Poco después llegaron Yael y Lluvia. Tras elegir un claro cerca de la montaña y el río para acampar, todos empezaron a trabajar.Celia y Lluvia se encargaron de preparar la parrilla. Yael, Jacob y Ben montaban las tiendas, mientras Lía ayudaba en lo que podía: repartía estacas, sujetaba cuerdas y corría de un lado a otro ayudando con los detalles.Con quien mejor se llevaba era con Yael. No paraban de charlar y, a pesar del ajetreo, a ella se la veía radiante y llena de energía.Lluvia, mientras untaba aceite en las brochetas de carne adobada, no podía evitar lanzar miradas furtivas hacia ellos. Celia, que estaba avivando el carbón, levantó la cabeza, siguió la dirección de su mirada y no pudo evitar sonreír.—¿Qué te parece Yael?—Ah, ¿qué? —Al verse descubierta, Lluvia volvió en sí—. Bueno, es un buen chico. Generoso, alegre, con buen sentido del humor… solo que…—¿Solo que qué?—Es muy sociable. No como yo… —Lluvia bajó la mirada y guardó silencio.—Tú también tienes tus virtudes. N
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