—¡Maldita seas!Las palabras de Laura le dieron justo en el nervio a Diego. Enfurecido, levantó la mano de golpe, dispuesto a cruzarle la cara de una bofetada. Sin embargo, no llegó a tocarla, alguien lo sujetó de la muñeca desde atrás con fuerza.Diego forcejeó un par de veces sin éxito. Al girarse, se encontró con Alejandro. Llevaba una camiseta negra holgada que acentuaba su figura huesuda, en poco tiempo había perdido muchísimo peso. Se veía agotado y su aspecto había cambiado, tenía el cabello más largo, llegándole casi al cuello, y una expresión de indiferencia total. Todo en él irradiaba una soledad sombría y depresiva.—Alejandro, no me jodas. Los Jiménez terminaron así por culpa de esta mujer de mala vida, ¿no me digas que todavía vas a andar de caballero con ella? —Diego, incapaz de soltarse, soltó una risa forzada mientras apretaba los dientes.Alejandro lo miró con frialdad y, con un movimiento brusco y lleno de saña, le torció el brazo. Diego soltó un grito de dolor, sinti
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