Dicho esto, colgó, sin añadir nada más.Dentro de la oficina del registro civil.Llegaron rápidamente al área de trámites. Había algo de gente, así que tuvieron que hacer fila unos minutos.Esperaron unos diez minutos.Valeria le hizo una señal a Ignacio para que contactara a alguien y los atendieran de manera privada.En menos de cinco minutos, dos personas se acercaron rápidamente.—Señorita Herrera, ¡disculpe la espera!Los dos funcionarios, claramente directivos, trataban a Valeria con la máxima deferencia.Al ver la escena, una punzada de incomodidad atravesó el pecho de Sebastián.Antes, cada vez que aparecían juntos, los halagos siempre iban dirigidos a él.—Por aquí, por favor —indicó uno de ellos.Una vez en el área privada, tras confirmar los datos, el funcionario preguntó: —¿Ambas partes están de acuerdo y no tienen objeciones? ¿Confirman el divorcio?Valeria asintió de inmediato, sin vacilar. —Sí.Pero cuando le llegó el turno a Sebastián, abrió apenas la boca, incapaz de
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