—¡Puah!Salma escupió de golpe el jugo que acababa de beber. Se apresuró a limpiarse la boca con una servilleta y miró a Celia con incredulidad.—¿Hablas en serio?—Claro que sí.—¿Y no has pensado en lo que él pueda querer?Celia sonrió con complicidad y se acomodó en el sillón.—Él jamás se toma la molestia de buscar a ninguna mujer, pero anoche, cuando vio que no regresabas, salió de inmediato a buscarte. Si no le interesaras, no lo habría hecho.Salma apretó el vaso entre sus manos, sin saber qué decir.—Tampoco quiero presionarte —añadió Celia con dulzura—. Si Ben no te gusta, de nada sirve que insista. Solo quería decirte que le gustas. Y aunque no termines siendo mi cuñada, siempre vas a ser mi amiga.Lo decía para tranquilizar a Salma. Después de todo, no quería asustarla. Salma sintió una cálida agitación en el pecho.***—¿De verdad ya le dijiste lo que sientes? —preguntó Soren, incrédulo, mirando a su amigo, que era un hombre tan reservado que jamás esperó que tomara la inic
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