Al llegar a Residencial Las Palmas, Valeria no entró y le llamó a Brisa.Ella salió de la mansión cargando a Noah, quien tenía un parche para la fiebre en la frente. Susana también las siguió. Ella se acercó y tomó a su hijo. Le tocó las mejillas y notó que aún tenía un poco de fiebre.—Noah, ¿te sientes mal? —le preguntó, mirándolo con preocupación.El pequeño negó con la cabeza.—No te preocupes, mamá. El doctor dijo que con la medicina me voy a curar.Mientras más comprensivo se mostraba su hijo, más le dolía el corazón a Valeria. Entonces, le preguntó:—¿Quieres venir a casa conmigo?Él asintió.—Sí.Ella miró a Susana. Antes de que pudiera hablar, se adelantó.—Señorita, si no está muy ocupada esta semana, le encomendamos el cuidado del niño.Valeria no podía pedir nada mejor, pero sintió que las palabras de Susana sonaban extrañas.—Soy la mamá de Noah. Cuidarlo es mi deber, no es ninguna molestia.Al escuchar eso, ella sonrió ligeramente.—No me malentienda, solo pienso que uste
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