Solo con escuchar todo lo que los dos habían pasado, la abuela Torres no podía parar de secarse las lágrimas. ¿Cómo iba a reprocharles que se lo hubieran ocultado?El abuelo Torres suspiraba una y otra vez, con el corazón encogido, pero a pesar de los suspiros, el orgullo le iluminaba la cara.—Así se habla. Con agallas de verdad. ¿Qué importa una herida? Aunque lo hubieras perdido todo, mientras no te vinieras abajo y mantuvieras la cabeza en alto, no hay obstáculo que no se pueda superar.—La vida es corta para todos, pero si la vives como quieres, sin guardarte nada, entonces valió la pena.El abuelo Torres se fue encendiendo con cada palabra, y se enderezó para darle unas palmadas en la espalda a Gabriel.Gabriel estuvo a punto de perder el equilibrio. Camila lo sostuvo de inmediato.—Abuelo, con cuidado.Fue un instinto.El abuelo Torres se quedó parado. Gabriel se puso levemente colorado y le dijo en voz baja:—Camila, estoy bien.Camila se sintió un poco tonta, pero ese pequeño
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