Durante las vacaciones, disfrutaron todo al máximo. Fueron a bucear a una playa privada, tomaron el sol, hicieron kayak en el parque, visitaron museos de arte, galerías y restaurantes temáticos. Después de varios días de diversión continua, por fin decidieron tomarse un merecido descanso.Celia y César bajaron las escaleras. Al percibir un apetitoso aroma a masa horneada, ella caminó apresuradamente hacia la cocina. La barra de mármol estaba repleta de utensilios de repostería. Salma, con unos guantes de cocina térmicos puestos, sacaba una bandeja repleta de tartas doradas y crujientes.—¡Qué bien huele! —exclamó Celia con entusiasmo—. ¡Incluso sabes preparar postres?—Bueno, como no tenía nada que hacer, busqué una receta en internet e intenté cocinar algo. No sé si me quedaron del todo bien —respondió Salma, soltando un suspiro de incertidumbre.Celia la consoló:—Se ven espectaculares. Déjame probar una.Tomó una tarta, le dio un mordisco y asintió con evidente aprobación.—Están de
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