Para esas alturas, ya lo había entendido casi todo.Eso que él llamaba "decir la verdad" no era más que un intento de sacarme si la señorita Alma tenía o no intenciones escondidas contra él.La pregunta inicial, qué propósito tenía yo al quedarme junto a la señorita Alma, no era más que un anzuelo.En apariencia, fingía preocuparse por ella.En realidad, solo estaba preparando el terreno para lo que vendría después, mientras reforzaba su imagen de tío bueno y protector.Qué viejo astuto, tan bien disfrazado.El látigo cubierto de puntas seguía moviéndose frente a mis ojos.Cuanto más amable era la sonrisa del señor Felipe, más miedo me daba.El sudor me resbalaba por la espalda, empapando la tela fina de mi ropa, que se me pegaba al cuerpo con una sensación incómoda que me recorría entera."¿Qué debía hacer ahora?"Si admitía que la señorita Alma tenía la más mínima desconfianza hacia él, no solo yo, sino ella misma sería eliminada en silencio por el señor Felipe.Pero si insistía con
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