El corazón de Carolina se desplomó, como si le hubieran arrancado algo. Se quedó petrificada por un largo momento.Finalmente, con la voz entrecortada y los ojos enrojecidos, preguntó en un susurro: —Sebastián, ¿así que para ti, Valeria ha dado más por ellos que yo? Viste lo enferma que estuve durante el embarazo, lo peligroso que fue el parto...Ricardo, protegiendo a Sofía, replicó: —¿Así que crees que esos diez meses pueden compararse con los seis años de sacrificio y dedicación de Valeria? Pariste y te fuiste, dejándoselos a otro. ¿Y aún tienes la cara de llamarte su madre?Las palabras de Ricardo eran duras y demasiado directas. A Carolina le costó recuperar el aliento.Realmente, le costaba creerlo.Porque, en el fondo de su corazón, creía que una madre adoptiva nunca podría igualar a la biológica.Sin la madre biológica, ¿de dónde vendrían ellos?Ella les había dado la vida, la oportunidad de venir a este mundo. Todo lo demás se lo debían a ella.En otras palabras, cualquier m
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