Quizá Marcos no era ningún señorito de familia adinerada venido a menos, ¡sino un simple farsante!En ese instante, la expresión de José, que había pasado de la expectación a la euforia, se tornó oscura de nuevo.Pero Laura lo detuvo. Con suavidad, dijo: —Clara, ya entendemos. Su trabajo está bien. Los bomberos tienen sentido de responsabilidad.—Pero quédate en casa por ahora. No veas a Marcos. Déjanos poner a prueba su cariño por ti.—Si lo supera, no nos interpondremos.Al oírlo, Clara bajo las cobijas pareció no esperar esa aceptación. Se incorporó de golpe, sorprendida: —¿De verdad?—¡Claro que sí!Laura sonrió y dio un leve tirón a José, a su lado.Él, al verla, asintió ligeramente.Pero al instante siguiente, Clara notó su rostro, hinchado y amoratado.—Gracias, mamá, papá... Oye, papá, ¿y tu cara?—¡Eso... me caí! ¡De cara contra el suelo!José, al verse descubierto, se sintió tan avergonzado que dio media vuelta y salió casi corriendo de la habitación.Un momento más, y los re
Read more