Andrés llegó quince minutos tarde. Macarena ya estaba molesta, pero recordó que lo necesitaba para su plan y se contuvo. Sin embargo, no pudo evitar mostrarse cautelosa.—Señor Rojas, no habrá olvidado nuestro acuerdo, ¿verdad? Han pasado días sin noticias suyas y, la verdad, estoy muy preocupada —dijo Macarena, intentando parecer amable y magnánima. Lo que más temía era que él quisiera aprovecharse de la situación para exigirle una parte mayor del pastel.Andrés se sentó, pero ni siquiera tocó la taza de café. Tras un largo silencio, habló con voz ronca:—Lo de nuestra colaboración… olvídalo.—¿Olvidarlo? —Macarena quedó atónita. De repente, alzó la voz—. ¿Está jugando conmigo? Los Herrera le han presentado una oferta más que generosa, ¿y ahora me sale con esto?Sin darle tiempo a replicar, recurrió a la provocación:—Puedo dejarlo pasar, ¿pero usted? Sin nuestro apoyo, ¿cómo piensa competir con el resto de los Rojas? ¿Se conforma con ser un segundón, esperando a ver quién se impone?
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