—¿Qué pasa? —murmuró Camila, todavía aturdida. Luego bajó la voz, avergonzada—. ¿Te incomodé?—Claro que no —la voz de Gabriel sonaba ronca y contenida—. Es solo que, no quiero apresurar esto.Camila tenía una sensualidad natural que desarmaba a cualquiera, pero al mismo tiempo era tan limpia, tan valiosa, que parecía un tesoro.Solo de pensar en hacerle el más mínimo daño, a él le dolía el alma.—Eres demasiado importante para mí —tragó saliva, cada palabra le costaba, pero su tono era firme—. Quiero esperar hasta después de la boda. Quiero darte una noche de bodas completa, algo que podamos recordar toda la vida.Los ojos de Camila temblaron. Había sorpresa, pero sobre todo emoción.—Gabriel.Sin dejarla terminar, él le acomodó la ropa con cuidado y la abrazó contra su pecho, apoyando la palma en su espalda con un gesto protector.Camila ya se había preparado para dar ese paso, pero Gabriel fue más decidido que ella. La valoraba incluso más de lo que ella misma se valoraba.La emoció
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