Silvia no dijo nada. Se limitó a sonreírle a Isabela, claramente satisfecha con su propuesta.Aquella gerente desubicada no solo había dejado mal parado a Leonardo, también le había arruinado el ambiente en su propio cumpleaños.Sus amigas estaban mirando. Leonardo, por quedar como el caballero, había intervenido para defender a la otra, y eso, en comparación, la hacía ver a ella en segundo plano.Valentina clavó la mirada en Isabela. Tenía ganas de soltarle un insulto en la cara, pero Isabela frunció los labios en un gesto provocador, como retándola a perder el control.La razón regresó en el último segundo.Si ahora le daba una bofetada y armaba un escándalo en pleno salón, claro que se sentiría bien.Pero ese negocio involucraba a la familia Díaz y, de hacerlo, les estaría sirviendo en bandeja la excusa perfecta para hundirla.A lo largo de los años, por actuar por impulso, Valentina ya había pagado más de una vez.Comparado con eso, ¿qué era lo que tenía delante?¿No era esto lo qu
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