—Valentina, no olvides que yo soy tu tutor legal. Si das este paso hoy, más te vale pensar bien en las consecuencias.Conocía demasiado bien a Valentina. Por fuera parecía fuerte, siempre a la defensiva, pero en el fondo era frágil y se venía abajo con facilidad. No podía renunciar a lo que su madre le había dejado, y mucho menos tenía el valor de escapar de ellos.En cambio, Leonardo, aunque parecía obediente por fuera, en realidad era un rebelde. Su relación con Valentina se guiaba únicamente por sus propios deseos, sin que nadie más pudiera influir en él.Valentina se quedó en absoluto silencio. Miró a Leonardo a los ojos, con la mirada temblorosa, y sintió como si caminara sobre el aire mientras lo seguía fuera de la habitación.—¡Detente! —ordenó el Señor Herrera con voz grave de nuevo.La Señora Herrera tampoco pudo soportarlo más, pero su actitud fue mucho más suave y dijo:—Valentina, ya es muy tarde. Por mucho que estés resentida con nosotros, no tienes por qué irte con un ext
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