A la mañana siguiente, Valeria despertó a las siete. Paz todavía dormía profundamente.Se acercó a darle cariñitos en las mejillitas suaves de su hija y le dio varios besitos. La pequeña hizo pucheros, molesta por los besos, se dio vuelta y murmuró con su vocecita de bebé:—Mamá, déjame dormir cinco minutitos más...Valeria se rio bajito, le acomodó las cobijas y se levantó de la cama. Todavía era temprano. Después de asearse y cambiarse de ropa, Valeria se puso un poco de maquillaje natural.Por fin iba a tramitar el divorcio, ¡algo bueno! ¡Tenía que verse radiante!Cuando Valeria bajó las escaleras, justo vio a Rafael entrando de la calle. Él tenía un ramo de rosas en los brazos.Valeria no sabía si reír o llorar.—¿De verdad fuiste a comprar flores tan temprano?—Las pedí anoche, acaban de entregarlas.Rafael se acercó a ella y le entregó las rosas.—¡Feliz divorcio!Valeria tomó las flores, se acercó a olerlas, lo miró, sonriente.—Gracias.Roxana salió de la cocina con el desayuno
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