Sin duda, Marcos era su compañero ideal.No solo era guapo y de buen porte, sino también confiable y digno de confianza.Hasta tenía contactos que ella ni imaginaba.¿Un hombre así, tendría defectos?¿Qué mujer en su sano juicio lo soltaría, de toparse con él?Pero mientras Camila divagaba, yo la miraba completamente desconcertado. Vacilé: —Camila, ¿no se supone que solo compartimos piso?—Compartir piso y vivir juntos... no es lo mismo, ¿verdad?—¿Ah, no?Al oírlo, un destello de decepción cruzó el rostro de Camila. Inmediatamente bajó la cabeza, en silencio.Creí que mis palabras, demasiado directas, habían herido su orgullo. Tosí un par de veces, cambiando de tema.—Bueno, vámonos. Te pongo música.—Ponte el cinturón.Con la música, el ambiente en el auto pareció relajarse un poco.Pero Camila seguía cabizbaja, desanimada. Hasta al abrocharse el cinturón lo hizo con ternura.—Ajá.—Estás borracha. Te lo pongo yo.Al verla, no tuve opción. Desde el asiento del conductor, me incliné h
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