Ben y Salma estaban en el supermercado comprando ingredientes para la cena. Ben empujaba el carrito, mientras Salma elegía las verduras. Quería comprar algo de brócoli, zanahorias y pepinos.—¿Te gustan las verduras? —preguntó, volviéndose hacia él.—Sí, todas menos la cebolla —respondió él, mirándola fijamente.—¿No te gusta la cebolla? —Salma se sorprendió. Tomó una cebolla y se la acercó a la cara con una sonrisa de diversión—. ¡Pero si es riquísima!Ben no se apartó ni parpadeó. Siguió observándola con atención. Incómoda por la intensidad de su mirada, Salma retiró su mano despacio.—Bueno, era una broma…—No me gusta comerla, pero no me molesta tocarla —dijo él con un tono sereno.—Ah, ya veo —murmuró ella, llevándose una mano al cuello.Por estar distraída, tropezó con una rueda del carrito y perdió el equilibrio. Antes de que se fuera contra el suelo, Ben la sujetó por la cintura. Por el impulso, Salma terminó chocando contra su pecho.Ella levantó la cabeza y lo miró, sorprendi
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