cayó hacia atrás; estaba lleno de heridas y ya no tenía fuerzas para defenderse. Perdió el equilibrio y terminó sentándose de golpe en el piso. Se llevó la mano a la barriga y tosió con fuerza, pero aun así se sentía satisfecho. Sabía que había tocado el punto más débil de Diego. Después de tantos años trabajando juntos, ¿cómo no lo iba a saber?—Te gusta Valentina —dijo Diego de repente.Esa frase le resonó en los oídos a Nicolás. Se quedó quieto varios segundos y, cuando se encontró con la mirada seria de Diego, la sorpresa hizo que la voz se le cortara.—¿Desde hace cuánto lo sabías?—El tiempo no importa —respondió Diego.Después del impacto inicial, Nicolás empezó a temblar de la rabia. Trató de moverse para pegarle a Diego, pero en cuanto lo intentó el dolor empeoró. Eso lo hizo enojar todavía más y lo llenó de odio.—Lo sabías desde el principio, ¿verdad? Con razón me mandaste a encargarme de Valentina. Com
Diego se llevó a Nicolás. Después de recibir un puñetazo de Alejandro, Nicolás incluso sintió alivio de no haber caído en las manos de Alejandro.Aunque siempre supo que Alejandro y Diego eran como el agua y el aceite, nunca se metió en lo que de verdad pasaba entre los hermanos; no conocía a Diego tan bien como Gabriel. Por eso, Alejandro le resultaba un completo desconocido y, sumado a ese puñetazo, quedó paralizado por el miedo. En cambio, por conocer a Diego y a Chiara, Nicolás no sentía tanto temor.Pero volvió a subestimar la rabia que Diego llevaba por dentro. Más que decir que esa furia era por él, era más preciso decir que venía de cuánto le importaba Sofía.Diego golpeó a Nicolás sin piedad; había sido su jefe y su amigo, alguien a quien admiraba y respetaba. Le dolía todo el cuerpo, pero entre más le dolía, más cosas raras se le pasaban por la cabeza. Nunca había visto a Diego perder el control de esa manera en todos esos años. Entonces... ¿en serio era solo por él?No. En r
Sofía apretó los dientes. Intentó quitarse el edredón para levantarse, pero no tenía fuerzas. Entonces notó otro detalle: habían cambiado las sábanas. “Espera… ¿cuándo las cambiaron?” No se acordaba.Un momento después, se puso roja.Se acordó de por qué las habían cambiado.Jaló el edredón y se tapó la cara.Wendy tenía razón: cuando llega el momento, uno pierde el control de verdad…En realidad, cuando hablaba con Wendy, Sofía tenía claro que, en el pasado, cuando lo hacía de verdad, no había sentido ningún placer; pero en la noche… se vino varias veces.No.No podía seguir pensando en eso.Por suerte, Alejandro no estaba en la cama ni en el cuarto. Era mejor levantarse rápido, vestirse y salir a desayunar como siempre, con total naturalidad.Justo cuando logró sentarse y levantar el edredón, la puerta del cuarto se abrió. Sofía, que siempre escondía lo que siente, se asustó y se le notó en la cara.—¿Quién es?Un instante después apareció Alejandro.Él no llevaba pijama, sino ropa
Sofía se había preparado mentalmente, pero al final las cosas no fueron tan complicadas como se imaginaba; todo pasó con naturalidad y sin ningún problema. En gran parte fue porque Alejandro llevó el ritmo y porque ella se encontró con un hombre realmente bueno: alguien que le preguntaba a cada rato cómo se sentía, que se detenía si algo le molestaba y que seguía cuando ella estaba a gusto. Cuando notó que ella ya se sentía bien, él dejó de aguantarse. Caricias y besos; todo fluyó.El momento en el que el corazón de Sofía latió con más fuerza, de forma extraña, fue cuando Alejandro regresó con el pedido y entró al cuarto mirándola. Ella estaba vestida, pero en los ojos de él parecía que no traía nada puesto. Al cruzar miradas, Sofía sintió como si se quemara: su cuerpo se puso tenso por instinto, el pulso se le aceleró de golpe y una mezcla de deseo, emoción y un poquito de miedo la invadió, dejándola sin saber qué hacer. Fue entonces cuando él se acercó, la abrazó con cariño y la besó
Si antes su corazón le latía rápido, ahorita ya estaba fuera de control. Sofía se quedó pasmada ante lo que escuchaba. ¿En serio Alejandro podía salir con algo así? Era un verdadero sinvergüenza.—Ahorita, aunque te arrepientas, ya es muy tarde —dijo él mientras le agarraba la mano—. Ya no aguanto más.Sofía le tapó la boca de inmediato y le pidió:—Ya cállate.Alejandro se rio y le respondió:—Está bien, ya no te molesto. Vete a bañar, yo voy a hacer lo mismo.Sofía casi se rio de puro coraje al escucharlo.—¿A poco tienes cara para decir eso? ¿Solo me estabas provocando? —preguntó ella.—Si no fuera broma —respondió él—, a lo mejor mi novia ni siquiera se animaba.Sofía sintió tanta pena que se tapó la cara y la escondió en el pecho de Alejandro. Se quedó así un rato antes de levantar la cabeza para verlo.—En serio, deja de hablar.—Está bien, ya no digo nada —respondió él con una sonrisa.Todavía ni se metían a bañar y Alejandro ya andaba así. Sofía se sentía un poco nerviosa, per
Cuando la escuchó, Alejandro la dejó ir. Ella se volteó para verlo y, como lo conocía tan bien, sabía que en sus ojos no había nada de malicia; todo lo que le dijo mientras la abrazaba era solo el coraje que le quedaba por lo de Nicolás. Antes, cuando estaban con sus amigos, solo dijo que el asunto ya se había arreglado; únicamente frente a ella dejaba salir lo que sentía.—¿No me prometiste quedarte una noche más en el mar? —le preguntó Sofía al acordarse de lo que dijo Mónica. Alejandro fue y regresó en apenas un par de horas—. ¿Ni dos horas aguantas?—Si te vas, no me puedo quedar —le dijo él mientras le acariciaba la mejilla.—Me acuerdo que te encanta el mar —dijo Sofía.—Pero me gustas más tú —respondió Alejandro.Su amor por el mar venía de su amor por ella; si tenía que escoger, siempre se quedaba con ella.La verdad es que trató de quedarse más tiempo, pero no pudo. Si tenía trabajo se quedaba, pero si solo era vacacionar sin hacer nada, sentía que no tenía sentido.—Si no est







