—No —respondió Ben sin vacilar, con total seriedad—. Lo que quiero decir es que no somos iguales.Simón lo miró fijamente, atónita. Él continuó:—Puedo entender tu odio, pero no tus métodos. Además, también soy un Rojas. ¿Acaso no es mi familia?Simón apretó los puños con fuerza y, tras un largo silencio, se mordió el labio.—Yo fuera… si tu hermana, Celia, estuviera en mi lugar, ¿qué harías?Él reflexionó unos segundos antes de contestar:—Haría pagar a los culpables, pero jamás matando.El aire pareció congelarse entre los dos. De repente, Simón soltó una risa sarcástica y desvió la cabeza. En sus ojos húmedos una cosa empezaba a quedar clara; ya se esperaba esa respuesta. El Ben que conocía, de una integridad intachable, jamás se pondría de su parte. Si lo hiciera, dejaría de ser él mismo.Aun así, había deseado, aunque fuera una mentira, y solo por un instante, tenerlo a su lado. Simón dejó de mirarlo y, tras recuperar la calma, habló con indiferencia:—Lárgate ya.Él no se movió.
続きを読む