—Rafael, qué gusto verte. —Susana se acercó a él con una sonrisa—. Escuché que la señorita Núñez se enfermó, así que compré algunas frutas para venir a verla.Él la veía como la villana malvada de una telenovela. Su figura imponente bloqueó la entrada de la habitación, echándola con una expresión fría.—Guárdate tu falsa bondad, toma tus malditas frutas y ¡lárgate!Susana levantó las cejas, con una sonrisa.—Tu forma de recibir visitas es impresionante.—¿Qué clase de visita eres tú? —Él puso los ojos en blanco—. ¡Ah, claro, una visita indeseable!Ella se resignó. Él no iba a dejarla ver a Valeria. Pero, Susana no se molestó, puso la canasta de frutas en una silla.—Bueno, ya que no me recibes bien, me voy.—¡Llévate las frutas!—Es solo un detalle. Si no las quieres, que las repartan. —Se dio vuelta y se fue.Él estaba furioso, ¡ver esas frutas lo enojaba aún más! Entonces, pasó una empleada de limpieza, Rafael la detuvo y le dio las frutas. Después de deshacerse de esas cosas, empujó
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